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  • Viernes 02 de Noviembre de 2012, 02:59 am. Por: Jorge RUEDA COBA
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Pibipollos, una tradición eterna

Todo empieza, no en la madrugada del día primero, no; empieza desde días antes con la compra de los ingredientes, porque si vas el mero día, todo va a estar más caro y no tan bueno, dijo doña Marcela a una de sus hijas, quienes cada año le ayudan en la preparación de tan suculento y tradicional platillo, con todo y que una de ellas es jefa del departamento en el Gobierno del Estado y la menor catedrática de tiempo completo en la Universidad Autónoma de Campeche.

Pero no sólo ellas, en la elaboración del pibipollo y las ofrendas para el altar, participa toda la familia; Javier, el hijo de doña Marcela y sus 5 nietos también tienen su parte de responsabilidad en la celebración del Día de Muerto, el "hanal pixán", como dicen en el pueblo, recuerda la matriarca de la familia, con raíces en Calkiní, donde nació, creció, se enamoró de don Manuel, hoy fallecido desde hace 12 años.

-Hemos pasado tiempos bien canijos, pero ni así dejamos nuestra tradición; a veces nada más nos alcanzaba para 2 ó 3 "pi", pero teníamos que cumplir con la tradición con los pixanitos; las ánimas no entienden de crisis, ellas vienen en estas fechas y tenemos que cumplirles -evoca mamá Marce, como le dicen sus nietos y nietas.

Recuerda que de chica, ella ayudaba a su mamá y su abuela, pero estaba más canijo, porque en el pueblo nosotros desgranábamos la mazorca varios días antes y la molíamos nosotras mismas en la casa (.) ahorita está más fácil, porque puedes comprar la masa en la tortillería o en el mercado, o los dulces, no que de antes nosotros preparábamos la calabaza o el arroz con coco, todo lo hacíamos nosotros.

Mientras mamá Marce continuaba con su relato, en el patio, su hijo Javier y sus yernos preparaban el "horno" que manda la tradición, y es que "si no lo horneas enterrrado, agarra otro sabor", le dice a los "chamacos" que dos días antes tardaron más de tres horas para hacer el "hueco", el "pi" donde el suculento manjar tendrá el toque final.

La leña se la compraron al señor de la panadería, y lo que sí con costó trabajo, fueron las piedras, pero ya tenemos todo listo, relata uno de los yernos de la doña Marcela, mientras machete en mano le da a una rama de pixoy, para tener suficientes hojas que tapen el horno.

Son casi las 10 de la mañana y ya el horno está listo, la leña fue encendida y las piedras están calientes, de uno en uno los pibipollos empiezan a ser bajados, hasta que los 12 preparados por doña Marcela y sus hijas están sobre la leña y piedras ardiendo, para ser tapados por láminas viejas y las hojas de pixoy.

-A las 12:30 ya están listos -pronosticó Javier.

Pero la labor no queda ahí, el altar hay que prepararlo.

La mesa que generalmente se usa en la cocina, tendrá el honor ser convertirsen en altar.

Para empezar, la trasladan al comedor, donde la visten con un mantel blanco, nuevecito. Las foto de don Manuel en el centro se hace notoria, acompañada de imágenes de los padres de doña Marce, de mis suegros sólo tenemos esta foto chiquita, pero no mporta el tamaño, porque desde donde estpen también vienen a buscar su "pi".

Las velas, el incensiario nuevo, de barro, empieza a despedir ese aroma tan catracterístico; el agua y chocolate en jícaras nuevas también están ya listos para ser "probados" por las ánimas; dulces, fruta, pan, jamón, mantequilla, hasta una cervecita, porque eso sí, a don Manuel le gustaba su Tecate, recuerda con añoranza la matriarca.

12:15 horas. Javier dice que "ya deben estar listos.", todos se acercan al "pi" que echa abundante humo y despide ese olor tan característico de estas fechas, a leña y tierra ahumada, aderezado con el aroma a este platillo tan tradicional. Y tras hacer a un lado la tierra, las hojas de pixoy y las láminas, el vaticinio de Javier era correcto, ¡ya están listos!, dijeron al mismo tiempo.

De uno en uno, con mucho cuidado los 12 pibipollos fueron sacados y colocados en la mesa del patio; el más grande, el primero en ser elaborado es colocado en el altar; y partido para que su aroma llegue a las ánimas y disfruten de la comida en su honor.

Muy discreta, a un costado del patio, doña Marce pone otro altar, más chico, pero con los mismos manjares y la misma devoción del que se encuentra dentro de la casa.

-Es para el ánima sola -y explica-. Para los que no tienen familiares que le recen; también tienen derecho a disfrutar su día -dice seria doña Marce.

Pasadas las 12:30 la familia está reunida en el rezo. El pibipollo, los dulces, las bebidas, están dispuestas para los disfuntos; "ellos los probarán primero", ya después vamos nosotros".

Son ya cerca las dos de la tarde y la familia se dispone a ocupar sus lugares en la mesa, a disfrutar la comida de muertos, los dulces, las bebidas.

-ES una tradición que yo veo difícil que se acabe; los chamacos hacen su "jalogüín", pero terminan comiendo pibipollo al otro día, y hasta ayudan a que los preparen; lo que sí, cada año está más difícil juntar el dinero para la compra, pero ahí como sea salimos. No podemos olvidar a nuestros muertitos -dice segura doña Marce, mientras nosotros vamos ya por el mazapan, después de una "tajada" de "pi", chocolate, pan, y 2 que 3 rebanadas de jícama.