De mucho, un poco…

In Opinión

Hernán ARANDA GONZÁLEZ

Migración, soberanía y arancel

Migración, soberanía y arancel, palabras actualmente en constante uso y en boca de gran parte de la población; manejadas a su modo y a su estilo por quienes confían y apoyan las políticas públicas del nuevo gobierno federal y, claro está, también por sus detractores.

Cobra vigencia aquella frase que, medio traducida al español quiere decir: No tengamos miedo de negociar, pero nunca negociemos con miedo: Su autor, el legendario presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, John Fitzgerald Kennedy durante la crisis de los misiles que estuvo a punto de incendiar Cuba, América, y todo el planeta en un tercer holocausto.

No existían los medios de comunicación de la actualidad, de otra manera, el mundo entero hubiera agotado sus nervios expectantes ante la idea de que el mundo pudiera sacudirse hasta sus entrañas en el fragor de una batalla sin vencedores.

Un nuevo encuentro, crucial, ahora en el corazón del poderoso imperio, entre un gobierno enganchado en una nueva racha de nacionalismo a ultranza que, no carente del todo de razón, quiere a toda cosa preservar su territorio, sus costumbres, y por qué no, hasta la pureza de su raza. Su soberanía frente a lo exterior, para ser más claros y precisos.

Algo parecido está sucediendo del otro lado del Océano, donde cientos de miles de ciudadanos procedentes del oriente, tratan de ingresar a territorios ajenos acuciados precisamente por la precariedad de su situación económica.

No son de ese continente, porque los europeos, en un acuerdo solidario, se ayudan unos a otros a superar sus crisis a través de la poderosa Unión Europea, que salvo algunos países que se han resistido a ella, han unificado hasta su moneda.

Pero esta no es Europa, tampoco existe en el joven continente una política global que tienda a apoyar a los países pobres, principalmente los situados donde la América se estrecha y se hace nudo.

Resulta claro, los vecinos del norte no los quieren, y desean evitar a toda costa una invasión masiva de migrantes procedentes del centro del continente que, salvo algunos extremistas infiltrados, no desean otra cosa que mejorar sus condiciones de vida. Lo malo, claro está, es que no existe otra ruta hacia sus sueños que la que atraviesa nuestro entrañable territorio.

Hasta allá fue nuestro Canciller. Marcelo Ebrard Casaubón, un hombre de probada experiencia en la política y en la administración; discípulo amado de uno de los mexicanos más preparados de su tiempo, pero a la vez, el más cuestionado y controvertido tras aquel suceso relacionado con el sacrificado candidato presidencial que cambió el rumbo de la historia.

Marcelo no negoció con miedo, nos atrevemos a pensarlo, porque quien cuida de la patria no tiene derecho a actuar bajo ese sentimiento. Y hay que reconocer que Ebrard desactivó la inminencia de la medida arancelaria anunciada por el presidente norteamericano, que ha encontrado en México un rico filón para proyectar su imagen y repetir su período de cuatro años al frente de la Casa Blanca.

Tal vez no hubo miedo, queremos deducir que hubo paciencia, prudencia y demasiada calma. Se cedió mucho, se fue muy complaciente. Si en aras de la economía se perdió otro bien preciado, sólo el tiempo podrá decirlo. Y ha sido fijado un plazo no muy largo para saber si se logró un acierto o se cedió ante el amago de los poderosos.

Tan pronto como en noventa días, tres meses, apreciaremos si Marcelo y su gente hicieron bien. Si México está a salvo o ha perdido parte de su soberanía. Tres meses para saber si estuvimos bien o debimos haber aceptado el odiado arancel ¡¿Quién puede saberlo ahora?!

LOS “FIEROS” Y “DESINTERESADOS” ATACANTES

Los que ponen a su país y a su estado por sobre todas las cosas, los conscientes, los que razonan bien, saben a ciencia cierta que las barcas de la república y de la entidad, necesitan de buenos timoneles, gente de pulso firme y mirada atenta.

