De mucho, un poco…

In Opinión

Hernán ARANDA GONZÁLEZ

La democracia no se acaba en las derrotas

Lo pronunció fuerte, lo dijo claro en la explanada del Monumento a la Revolución la mañana del seis de marzo del año aciago de mil novecientos noventa y cuatro. La ocasión, el acto conmemorativo del aniversario sesenta y cinco de existencia del Partido Revolucionario Institucional.

Diecisiete días después, su vida era segada por las balas de la ignominia y la traición. Fue en el barrio Lomas Taurinas de la ciudad de Tijuana el miércoles veintitrés a las cinco de la tarde con doce minutos, hora del Pacífico; siete de la noche con doce minutos en el resto del país.

El cuerpo del candidato rodó por tierra, pero los conceptos de su discurso a los que algunos osados atribuyen su desaparición física y un cambio de rumbo de la campaña en curso, quedaron grabados en una página triste de la historia; mejor aún, en la mente de millones de priistas que siguen recordándolo y lamentando el hecho:

“No hemos estado exentos de errores, pero difícilmente podríamos explicar el México contemporáneo sin la contribución de nuestro partido. Por eso, pese a nuestros detractores y a la crítica de nuestros opositores, somos orgullosamente priistas”. “Ofrecemos cambio con rumbo y responsabilidad, con paz, con tranquilidad. Se equivocan quienes piensan que la transformación democrática de México exige la desaparición del PRI”.

Hoy, veinticuatro años después, las últimas palabras de Luis Donaldo Colosio cobran plena vigencia tras la primera alternancia al terminar el sexenio de quien lo sustituyó como candidato y a la postre fuera presidente. Una alternancia de dos sexenios, una nueva recuperación y, otra vez, a dejar el poder en manos de otra oposición. Resulta que, en lo transcurrido del siglo, el PRI sería una vez gobierno y tres veces oposición.

De nuevo a retomar el rumbo, y de nuevo a asimilar el duro golpe de perder el mando en un solo sexenio, y además, descender de una posición hegemónica a la tercera fuerza política del país y del poder, pero fuerza al fin, y por tanto, perfectible.

Una reunión en la sede tricolor de varias personajes de voces potentes; algunos, hay que reconocerlo, en cierta forma indirectamente responsables de la debacle. Ahí estuvieron, y le brindaron su respaldo y reconocimiento al presidente Enrique Peña Nieto, a José Antonio Meade, a los aspirantes a cargos de elección de todo el país, y a los millones de militantes y simpatizantes que apoyaron el fallido proyecto tricolor.

Ahí estuvo junto con otros mandatarios estatales, el gobernador de todos los campechanos, Alejandro Moreno Cárdenas, y con ellos, los titulares de los sectores y organizaciones del partido y su dirigencia nacional.

Analizar los resultados de la pasada elección fue el motivo, lo mismo que establecer el compromiso de trabajar para mantener la tradicional unidad y cohesión partidista que les permita -ya lo han hecho- actuar como oposición responsable, crítica y constructiva. También, diría su presidente, “iniciar al interior del organismo un proceso de reflexión profunda, serena y prudente”.

Se ha comentado en alguna columna anterior, hoy se reitera, adentrarse en la historia del Partido Revolucionario Institucional es acceder a una importante página del libro de la historia patria. A su instancia, en las postrimerías del movimiento armado más sangriento e incierto de la época moderna, se dio con éxito la tarea de agrupar los saldos de los grupos armados remanentes del movimiento de mil novecientos diez.

“El pueblo que no conoce su historia corre el riesgo de repetirla”, señala la sentencia popular, claro está que con los mismos errores; en estas palabras hay un mundo de verdad. Hablar del PRI es hablar de una época en la que bajo su conducción hecha gobierno, surgieron pilares de la reivindicación social como el Imms, el Issste, el Fonacot y el Infonavit.

Así hasta que en un desventurado momento, un grupo de jóvenes de largas melenas, pantalones acampanados, gestos delicados y aromas finos, marcharon al extranjero -con cargo al erario, por supuesto- a estudiar maestrías y doctorados con la promesa de volver de Harvard, de Yale,

de Oxford, de Stanford, de Cambridge, del MIT, hablando idiomas y con la mente llena de ideas neoliberales para aplicarlas en “su” país; ese que sus padres secretarios, subsecretarios, oficiales mayores, directores generales y asesores se quedaron a cuidar hasta su regreso.

