Podemos Meditar

In Opinión

<p>Ya llega la veda electoral tras los cierres de campaña. Por fin podremos descansar de los murmullos permanentes de los mensajes proselitistas -aunque bajáramos el volumen de la televisión y el radio porque a los periódicos los dejaron en un tercer plano-, que no nos dejaron buen sabor de boca por la tendencia permanente a la demagogia; hubo quien ofreció reducir la jornada laboral a la mitad con tal de parecer simpático y, por supuesto, sin medir las consecuencias de un ocio prolongado. Sólo falta que algún partido anticlerical, MORENA lo es abiertamente, exija que los curas se pongan a trabajar en algo más que calentar los confesionarios o que los jueces se ubiquen en la sana medianía económica propuesta por el inmenso Juárez y reduzcan sus salarios en un noventa por ciento: no estaría mal sesenta mil en vez de seiscientos mil pesos mensuales.</p><p>Los candidatos y los políticos en general incluyendo al "talentoso" señor <strong>peña</strong>, deben permanecer en silencio para que la ciudadanía medite sobre por quien votar ante una amplia gama de desconocidos con pretensiones de ser nuestros representantes antes de serlo de sus respectivas dirigencias… si les favorecen los mínimos porcentajes de sufragios a su favor; por lo general, desde 1994, los aspirantes a diversos cargos, en su mayor parte y con escasas excepciones, no obtienen el respaldo de la "mayoría absoluta" pero sí el rechazo de ésta si sumamos los sufragios en contrario. Y no sólo en la competición por la Presidencia sino en cada una de las entidades federales.</p><p>A favor de quienes insisten en que abstenerse no lleva a ninguna parte podemos ponderar el caso de Tamaulipas en donde fue acribillado, en julio de 2010, el abanderado priísta, <strong>Rodolfo Torre Cantú</strong>, quien tenía un amplio margen en las encuestas; como resultado del magnicidio ocurrieron dos hechos inquietantes: primero, el relevo del médico por su hermano <strong>Egidio</strong> quien no tenía, en apariencia, ninguna posibilidad de crecer en el ejercicio del poder; segundo, la afluencia a las urnas fue de sólo el veinte por ciento de los empadronados como una clara señal de la tremenda indisposición causada por obra y gracia de las amenazas y de los enjuagues extras. Esto es: el abstencionismo le permitió ganar al sucedáneo, <strong>Egidio</strong> el negociador, sin pelea alguna por parte de sus "adversarios" y sin hacer más campaña que un discurso en las exequias de su cófrade.</p><p>Podría alegarse que con ello se demuestra la inviabilidad de la fórmula abstencionista para contrarrestar la fuerza y presencia de quienes imponen candidatos como si se tratara de comprar naranjas en el supermercado -no lo digo por las muy guapas postulantes de casi todos los partidos-, al mejor postor y con acarreos de última hora. No, es razonable que no acudiendo a las urnas el menor flujo posibilite ganar con un margen mínimo de sufragios y la ilegitimidad que ello conlleve.</p><p>Por supuesto, en una nación progresista y civilizada, no podría darse por válida una elección con una concurrencia global de menos del cincuenta por ciento de los empadronados. Suena lógico: si la democracia impulsa a los gobiernos mayoritarios, ¿de dónde puede emanar la legitimidad de quienes dicen representarnos con un porcentaje ínfimo y un rechazo mayor si juntamos los votos a favor de otras opciones, las adversarias? Y, sin embargo, <strong>zedillo, fox</strong> -con toda y su parafernalia apoteósica-, <strong>calderón y peña</strong> fueron electos con menos de la mitad de los votos emitidos. Ninguno debió o debe considerarse legítimo si, de entrada, contaban con más rechazo que avales. Y no se diga ahora cuando la popularidad del mandatario federal ha topado… suelo.</p><p>Pues bien, la manera de forzar que tales y absurdas conclusiones no se den es, precisamente, absteniéndose de ir a las urnas, sobre todo cuando ya no existe respeto por los partidos, varios de ellos mal paridos o en estado de parálisis cerebral, ni por los órganos electorales en donde se admite el racismo como una anécdota y se planeta, con ello, que no valen lo mismo los votos de los grandes operarios de Los Pinos y los de los chichimecas quienes, por cierto, NO aceptaron las disculpas de <strong>Lorenzo Córdova Vianello</strong>, quien prefirió por adherirse al presupuesto antes de soltarlo para ser congruente con la imparcialidad del proceso y servir así a la democracia en curso. Como no cree en ella y es un burócrata que sólo puede sobrevivir dentro el presupuesto, debe haber llevado su reclinatorio a Los Pinos para pedirle a su pequeño dios, engreído, su perdón. ¿Autonomía? No me hagan carcajearme.</p><p>El fantoche consejero presidente del Instituto Nacional Electoral se dio el lujo de "contratar" a la Premio Nobel, <strong>Rigoberta Menchú</strong> -lo fue en 1992 sin que ello demerite sus acciones posteriores-, quien nunca acude a las presentaciones políticas de manera gratuita. Como todos, ha sacado ventajas de su histórica presea y vive de ella veintitrés años después. Y la señora <strong>Menchú</strong> sirvió para demostrar las "inclinaciones indigenistas" de quien se había burlado del gobernante de los chichimecas y sólo se defendió arguyendo, claro, que se trataba de una campaña para desprestigiar al INE en esta hora coyuntural. Si seguimos la pauta, con una lógica mínima, debemos intuir que los "espías" sabían cuál era su comportamiento privado, no íntimo aclaramos, en cuyo ámbito soltaba la lengua y se presentaba cuál es; en el caso de la grabación, por supuesto, ésta se dio entre dos funcionarios, el propio <strong>Córdova</strong> y su secretario ejecutivo, por lo cual se trataba de una conversación sobre asuntos públicos entre sendos servidores públicos.