Desde Gayola / Para mi Madre, con amor

In Opinión

He pensado mucho escribirte unas líneas donde pueda sintetizar lo grande que es mi amor por ti, mismo que mi lenguaje corporal, en ocasiones no exhibe, así nos educaste y somos poco de abrir nuestros sentimientos, más constancia diaria siento de tu afecto por mí y a mi manera, intento demostrártelo, creo que segura estás de ello.

Me es difícil plasmar en un breve espacio toda una vida que tú me diste y que juntos hemos compartido, no obstante que he abierto mis emociones epistolarmente para otras personas, incluido mi Padre, más contigo es distinto por todo lo que representas para mí pero tengo el deseo y la obligación de hacerlo, espero te guste y, disculpa que te tutee, cuando todos tus hijos te hablamos de usted, pero se me facilita de esta forma el contenido y la expresión de mis sentimientos.

Josefa Sierra Damián, hija mayor de Efraín Sierra Vélez y Petronila Damián López ,a escasos días de llegar a los 83 años, te hago saber que el mayor orgullo que tengo en la vida, es el de ser tu hijo y sentirme amado por ti, una persona a quien la vida la ha dado alegrías y sinsabores , que la has enfrentado siempre con valentía y coraje, que a tus 5 hijos, de los 8 que florecieron en tu vientre, les procuraste alimento, cobijo pero sobre todo, amor, sentimiento en ocasiones, que no ha sido reciproco en la magnitud de lo que mereces, se que tú tendrás un juicio comprensivo para cada uno, más yo, en lo particular, imbécil sería si me atreviera a juzgarte, ese nunca debe ser el papel de un hijo a quien la vida debe.

Gracias a ti y a mi padre puedo estar en este momento, tecleando estas líneas y te expreso que no concibo de donde te salió tanta fortaleza para superar la pérdida de tres de tus hijos, mi cuate y mis dos hermanitas menores y aún así, sola, luchaste ante los embates que la vida te puso como prueba y a cinco niños convertiste en adultos, que con nuestros defectos y virtudes (en mi caso, pocas) somos personas bien intencionadas, útiles a la sociedad en la que interactuamos y cada uno, a su manera, orgullosos de ser tus hijos.

Ante tus momentos de flaqueza, derivados de la condición física en la que te encuentras, pero más que nada por eso que tú y yo sabemos, saca la casta y no te me quiebres, aún te necesitamos con nosotros para escuchar tu consejo, para darnos aliento en los momentos difíciles que la vida cotidianamente nos pone y, desde luego, por tu particular sentido de humor, muy Sierra, muy “Zardinilla”. Somos más de lo que crees quienes te queremos y admiramos y el solo presentimiento de tu partida, hace que mis ojos se carguen del líquido amargo que se genera en el corazón y en el alma.

Mamá, Madre, “Marucha”, Mamita, te admiro porqué siempre has sido una mujer de trabajo y hasta que tus años te lo permitieron, luchaste incansablemente por proveernos de más de lo indispensable y nunca me cansaré de agradecértelo y con ello, pedir tu perdón por tantas ocasiones en que te he fallado o faltado al respeto de forma verbal, sin que a justificación se intérprete, la vida pero sobre todo la fortaleza para enfrentarla, no es la misma para todos. Discúlpame las preocupaciones, dolores de cabeza y ofensas que mis errores te han causado, nunca fueron hechos deliberados.

Son tantos los recuerdos que tengo de mi vida a tu lado y no encuentro palabras para agradecerte todo lo que hemos compartido, en particular, tus oraciones ante mis momentos de incertidumbre o inestabilidad emocional; la ocasión en que con esta cabeza dura, literalmente paré un ventilador de techo y mi hermano Luis Javier secó mi sangre y oculto las toallas manchadas con la misma, tú, al llegar de trabajar y ver los vestigios me despertaste angustiada y cargándome y a pie, me llevaste a la clínica para que me curaran; y cómo olvidar aquellos viajes a la capital del país en que del brazo te llevaba y te desvivías por hacernos placentera la instancia con la familia; tampoco olvido tus ojos o mejor dicho, tu mirada, la primera vez que nos separamos, cuando siendo un adolescente y por mi bien, tuve que partir a vivir a Xalapa, Veracruz. Tus ojos se llenaron de lagrimas y evadiste mi mirada, debió ser muy difícil ese momento para ti, también para mí lo fue.

Es necesario comentarte que el intenso abrazo que nos dimos al momento en que te confirmé la muerte de mi Padre, nunca se ha vuelto a repetir y tu mirada, cargada de tu dolor y de impotencia por el mío, presente lo tendré hasta mi último aliento.

Gracias Madre por los valores que me inculcaste, por la educación que me otorgaste y por el inmenso amor que día a día me das, seguro estoy que el creador del infinito y tu fortaleza, me permitirá tenerte y disfrutarte a mi lado mucho tiempo y, nuestras alegrías y melancolías gemelas, seguirán caminando de la mano. Le amo Madre. Le envío perennemente mi cariño, que por mucho que es, nunca podrá igualarse al suyo. Atentamente… Tu Chuchin.

P.D. Sé que a todos nos dices que somos tú consentido… Ambos sabemos quién es el verdadero… Hasta la próxima. Desde Gayola.

 

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