Ellos saben que en las actuales circunstancias, Campeche y México requieren de un gobernador fuerte y un presidente que además de fuerza y legitimidad, cuente con una visión de estadista y un trabajo incluyente en el que, como ha dicho, quepamos todos.

Cada vez menos, claro está, todavía existe gente “espontáneamente desinteresada” que asegura que entre el primer mandatario nacional y el gobernante campechano existe un pleito irreconciliable, un deseo de venganza y una enemistad abierta.

Ni una ni otra, el presidente conoce de política y sabe que el gobernador es un hombre de lealtades, que suele ser agradecido y no tiene reparo en reconocer a quienes hacen algo por Campeche. Lo hizo con Peña y lo hace con el actual. Si hubiera dudas, recuérdese su espontáneo gesto de aportar dinero fresco para la conclusión del bello puente.

No faltan unos pocos perversos interesados, que en el afán de agradar a quien les ordena, insultan al mandatario local para desprestigiarlo, con el cuento primero de las maquetas. Sin argumentos ahora que las maquetas ya son obras, lo culpan de nuevas cosas, hasta de cuidar su figura, y le auguran auditorías y miles de penas y castigos ¡Vaya imaginación!

Hay que concluir que Campeche espera mucho del presidente y de su gobierno, lo mismo que el presidente espera mucho de Campeche y de su gobernador y casi seguro presidente del Partido Revolucionario Institucional.

No hay que olvidar que Moreno Cárdenas, en un gesto solidario, junto con los demás gobernadores emanados de su partido, puso el hombro para sostener las políticas presidenciales y eso, eso se agradece, y el presidente es más un hombre agradecido que un político mezquino.

Lo dijo el Secretario General de Gobierno, Carlos Miguel Aysa González en un acto reciente: “Campeche ha apoyado a los mandatarios nacionales, cuando de defender a México se trata, como en su momento lo hiciera para defender a los migrantes”.

Parece que todo está muy claro y de López Obrador y Moreno Cárdenas se esperan grandes cosas y una relación cada vez más firme y más cercana ¡Al tiempo!

… Y ALGO MÁS

El nuevo puente, una obra colosal

Lo ofreció durante su campaña y lo ratificó en su primer informe. El gobernador campechano empeñó su palabra de que durante su sexenio, sería relevado el viejo Puente de la Unidad, obra primigenia concebida y construida durante el sexenio del ingeniero Eugenio Echeverría Castellot.

Hoy, la gigantesca infraestructura de hierro y cemento destaca en el perfil azul de las aguas de la Laguna de Términos para brindar a los carmelitas, a los campechanos, a los estados del sureste, a todo el país y al turismo internacional, un paso seguro y bien construido.

Una realidad tangible, es la obra de infraestructura más importante en la historia moderna de Campeche. Su construcción se debe a la capacidad de gestión de Alejandro Moreno Cárdenas, al sano manejo de las finanzas públicas del gobierno estatal, y de manera muy importante, al apoyo del ex presidente Enrique Peña Nieto, y del actual, Andrés Manuel López Obrador.

El ingeniero Javier Jiménez Espriú, titular de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes del gobierno federal, con la representación del presidente, fue testigo de la inauguración y puesta en servicio de tan importante obra.

Enhorabuena y ahora sí, el gobernador campechano, con el deber cumplido, seguro seguirá en la lucha política de la que México y Campeche esperan mucho de él.

 

You may also read!

Celebran el Día del Padre miles de campechanos

Restaurantes, parques, cementerios, tiendas de autoservicio y regalos, fueron los más concurridos por las familias para festejar al papá

Read More...

Atiende Hospital Psiquiátrico a más de mil pacientes

Los servicios especializados en salud mental se fortalecen en Campeche con el Hospital Psiquiátrico, que ofrece a la población

Read More...

42 estudiantes participarán en 7º TCJ Campeche 2019

Los ponentes brindarán información que imparten normalmente a alumnos de los niveles de maestría y doctorado Serán 42 estudiantes

Read More...

Mobile Sliding Menu