Leer Noticia
  • El gobernador Fernando Ortega Bernés colocó la primera piedra para la construcción de lo que será el taller de Mecatrónica del Instituto Tecnológico ...
Leer Noticia
  • De acuerdo con cifras proporcionadas por prestadores de servicios, un total de 348 mil turistas nacionales e internacionales visitaron los diferentes ...
Leer Noticia
  • Mediante la inversión de 4 millones 178 mil 569 pesos, el gobernador Fernando Ortega Bernés inauguró la sala de danza, del área de tutorías y la ...
Leer Noticia
  • CIUDAD DEL CARMEN; Camp.- Socios martillos y concesionarios mantienen tomadas las instalaciones del Sindicato énico de Trabajadores del Volantes ...
Leer Noticia
  • CIUDAD DEL CARMEN; Camp.- Una cerca de madera impedía que la mañana de ayer las persona pudiera transitar en las inmediaciones del Parque Ignacio ...
  • Martes 12 de Junio de 2012, 01:07 am.
  • Más GrandeMás Pequeño

Los despojos

Wilhelm PEREZ ROSADO

El resultado de la elección presidencial como está planteado ahora, me tiene sin cuidado. Poco me importa quién me gobierne o gobernará. Me interesa mucho más el cómo me gobiernan o gobernarán. Pláticas van, pláticas vienen; lecturas se quedan y lecturas se olvidan; promesas se cumplen y otras no. No, ese no es ningún debate, menos el que, en dos horas y cacho, los aspirantes a un puesto público dicen muy pocas verdades. No, no es un verdadero debate, queda tan sólo en una confrontación de egos en la cual cada quién ve lo que quiere ver.

Qué México queremos? ¿Cómo vamos a lograrlo? Ese debate verdadero se puede encontrar a pie de calle, en la lectura diaria y en el ámbito de las redes sociales, qué cibernéticas o no, se cohesionan y administran en diferentes estratos de la vida. Confieso haber leído, oído, asimilado razonamientos que impactan por lo bien estructurado del análisis y la franqueza con que han sido escritos; otros me han puesto a pensar sobre la importancia de la cultura cívica; y, muchos que, francamente, he leído de reojo por qué vienen de partidarios recalcitrantes que defienden o su status-quo, o un modus vivendi o una posición extrema.

Todas estas experiencias me hacen creer que lo único seguro de las próximas elecciones es que el partido que obtenga el mayor número de votos no gobernará para todos los mexicanos. ¿Por qué la afirmación? Porque no hemos consolidado normalidad y moralidad democráticas. Aunque compartamos territorio, vivimos en muchos Méxicos y todas esas patrias divergen unas de las otras y están pintadas en un solo color. Qué si es azul no es rojo. O que el amarillo con rojo no se convierte en color naranja. Todo en un empeño monocromático mientras que el territorio nacional es un mosaico impresionante de colores.

Trasladar este razonamiento al ámbito electoral implicaría decir que en la diversidad mexicana se encuentran tanto la semilla de la competencia como el sepulcro de la expresión democrática. Sigue pendiente sobre nuestras cabezas ese NO que, excluyente, ignora el gran mosaico mexicano y lo despoja de sus posibilidades de perfeccionamiento.

Nuestra historia se nutre de despojos. Nos quitaron la libertad y han sido necesarios más de doscientos años para volverla a ¿ganar? Nos quitaron el petróleo, lo volvimos a comprar, y no ha rendido provecho. Nos dieron reglas en 1917 que nos hemos encargado de no cumplir. Tenemos elecciones pero no poder de decisión. Tenemos democracia pero no en plenitud. En estos combates actuales sigue el fragor del todo o nada: una suma cero que castra. Nos marca, en sí, una gran acumulación de imperfecciones cuyo hilo conductor resulta de plantear el dilema del despojo: si he sido despojado, tengo derecho a despojar. Una Ley antigüa enquistada en un mundo moderno y sirviendo de justificación a atrocidades.

Las transiciones, esos movimientos de un estado de cosas hacia otro diferente, ayudan a superar las imperfecciones del ayer. Las transiciones, como todo cambio, provocan incertidumbre y la incertidumbre en la democracia es una constante.

Para evitar tal incertidumbre en un proceso verdaderamente democrático se proponen y adoptan reglas que garanticen su limpieza, elementos correctores de las desviaciones y por supuesto aceptación del resultado. El voto mayoritario elige, el minoritario acata, se logran consensos y el gobierno es para todos: sin distingo.

Lo positivo es que en esos menesteres andamos. Buscando hacer cada vez mejor las cosas. Pero pareciera que en la disputa electoral, se nos olvida la convivencia y nos brotan los atavismos. Nos dejamos llevar por la cultura del despojo. El problema se agudiza cuando las expectativas no se cumplen y continúan acumulándose despojos cotidianos derivados de la suma cero.

De algo estoy seguro, la culpa es nuestra. No hemos sido capaces de completar la transición porque seguimos refugiándonos en el pasado sin querer ver hacia el futuro. La transición política mexicana tiene así varias peculiaridades: a) ha consumido mucho tiempo, b) las reformas electorales han sido procuradas por las élites gobernantes para satisfacer urgencias; c) los esfuerzos democratizadores, han sido sólo destellos; d) como consecuencia, la democracia mexicana no se ha consolidado.

Del "Mueran los gachupines" al "Sufragio efectivo. No reelección" a la alternancia partidista en el ejecutivo federal no se ha logrado adquirir plenitud democrática. Las prácticas paternalistas, clientelares, corporativistas y de cooptación no han pasado a ser excepción. Las contradicciones entre competencia para unos y arenas cerradas para otros bosquejan la imperfección de nuestros ideales democráticos. No sabemos qué democracia queremos porque su significado es diferente para todos.

Sin embargo, el resultado pesimista de estas ecuaciones siempre es disminuido por la esperanza de un mejor México, de un país cohesionado, vibrante y vivo. Siempre se aprende, y se aprenden cosas nuevas, salvo que el chango sea muy viejo y no desee aprender maromas nuevas. Y que conste que hay changos jovencísimos que tienen perfil del más longevo de los primates y vienen vestidos con sus mismos colores.

Es hora de construir, entre todos y para todos, el pacto nacional que nos dé el futuro que merecemos. Es hora de lavarnos las manos para poder hacer labores de limpieza. Es momento de México, un solo México, para tantos mexicanos. Ya está resuelta una parte de la transición, la de los procesos electorales. Resolvamos ahora la parte del cómo nos gobiernan. El momento es ahora. No hay que perder lo ganado repitiendo la violencia de una ley que ha dejado tener vigencia. Hay que decir NO a TODOS los tipos de despojo.