De mucho, un poco…

In Opinión

Hernán ARANDA GONZÁLEZ

La fuerza del presidente

El hombre más que proponer, dispone. Si se equivoca ordena, y de ser necesario corrige y otra vez ordena. A su alrededor, en su círculo cercano, pero también en el más lejano, no hay un solo colaborador o simpatizante que se atreva ni medianamente a contradecirlo. Descomunal, así es la fuerza del presidente.

Nadie que se precie de conocer un poco de política puede dejar de reconocer que la popularidad de López Obrador va en aumento. La gente, sobre todo la más humilde, lo aplaude, le festeja cualquier cosa que sale de sus labios y, en una actitud que asombra, le disculpa por anticipado cualquier error o incumplimiento mediante el estribillo de que “los anteriores fueron peores”.

Pero hay una cosa que se puede abonar a favor del presidente y de su causa: esto es que, detrás de sus acciones hay aparente buena fe y la intención de acercar los beneficios del presupuesto a los que menos tienen. Basta revisar sus discursos del pasado en los que criticaba acremente los actos de gobierno de los que siempre llamó corruptos y neoliberales.

No es, ni en apariencia quisiera parecerlo -como dice-, un “sabelotodo”. No es experto en cuestiones presupuestarias; no es un intelectual, ni alguien que pudiera presumir de economista y de hablar idiomas. Tal vez parte de su popularidad la deba a una modesta carrera en una escuela pública, y además, en un período largo y con bajas calificaciones.

Su actitud es la de un hombre modesto e indiferente a los mandatos de la moda. No viste trajes finos ni usa zapatos de miles de dólares. No viaja en vuelos privados; no se rodea de una legión de aduladores ni muestra vanidad. Tampoco gusta de posar para revistas del corazón.

La gente del pueblo, sus seguidores, a decir de los especialistas en numerología, ya casi alcanzan el setenta por ciento en lo que respecta a aprobación. Impensable desde tiempos del Tata Lázaro. “Su” base popular lo arropa, lo consiente, le perdona el incumplimiento de sus promesas y el no estar a la altura de las expectativas que despertó en su campaña.

Lo cierto es que, su culpa o no, la inseguridad aumenta exponencialmente; el crecimiento económico se halla en ceros; suben las gasolinas; no hay obra pública; hay agudo desempleo; faltan médicos y medicinas; desaparecieron Prospera y el Seguro Popular; hay escasez de circulante.

Sin embargo, la gente le corea todo. Lo ensalzan si asegura que pacificará al país en tres años; si minimiza las crisis y afirma que se recuperará el crecimiento económico. Lo vitorean cuando le apuesta a su refinería de Dos Bocas y al Tren Maya para volver a la senda del empleo.

No hay en apariencia una política social congruente ni un cálculo a fondo de lo que resultará de su programa “Jóvenes Construyendo el Futuro”. No se sabe si redundará en el abatimiento del desempleo y en la solución del problema de la violencia, pero él reparte dinero a manos llenas para los casi un millón de jóvenes que no estudian ni trabajan.

Se dice que en el desarrollo de sus programas emblemáticos hay abundancia de malos manejos. Que existen fraudes, corrupción y extorsiones en la política social de su gobierno. Que le fallan con los adultos mayores, con los jóvenes y con la siembra de árboles. Pero el señor recibe aplausos cada vez que habla de ellos como compromisos cumplidos.

Desde el Ejecutivo, contrario a un estado de derecho y un verdadero equilibrio entre poderes, o que debiera serlo -aunque no sin cierta razón-, se acusa, señala y juzga a jueces y magistrados de cosas que debieran ser parte de la labor del Consejo de la Judicatura. Y la gente aplaude, y hace votos no por el saneamiento, sino por la desaparición de un poder soberano. Y su popularidad sigue creciendo.

Falta mucho, pero la gente lo sigue apoyando. Gracias a sus dos horas diarias de conferencias mañaneras o tal vez a pesar de ellas, el presidente asciende en el ánimo popular. La economía no es lo que se dice; el país adolece de falta de políticas de empleo; no hay presupuesto para la investigación, la ciencia, la cultura o las artes en sus diferentes vertientes. Y el presidente crece.

