Encuestas y sondeos

In Opinión

<p> Nuestra sociedad, ya desde ahora, está siendo vapuleada por las encuestas y los sondeos de opinión que más bien retratan los intereses soterrados de quienes contratan a las empresas respectivas. De un tiempo a la fecha, tal ha quedado al descubierto cuando las distancias anunciadas no resultan tantas e incluso revierten. Recuerdo, por ejemplo, que uno de los argumentos que me permití usar en Veracruz para demostrar la inexistencia de un fraude como clamaba el descocado y perverso Miguel µngel Yunes se centró en un hecho incontrovertible: las encuestas, sobre todo las llamadas "de salida", daban al PRI una ventaja de catorce puntos, cuando menos; de haberse dado una intervención directa del gobierno o de la dirigencia de este partido la misma tendencia se habría conservado para no permitirse el crecimiento de un opositor tan incómodo; y no fue así: al final de los escrutinios la ventaja del triunfador, <strong>Javier Duarte de Ochoa</strong>, fue de tan sólo dos puntos y medio porcentuales. Y Yunes clamó entonces por las impugnaciones que ya nadie tomó en cuenta.</p> <p> Tengo para mí que, en 2006, <strong>Andrés Manuel López Obrador</strong> cayó en una especie de trampa no suficientemente analizada. Primero, los sondeos recolocaron muy arriba en las preferencias generales y él, eufórico, las validó aduciendo que era inalcanzable, además de invencible por cuanto a la defensa de la justicia social demasiado acartonada para cuantos la han olvidado. Pero, mientras transcurría el proceso, cada "error" del perredista le significaba perder puntos, muchos puntos, casi de manera automática hasta que los sondeos comenzaron a señalar un "empate técnico"… y ya nadie creyó en las protestas de <strong>Andrés Manuel </strong>cuando se sintió abajo porque le habían escuchado antes exaltar los mismos métodos al percibirse arriba. Un golpe maestro de los estrategas de importación al servicio del PAN y la Presidencia.</p> <p> Sucede algo parecido en Michoacán: en una sola semana, hace ya quince días, la aspirante panista, hermana del mandatario federal en funciones, <strong>Luisa María Calderón</strong>, <strong>"La Cocoíta"</strong>, pasó del tercer sitio al primero, acumulando algo así como veinte puntos porcentuales sin siquiera haber pronunciado un discurso, salvo el de aceptación de una candidatura controvertida que llevó a su adversario, al interior del PAN, el senador <strong>Marko Cortés </strong>a sugerir:</p> <p> -Ni <strong>López Portillo </strong>-quien negó la candidatura al gobierno de Jalisco a su adorada hermana Margarita- se atrevió a tanto.</p> <p> Pero <strong>Calderón</strong>, sí, acaso creyendo que sus gregarios afanes pronto desplazarán de su tierra a la emblemática familia <strong>Cárdenas</strong>, de izquierda naturalmente por cuanto ha significado la preocupación por los problemas sociales a diferencia de un panismo por lo general muy urbano y con gran participación de las "beatas" con escapularios hasta el suelo. Además, la obsesión presidencial surgió, precisamente, de los celos: esto es cuando palpó que <strong>Humberto Moreira</strong>, ahora dirigente nacional del PRI en la cuerda floja, pudo legar la gubernatura a su hermano Rubén, quien asumirá el primero de diciembre, y envió a la entidad al tenebroso español <strong>Antonio Solá</strong>, ahora mexicano por decreto presidencial. Los favores se pagan y Solá se encargó de encontrar el hilo suficiente para tejer las denuncias contra los Moreira y desgastar con ello, tremendamente, a la cúpula del priísmo que parecía blindada contra cualquier conato de división interna. La llegada de <strong>Moreira </strong>a la presidencia priísta fue la más tersa, sin oponente real alguno, de la historia del partido.</p> <p> En el PAN, claro, saltaron ante el hecho y comenzaron las fraguas intensas que culminaron con la deuda pública de Coahuila, 34 mil millones de pesos -y los 312 mil millones de DÙLARES que debe el gobierno federal-, sin destino cierto y con decenas de documentos, en apariencia, falsificados. Ya solicité al senador <strong>Guillermo Anaya</strong>, compadre de <strong>Calderón </strong>y ex candidato panista a la gubernatura, una copia de las pruebas concretas que él exhibió y exhibe en cuanto foro es invitado. Las sigo esperando aunque, claro, considero que los calderonistas no deben estar muy contentos con la aparición de <p+>"Nuestro Inframundo. Los Siete Infiernos de México" -Jus, 2011-, acaso el ensayo más contundente sobre las aportaciones de la derecha a la vida… del averno mexicano; y tal, especifico, sin perdonar el pasado del priísmo hegemónico ni dejar de cuestionar a los mesiánicos que hablan y hablan pero no con el tono de conciliación esperable en un mandatario.