Ellos, los que no gustaban del beis con pelotas de hilo ni jugar rayuela en la calle; los que juegan tenis, frontón, y ese de los palos y los hoyos. Esos mismos, los que procuraron acomodarse y acomodar a los suyos en las listas para las cámaras; esos, que se aprestan a disputar el partido a los “talacheros” doctrinarios que se quedaron junto a sus padres limpiando oficinas, archivando documentos y comiendo tortas de tamal.

Si queda algo por afirmar y dejar en claro, es que el partido ganador de la contienda del primer día de julio contará con mayoría simple en el Congreso de la Unión, por tanto, el PRI está obligado desde su posición de tercera fuerza real a ser una oposición responsable, y como lo ha hecho en otras ocasiones, negociar y apoyar a la nueva administración en todo aquello que se identifique con un mejor país, incluida la reforma a la Carta Magna en lo que proceda, lo mismo que a ser crítico objetivo de todo lo que vaya en contra del interés de la mayoría de los mexicanos.

Lo que sigue ahora, ya lo dijo el dirigente formal del partido, es “hacer un análisis cuidadoso, honesto, profundo, del tamaño en que los ciudadanos nos dieron la lección el domingo, que nos lleve cohesionados y unidos como organización partidaria. México nos necesita unidos, solo unidos podemos servirle mejor a la nación”.

… Y ALGO MÁS

Después de la tormenta

Había pensado no tocar el tema de la pasada elección hasta que las aguas recobraran su nivel y los efectos de la tormenta dieran paso a un nuevo sol; también, que los triunfadores hubieran tomado posesión de los cargos para los que fueron electos. La razón principal es la siguiente:

Para los seguidores más recalcitrantes de los beneficiados con el voto ciudadano, quienquiera que se anticipe a reconocer el resultado y felicite a los triunfadores, es un oportunista, un lame suelas, alguien temeroso, y no sé cuántos calificativos más.

Por el contrario, si alguien se atreve a emitir una crítica por el mínimo detalle, la andanada en su contra es en el sentido de que se trata de un envidioso, mal perdedor, gatillero a sueldo y, otra vez, uno y muchos más insultos.

¡Así es el fanatismo a ultranza, y así son los resabios que anidan en el sentimiento de los pocos injustificadamente sedientos de sangre, de venganza, y de una larga noche de rostros pintarrajeados, de hachas de guerra y de cuchillos afilados!.

El gobernador Moreno Cárdenas abordó el tema con unas expresiones sintomáticas de que todo está bien en el país y mucho más en nuestra entidad, la más tranquila de México: “Una vez concluido el proceso electoral, seguiremos trabajando en coordinación de las tres órdenes de gobierno, para continuar con las gestiones en beneficio de Campeche”; “…ya he sostenido comunicación con el equipo de trabajo de quien será el próximo Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador”.

“Creo firmemente -afirmó el joven jefe del ejecutivo- que ha sido un proceso electoral participativo, importante, que al final del camino lo que nos ayuda hoy es a avanzar en este proceso político en paz, en armonía y tranquilidad, muy contento por los resultados más importantes”.

Corriendo el riesgo de ser mal interpretado, me atrevo a pedir a los apasionados un poco de moderación, prudencia, y la mejor actitud para una convivencia civilizada. Las campañas quedaron atrás y es momento de recobrar la paz y la tranquilidad.

Con su discurso de la noche del domingo primero de julio, Andrés Manuel López Obrador empezó a tender puentes de comunicación con un marcado tono de concordia, sabedor de que por muy grande que sea su victoria, de nada o de muy poco serviría en un país dividido y polarizado y, peor aún, desencantado por promesas incumplidas.

Su reunión con Enrique Peña Nieto, todavía y por cinco meses más presidente de la república, con los empresarios organizados y en unos días más con la CONAGO, permiten entender que al próximo presidente de todos los mexicanos le queda claro que existe un pacto federal, y que las entidades federativas tienen como principal premisa la soberanía, que es a la federación lo mismo que los municipios a los estados.

Pronto, tan pronto como el día primero del próximo diciembre, Andrés Manuel López Obrador será el garante responsable de las instituciones nacionales y el titular del ejecutivo federal. Entonces, sólo entonces, comenzará a escribir su propia historia, una historia que cualquier mexicano bien nacido desea sea de éxito, porque en la medida en que le vaya bien al presidente, de esa misma manera le irá bien a México y les irá mejor a los mexicanos.

 

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