Pero vaya paradoja, sus cercanos juntos no alcanzan la mitad de su popularidad. Qué decir de su partido convertido en un conglomerado en el que impera la ley del más fuerte, lo que ha exacerbado tanto al presidente que ha amenazado con separarse de su MORENA.

Mientras, la oposición machaca a diario en sus yerros y fracasos. Hasta ahora se ha limitado a eso, pero es de esperarse que muy pronto, cuando terminen de organizarse, saldrán a las calles no tanto a criticar la administración federal como a ofrecer políticas públicas adecuadas y congruentes donde son gobierno y el federal esté fallando.

Campeche, sin perder el respeto por el primer mandatario federal ni dejar de trabajar con él de manera conjunta, está desarrollando un trabajo ejemplar que se espera sea replicado por los demás gobiernos priístas. Apostar por la seguridad, por la educación, por la salud y el bienestar de la población, ha sido y será la meta del gobernador Carlos Miguel Aysa González. Al parecer, ese es el mejor camino.

LA DEL TRABAJO RESPONSABLE, LA MEJOR POLÍTICA

Lo comentamos líneas arriba, el trabajo responsable y con orientación social es la mejor manera de hacer política, y en Campeche, en el gobierno del licenciado Carlos Miguel Aysa González, esta máxima se está cumpliendo, y con ventaja.

La obra social y con sentido humano se desarrolla en el tradicional clima de paz al que estamos acostumbrados. No es ningún secreto que esta paz social, ejemplo nacional, está fincada en el buen trabajo de coordinación de la Secretaría General de Gobierno, primero a cargo del hoy gobernador y desde hace unos meses del licenciado Pedro Armentía López.

El trabajo del joven Secretario, como lo escribimos alguna vez del propio gobernador, se da en un contexto de absoluta discreción y puntual actividad. No se ve, casi no se nota, pero se siente, así de discreto debe ser y es el trabajo del segundo en la línea de mando del ejecutivo.

La política social, en las manos de Christian Castro Bello desde la Secretaría de Desarrollo Social y Humano, desemboca en acciones en favor de los adultos mayores, de las mujeres, de los discapacitados, de los estudiantes, y de todos aquellos que no son favorecidos por la fortuna.

Dicho sea de paso, la labor de la Secretaría estatal, viene en buena medida a atemperar los faltantes que desafortunadamente y esperamos que por poco tiempo se presentan en la organización pendiente de la Secretaría de Bienestar, homologa de la Sdsyh en el gobierno federal.

… Y ALGO MÁS

Generoso donativo

La asociación nacional sin fines de lucro conocida como “Gilberto”, a fines de los años ochenta tuvo una muy importante actividad en Campeche. Su nombre se debió a aquel casi mítico huracán que asoló con letal fuerza y causó tales destrozos a la ciudad, al estado, a la región y al país, que se requirió de la ayuda federal. De ahí el surgimiento de la Asociación Civil.

Como datos interesantes, por primera vez en la historia reciente y no tanto, la tradicional ceremonia del “grito” de mil novecientos ochenta y ocho, tuvo que realizarse en un evento privado y bajo techo en el palacio de gobierno. El desfile, por supuesto que se suspendió.

Si la memoria no falla, la primera presidenta local de la asociación fue la señora Rocío Arceo Corcuera. Alguna vez coincidimos con ella y con la agrupación en programas de vivienda en el Invicam, hoy Codesvi. Ahora, Ana Martha Escalante Castillo sustituye a doña Armida Castillo de Escalante.

La señora Victoria Damas de Aysa, presidenta del Patronato Estatal del DIF, gestionó y obtuvo de “Gilberto” un importante apoyo consistente en la donación de un número mayor de cuatro mil artículos que serán destinados a la atención de grupos vulnerables.

¡Enhorabuena por acciones que corazón que dignifican a quien gestiona, a quien da y a quien recibe!

 

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