</p+></p> <p> <p+> <p> La reacción, como esperaba, ha sido el vacío de los medios comprometidos o en maridaje con el poder presidencial. Para lo que me importa.</p> <p> DEBATE</p> <p> Una discusión similar se da entre quienes postulan que la vida privada es intocable -así se trate de cuestiones que luego aterrizan en la vida pública-, y aquellos que insisten en la bondad de las encuestas como instrumento de orientación democrática. Hay cierto paralelismo en ellos porque, en el fondo, justifican sus propias acciones y buscan preservar, al costo que sea, sus feudos de poder.</p> <p> Por ejemplo, a la clase política panista no le gusta que se hablen de las "tardeadas" en Los Pinos, cada vez más frecuentes, aun cuando se sopesa el riesgo de que el mandatario en funciones y sus principales colaboradores del gabinete de seguridad se solacen largamente mientras corren los ríos de sangre por doquier. Y son ellos mismos quienes, por ejemplo, festejan el grotesco repunte del "panismo" en la tierra del Tata y en donde los grupos religiosos son muy reducidos. Fíjense: entre un millón y medio de electores, sólo sesenta y seis mil -les faltó un seis para acercarse al diablo-, son panistas reconocidos y de, entre ellos, sólo votaron por <strong>"La Cocoa" </strong>quince mil porque, además, la mitad se abstuvo. <strong>Marko Cortés </strong>se llevó únicamente diez mil sufragios acaso porque el temor a la reacción presidencial dominó la escena como en los viejos y arraigados tiempos.</p> <p> Desde luego, hay un punto a resolver: la tendencia de los periodistas a sentirnos con derecho a ser dioses y juzgar las acciones de unos y otros, sobre todo cuando se está en la frontera misma de la pública. Y sí, tienen razón cuantos estiman que, muchas veces, nos pasamos de la raya acaso porque creemos no tener límites para preservar nuestra libertad de expresión. Este es el dilema profundo, lo reconozco, de este columnista y autor de obras críticas como <p+>"Nuestro Inframundo", cuando se plantea hasta donde debe llegar en su afán de informar a sus generosos lectores. Y no dudo que, en algunas ocasiones, nos hemos equivocado rotundamente al violentar las normas. Quienes no estamos enfermos debemos comenzar por reconocer esta realidad incontrovertible.</p+></p> <p+> <p> De cualquier manera, la tesis de fondo vale: las casas encuestadoras cumplen con su cometido, cada vez con mayor descaro, de sumarse a la corriente política y a los intereses pecuniarios de sus patrocinadores. Son pocos los que pueden alegar estar limpios de toda culpa aun cuando manifiesten que un error de cálculo puede mermar severamente el prestigio de sus negocios. No obstante, insisto, en tiempos recientes ha sido evidente la tremenda distancia entre los augurios y los resultados, a diferencia con el pasado cercano cuando las cifras más o menos coincidían, pero no siempre.</p> <p> Las encuestas, por tanto, sólo se validan si los patrocinadores están libres de culpa. ¿Hay alguno a la vista?</p> <p> LA ANECDOTA</p> <p> Hay rumores que encienden las alertas. Uno de ellos, sobre el alcoholismo de <strong>Felipe Calderón</strong>, llegó al extremo de iracundia con escenarios dantescos para los periodistas que difundieron la sospecha o los hechos probados. Otro, tiene que ver con quien encabeza las encuestas -si alguien las cree- con destino a las elecciones de 2012. Lo transmito tal y como lo escuché en voz de un alto oficial de la Secretaría de Marina y de algún diarista muy comprometido con la causa peñista:</p> <p> -<strong>Enrique </strong>(<strong>Peña Nieto</strong>), sufre de un cáncer de próstata acaso debido a una intensa actividad sexual. Por ello, en fechas recientes, se le observa demacrado y no con el mismo gesto de vencedor de antes. Menos mal que se detectó a tiempo y no pasará a mayores.</p> <p> Es éste un episodio de la vida privada del personaje que este columnista se debió guardar? ¿O forma parte, por obvias razones, de los escenarios públicos?</p> <p> E-Mail: <strong>rafloret@hotmail.com</strong></p> </p+></p+></p>

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