Medicina del alma

In Opinión

Pbro. Ulises PAAT EK *

El segundo día de la Semana Santa se le conoce como martes de controversia, ya que los que estaban en contra de las enseñanzas de Jesús le hicieron tres preguntas con el fin de que fallara en una y así pudieran acusarlo con las autoridades de traidor de la patria o del imperio. La primera pregunta fue con respecto al pago de los impuestos (que en ese tiempo se le conocía como tributo), líderes religiosos llamados los fariseos se le acercaron y le dijeron: ¿Es lícito dar tributo a César, o no? ¿Daremos, o no daremos? (Marcos 12:14), ahí es donde se desprende la gran respuesta del Carpintero de Galilea que la mayoría de las personas conocen, Dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios (Marcos 12:17), una respuesta por demás acertada que dejó mudo a sus detractores. El segundo interrogante lo realizó otro grupo llamado los Saduceos, en esta ocasión la pregunta fue sobre la resurrección de los muertos, aunque ellos no creían en esta doctrina, lo importante era sorprender a Jesús en alguna falta (Marcos 12:18-27). Por último vino a Él unos de los Escribas y la plática fluyó de esta manera:

Escriba: ¿Cuál es el primer mandamiento de todos? Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos. (Marcos 12:29-31).

Es interesante notar que Jesús pone en el mismo plano el amor a Dios y el amor al prójimo, esto nos enseña que no podemos decir que amamos a Dios si aborrecemos a nuestro hermano, familiar, amigo, vecino o conocido. El amor en nuestros días se ha rebajado a un acto de intimidad sexual, cuando en realidad el amor va más allá, el verdadero amor se refleja a través de la caridad a los demás, y cuando se habla de caridad en este sentido no se refiere solo al dar dinero para ayudar a alguien, sino que se muestra esta virtud cuando se le ayuda a las personas en alguna necesidad, en el momento que perdonas las ofensas, en el tiempo que se comprende al que está pasando algún momento difícil de su vida.

Por lo tanto se puede decir que el amor es la medicina para sanar las heridas del alma, ya que estas son producidas en el momento en que la persona es humillada, traicionada, diseccionada, abandonada, ignorada y también cuando ha sufrido alguna pérdida de algo o alguien que amaba.

Creo que todos conocemos a alguien que está pasando por esta etapa de su vida pues esa persona siente que nadie lo ama, que no vale nada y que no tiene sentido seguir viviendo con ese dolor en el corazón. Ese es el prójimo que se debe de amar como a uno mismo y hacer que con la caridad hacia él sane su herida y pueda sonreírle a la vida de nuevo.

Amar no cuesta nada, solo se necesita decidir cumplir el segundo gran mandamiento que Jesús dijo en este día y así hacer de esta tierra un mundo mejor para vivir.

*Director del Instituto Bíblico Logos.

 

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