Ráfaga de Libertad / Carta a mis padres

In Opinión

Isabela VILLANUEVA

Queridos papá y mamá:

Cuando lean esta carta, seguro que ya estaré lejos de casa; deseaba, desde hace varios años, llegar a la mayoría de edad para irme, aunque debo confesar que esta decisión me costó trabajo tomarla, y es que pensaba que ustedes algún día cambiarían y me tratarían con respeto, pero la realidad es otra, cada día me limitan más,  y por eso creo que debo partir.

Desde pequeña ustedes me enseñaron a respetar a los demás, hacer lo que otros dijeran y lo que ustedes me impusieran sin chistear, hacía su voluntad, no podía quejarme porque ustedes me castigaban; al terminar la primaria, sin consultarme, eligieron la secundaria a la cual debería ir, sin que ustedes se percataran que desea ir a donde estaba la mayoría de mis amigos, esos amigos con los que podía ser yo y ellos me aceptaban tal cual era.

Acepté ir a esa secundaria para no llevar la contraria, estando en esa escuela me adapté e hice amigos rápidamente; soy algo tímida pero al ser buena estudiante muchos se apoyaban en mí, eso me gustaba, por fin alguien dependía de lo que yo era y sabía.

A la hora de la salida siempre llegaban diez minutos antes y debería estar en la puerta, porque si no era así se enfadarían conmigo, deseaba tanto quedarme por más tiempo para poder jugar con mis compañeros a la pelota, a correr o hacer cualquier cosas correspondiente a mi edad; me subía al carro con mucha tristeza al ver cómo mis compañeros de divertían jugando.

Para las tareas por equipo nunca me dejaban ir a casa de ningún compañero, porque siempre me decían: “¿Será posible que no puedas hacer las cosas tú sola?, eso de dar molestias a otras personas no es correcto”, entonces me quedaba en casa y hacía los proyectos sola.

No entendía por qué ustedes hacían todo eso con mi persona y yo justificaba sus imposiciones con “Mis padres me quieren y me cuidan” por eso son así conmigo, pensaba;  a los cumpleaños de mis amigos rara vez me dejaban ir y cuando era así, me mandaban mensajes a cada rato para saber si me estaba portando bien; ¿Por qué no confiaban en mí? Jamás los defraudaría,  pensaba.

Cuando mis amigas y amigos empezaron a cumplir quince años, ellos me invitaban, pero ustedes siempre se oponían a que fuese y decían, “una niña decente y de tu edad no debe andar hasta la media noche en la calle”; las veces que me dejaban ir, iban por mí a las doce de la noche, cuando la fiesta empezaba a ponerse en ambiente.

Sabían ustedes que en mi cuarto y cuando ustedes no estaban me ponía a bailar, ponía la computadora y en los tutoriales de baile aprendí, también ahí aprendía a maquillarme, porque la veces que le pedí a mamá que me enseñara me dijo que no estaba en edad y que las que lo hacían a temprana edad daban a entender que andaban en busca de novio.

Y hablando de novio, ¿se acuerdan del chico aquel llamado Andrés, ese niño alto, blanco, de ojos verdes que al igual que yo era tímido, pero que por los estudios se acercó a mí?, me pidió ser su novia y yo feliz porque era la primera vez que un chico se fijaba en mí; llegue emocionada a contarles y lo primero que hicieron fue castigarme, a decirme cosas hirientes; papá me iba a cambiar de escuela porque no estaba en edad de tener novio, que de seguro ya me había tocado alguna parte del cuerpo.

Por favor, era una niña inocente que ni la mano me había tomado, era un novio de “manita sudada”, solo esas miradas de complicidad, nos reíamos de cualquier cosa, me sonrojaba cada que él me miraba y se ponía serio; a lo lejos observaba como otras compañera que tenían novios las abrazaban y yo deseaba eso, pero siempre en mi mente; “ No, eso no está bien, es faltarle el respeto a tus padres” y me contenía para no causarles ninguna pena, porque para mí, hacer eso,  en ese momento, era traicionar la confianza de ustedes.

Hicieron que terminara la amistad con Andrés, era una mala influencia para mí, que me iba a distraer de los estudios, no entiendo  por qué eran así, siempre he sido una chica que está en el cuadro de honor, en la escolta y en cada actividad de la escuela por ser una estudiante sobresaliente; en casa hago mis deberes, entonces díganme cómo debería haber sido, quizá si en ese momento me hubiera rebelado, no estaría escribiendo esta carta de despedida.

Al llegar a los quince años, mamá organizo la fiesta, ustedes decidieron todo por mí, sin tomarme parecer; yo no deseaba tener ninguna fiesta, solo quería que ustedes cambiaran su actitud hacia mí, que me dieran algo de libertad, que confiaran en su hija, pero no fue así, esa fiesta fue la más triste, llegaron todos mis tíos, primos y amistades de ustedes, de la lista de amigos que me hizo hacer papá, eliminaron a la mayoría y entre ellos estaba el nombre de Andrés, porque eran unos chamacos conflictivos, según ustedes, pero en realidad no eran conflictivos, solo chicos que eran felices y sabían expresarlo con sus risas y juegos.