</p><p>No hay lugar a la torpe protesta del sujeto aunque estoy convencido de que no debe tolerarse el espionaje como permanente arma política. Sin embargo, en este apartado no deben marginarse los acuerdos telefónicos ni las llamadas entre dos elementos para analizar, juntos, alguna de las condiciones que se dieron en un contexto público y, por ende, las interlocuciones posteriores, entre funcionarios, prolongan el acto general; máxime cuando es necesario abundar en el imperativo de conocer a quienes tienen conexiones non santas y laboran en el gobierno. (Esto es, naturalmente, una quimera, un buen deseo).</p><p>A favor del abstencionismo observo la necesidad de restar legitimidad a postulantes que NO convencieron a nadie; pero, además, forzar a una legislación en que se subraye la posibilidad de anular unos comicios por falta de afluencia así como se cancelan las sesiones de la Cámara, sin que nadie diga nada, por falta de quórum. Ambas circunstancias están en la misma línea, sin duda; y sin embargo, todavía hay ignorantes que conciben la abstención no como un pronunciamiento político válido sino como una irresponsabilidad del ciudadano porque deja su boleta en blanco. Un recordatorio: no hay casilla -salvo las llamadas extraordinarias-, en donde se agote la papelería; por lo general siempre sobran boletas y muchas por lo cual no es trascendente dejar una más así.</p><p>Por otra parte se insiste en que los votos nulos se dividen en partes iguales entre los partidos de acuerdo a los porcentajes de los sufragios emitidos; ésta es la falacia de moda, el juicio falso que aparenta ser verdad con interpretaciones ramplonas. En todas las mesas electorales, se debe dar cuenta de los sufragios anulados, aparte y sin correlatividad con los emitidos a favor de causas partidistas que, desde luego, NO se suman los votos en blanco o aquellos con leyendas en lugar de definiciones. Es derecho de cada cual darle al sustento electoral el contenido que pretendamos.</p><p>DEBATE</p><p>Y bien, tocó la hora de definirme. Siempre he votado, lo he repetido cien veces creyendo que era el camino para derrumbar los muros del sistema; luego de las traiciones a la democracia atestiguadas en 1988, 1994, 2000 -con un cambio que sólo duró unos días-, 2006 y 2012, más las intermedias federales, no me atrevo a mantener mi vieja postura. No quiero influir en ustedes, porque cada uno tiene razones válidas y respetables, pero esta vez NO saldré a ejercer mi derecho -más que una obligación- a votar. Y lo hago público porque, en democracia, la libertad de expresión debiera ser inalterable.</p><p>Me quedaré en casa, con un grupo de colaboradores, conectado con todo el país. Ruego a mis amigos y lectores de las diferentes entidades, me hagan saber sus experiencias para poderlas reunir y editar en su momento como memoria de los comicios en donde el gobierno peñista perdió, estoy seguro, cualquier vestigio de autoridad, moral y política. Estaré más cerca de los comicios que nunca y vigilaremos el respeto a los votos nulos y a los que se abstengan. Espero su ayuda.</p><p>Por favor, quienes decidan no acudir a las urnas nada deben temer. Nunca en la historia electoral de México se ha sancionado a un solo ciudadano por abstenerse; tampoco puede darse seguimiento a quienes anulen sus votos dentro de las mamparas previstas o incluso fuera de ellas en ejercicio toda de libertad: la secrecía es un DERECHO no una OBLIGACION. Personalmente, cuando he votado, lo he hecho público sin temor alguno. Me he equivocado varias veces porque, desde hace muchos años, salvo un caso, he optado por candidatos de la oposición que luego son aplastados por los sepultureros de la democracia, como ya lo es, desde ahora, el racista <strong>Lorenzo Córdova</strong>, pese a contratar a personajes de las etnias para disculparse ante ellos. ¿Y si éstos fueron los agraviados por qué no fue él a su encuentro en vez de enviar por ellos y fotografiarse en su despacho? Sólo esta actitud exhibe la clase de persona de la cual hablamos. ¡NO AL RACISMO! ¡NO AL INE!</p><p>LA ANECDOTA</p><p>Votar no es una consigna, insisto, sino un derecho. A la vista de los últimos acontecimientos cabe recordar un episodio no muy lejano que me refirió el abogado <strong>Enrique Mendoza</strong>, defensor que fue del ingeniero <strong>Jorge Díaz Serrano</strong>:</p><p>—Entre la ley y la consigna, los jueces mexicanos se inclinan, siempre, por lo segundo. Así, la lucha cotidiana de cada mexicano es por evitar caer en la cárcel sin ser culpable.</p><p>Advertencia a todos mis amigos lectores.</p><p>E-Mail: loretdemola.rafael@yahoo.com</p><p>Búsquenos en Facebook con VDEOS y MENSAJES cada día.</p><p>LA VERDAD, LA DECISION TOMADA, ABSTENERME, NO ME HA DEJADO DORMIR TRANQUILAMENTE EN LOS ULTIMOS DIAS. ME MOLESTA NO IR A LAS URNAS CUANDO FUI FORMADO EN LA CULTURA DEL VOTO. PERO YA ME CANSE QUE ME VEAN LA CARA Y NO TOLERARE QUE UN RACISTA LO ADMINISTRE Y VENDA. NO MAS.</p><p></p>

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