En esa fiesta sólo fui la muñequita de un aparador que la ponían donde se viera mejor, para ustedes fue la mejor de las fiestas, al presentarme ante una sociedad que no le interesaba más que comer, bailar y tomar.

Ahora les puedo confesar que el mejor regalo de quince años me lo hizo Andrés, me conocía tan bien que sabía que no disfruté la fiesta, así que a la siguiente semana, él me llevo un pastel a la escuela y entre los compañeros me cantaron “las mañanitas”, me pusieron una corona de princesa, hicieron que bailara el vals, me divertí tanto ese día, me llevaron obsequios y entre ellos, “Andrés” me regaló una cadena con un dije de una gaviota con una nota que decía, “Vuela como ella, sé libre… te quiere por siempre, Andrés”.

Cuando ustedes fueron por mí ese día, vieron que llevaba varias bolsas de regalo, cosa por la que inmediatamente empezaron las interrogaciones, del porqué los regalos, quiénes me lo dieron, fue la primera vez que mentí, en ningún momento mencione el regalo de Andrés, revisaron y vieron que eran chocolates, peluches y cosas así, el regalo de él, lo escondí muy bien.

Por las noches sacaba de mi escondite la cadena con el colgante de la gaviota y la nota, ahí entendí que me sentía prisionera de mis propios padres; estaba dentro de una prisión llamada hogar, y mis carceleros eran ustedes, esa noche fue cuando tome la decisión de ser libre, de volar como esa gaviota, a mis quince años pensando en eso, ya se me había metido en la cabeza la idea de ser libre, solo que no era el momento.

Me dediqué a estudiar, terminé la secundaria con buenas notas, a la fiesta de clausura fuimos, pero como siempre, a las doce de la noche nos retiramos; me dio coraje al ver cómo las otras familias se divertían con sus hijos, solo me reconfortó la mirada de Andrés, esas miradas en las que nadie se fijaba, pero que para nosotros lo decían todo.

Al ingresar a la preparatoria, como siempre, eligieron a qué escuela ir, acepté como siempre, sin refunfuñar, solo que ahora con la diferencia que en mi mente tenía un propósito, ser como la gaviota, volar y ser libre, en esta etapa de la preparatoria fue cuando aprendí a mentirles tan bien, que me creían, me preguntaba ¿Por qué llegar a estos extremos? ¿Por qué mentirles? pero ustedes nunca entendieron nada.

Los horarios de clases los alteraba de tal manera que parecieran reales, así que había días que salía a las doce del día y en mi horario decía las catorce horas, me quedaba esas dos horas en la escuela jugando, riendo o solamente platicando; había veces que Andrés llegaba a verme, me hice amiga de la prefecta y al saber lo delicado que eran ustedes, me dejaba salir a la refresquería de enfrente y ahí mi novio Andrés me dio mi primer beso, me abrazó y ahí sentí lo que era el amor, nos prometimos ser cuidosos para que nadie nos descubriera y se terminara nuestro noviazgo.

Así transcurrieron los tres años de preparatoria, entre mentiras que las hacía ver reales para ustedes, ahora les confieso que me las ingenié para irme con mi novio a un motel; con Andrés perdí la virginidad y no me arrepiento, lo hicimos conscientes y por amor, eso sí, con todas las precauciones para no tener un embarazo temprano, desde ese día supimos que éramos el uno para el otro.

Ahora que terminó la preparatoria y veo que ustedes hacen planes para mi futuro, discutiendo si debo ser contadora como mamá o arquitecta como  papá, sólo los observo, lo que no saben es que la decisión la tomé desde secundaría, que durante la prepa mandé solicitudes de becas a otras universidades y les confieso que en todas aceptaron mi solicitud, sólo les doy las gracias por haberme obligado a estudiar y a aprender idiomas.

De ahora en adelante de mi futuro me encargo yo; no dejaré que nadie tome decisiones por mí, estudiaré medicina con la especialidad en pediatría, mi calificación fue la más alta, trabajaré  y estudiaré y por último, Andrés y yo, nos vamos juntos, él también logro obtener buenas calificaciones.

Me siento orgullosa de haber tomado esta decisión, que es un gran paso para seguir con mi vida y ser una mujer que en lugar de transmitir tristeza, pueda dar felicidad y ayudar a otras personas que estén necesitadas; si soy feliz, entonces el mundo que me rodea lo veré con otros ojos, veré un mundo lleno de amor, felicidad y sobre todo de libertad para elegir y decidir.

Adiós, papá y mamá

Los quiere por siempre

LUISA.

 

 

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