Ráfaga de Libertad / Petra, un nuevo amanecer

In Opinión

Isabela VILLANUEVA

El sol se iba ocultando, pocos minutos quedaban para que desapareciera por completo el majestuoso espectáculo que los últimos rayos del Sol brindaban sobre los verdes campos de esa gran pradera; el cambio de tonalidades es lo que siempre veía y disfrutaba Petra todas las tardes al regresar a su casa después de un día de trabajo en la “casa grande”, como le llamaban los empleados a la casa de los patrones en esa hacienda.

Pero esta vez Petra no sentía la misma emoción al ver tan hermoso paisaje, ahora tenía una preocupación mayor, debía tomar una decisión muy importante del cual dependía la vida de una persona y la tranquilidad de ella.

-¡Hey Petra!, entonces cuándo me aceptas ir al pueblo a tomar un refresquito – le gritó Mateo.

Con un movimiento de cabeza Petra le dijo que no, pero en su rostro se podía observar esa picardía, ese coqueteo; Petra entró corriendo a la cocina y  se detuvo de repente al ver a la tía Lupita con una mano en la cintura, mientras sostenía una cuchara con la otra.

– Ya te vi Petra, andas de cuzca con el Mateo, deja que te cache tu papá; te va a ir como en feria -le advirtió la tía Lupita.

Petra únicamente bajó la cabeza y se fue directo a hacer sus deberes; la tía Lupita la quería mucho pues la conocía desde niña y ella misma le buscó trabajo en la “casa grande”; Petra se sentía a gusto ahí, aunque solo había terminado la primaria, pues el estudio no se hizo para ella, pensaba.

Ellas cocinaban para los patrones y para los peones de la hacienda, uno de los peones era Mateo que se encargaba de llevar a los empleados a los sembradíos, llevar lo que se cosechaba a la central de abasto, pero tenía el defecto de todos los hombres: era muy mujeriego; decían por ahí que en cada pueblito tenía novias y hasta hijos.

-Petra, hija, te conozco desde niña y por tu bien debes de evitar al Mateo, ese hombre es un Chucho de calle, no vaya hacer que te lleve al monte y te haga un chamaquito, ten cuidado -le dice la tía Lupita.

– Tía, por Dios, no piense mal de mí, ni caso le hago al Mateo, ya ve que me invitó al pueblo y dije que no – respondió Petra.

– ¡Hay hijita! Yo también tuve tu edad y cuando entra la picazón solo hay uno como Mateo que te la puede quitar –le dice la tía lupita mientras salía de la cocina para dirigirse a su casa.

Una tarde, después de un día de trabajo, Petra se dirigía a su casa, como le quedaba cerca se iba caminando, atravesaba un pequeño valle donde había una loma, en lo alto de esa pequeña  elevación se sentaba a ver ese espectáculo de los rayos del sol sobre el verde  monte.

De pronto escucha una voz conocida, era Mateo.

– Vaya Petrita, te me escondes mucho, llegué a buscarte y ya no estabas, pero sabía que aquí te encontraría – le dijo Mateo.

– ¿Qué haces aquí Mateo?, si nos ven me van a regañar – respondió Petra.

– Shhhh, tú tranquilita mi Petrita que nadie me vio, no soy menso –le dijo Mateo con una sonrisa.

Se sentó al lado de ella, guardó silencio y su mirada iba para todos lados, tratando de entender  qué tanto observaba la muchacha.

-Oye Petra, dime qué es lo que tanto vienes a hacer acá arriba, no le veo el chiste sentarte como tarada viendo nada  -le dijo.

Petra, solo sonrió.

-Nunca entenderías Mateo, eres hombre -le respondió.

Mateo no perdió el tiempo y empezó a tomarla de la mano, Petra con algo de pena la retiraba, pero fue tanta la insistencia de Mateo y las ganas de ella, que fue accediendo poco a poco.

-Petra ya estás en edad de tener un hombre -le decía Mateo al oído.

Las manos juguetonas de Mateo rápidamente se introdujeron dentro de la falda de Petra, ella cerraba las piernas, pero los besos y la mano de Mateo ganaron la resistencia que ponía; Petra se dejó llevar por esa ola de placer que sentía y Mateo que era un experto en el arte de seducir a las muchachitas, se sentía satisfecho.

La canción de la hierba que se movía quedó lenta con todo lo que hicieron sobre esa loma. Al llegar Petra a su casa le dijo su mamá: “Petra, pues que tanto hiciste mira como vienes, sudorosa y despeinada; váyase a bañar que no tarda en llegar su papá”.

Petra salió corriendo a su cuarto, pues no deseaba que su mamá siguiera con el interrogatorio, no sabría qué contestarle. Durante la cena, que era el único alimento que hacían en casa, todos hablaban de lo que habían hecho durante el día y de los chismes de los patrones. Era divertido, su hermano que era mayor que ella, siempre contaba algún chiste, pero esa noche para Petra todo era diferente, o así se sentía ella.

-Petra, te pasa algo – le dijo el papá.

– Desde que vino del trabajo así esta, llegó toda sudada y ahora no ha dicho una sola palabra y no deja de rascarse –respondió la mamá

– No es nada solo que hoy si hubo mucho trabajo y estoy cansada, mejor me voy a descansar –alcanzó a responder.

-Váyase pues, le dice el papá y póngase algo para esa rascadera que tiene -fue lo último que escucho al entrar a su cuarto, ya se había bañado y no se le quitaba la picazón, quizá en la revolcada que le dio Mateo en el pasto había ese mentado pica-pica. Se volvió a bañar y se quedó profundamente dormida, el cansancio no era por el trabajo, sino por lo que había hecho con Mateo.

Pasaron algunas semanas, Petra se dio cuenta que Mateo la evitaba; cuando ella llegaba a la “casa grande” lo veía como todas las mañana, pero esta vez él, no la saludaba, ni le decía nada como tantas veces lo había hecho, se dirigió a la cocina y al entrar le dice la tía Lupita.

– ¡Ay hija! Cometiste la burrada de irte con el Mateo.

– ¿Por qué lo dice tía? –respondió Petra-

– Hija, cuando tú vas, yo, ya vine, como decía mi abuelita; mira nada más como estas toda pálida,  tienes unas ojeras como si hubieras tenido chorrillo una semana, hasta las canillas las tienes blancas; a  ver, vente pa´ca y me cuentas cuándo sucedió, porque creo te sacaste el premio mayor – decía la tía Lupita-

Lupita, con la mirada baja le contó a la tía lo sucedido con Mateo, de eso ya había pasado dos meses; la tía Lupita confirma sus sospechas y le dice a Petra,

– ¿Cuándo fue la última vez que te bajó la regla?

– Pues desde que me metí con el Mateo no me ha bajado –respondió.

-Ay  chamaca, pero que tienes en la cabeza, si te dije bien claro que no le hicieras caso al chucho de calle del Mateo, de seguro te dejó preñada – la regañó la tía Lupita-

– ¿Y ahora qué hago? – balbuceó Petra.

– Hija, no es lo que yo te diga que vas hacer, ¿Qué es lo que tú quieres hacer? –le respondió la tía.

Petra, llorando le dijo a la tía Lupita que no desea tener al bebé, porque no estaba enamorada de Mateo, que no deseaba tener ese bebé, sobre todo por la desilusión que iban a tener sus padres, pues el deseo de ellos es que llegara virgen y saliera de blanco de la casa; su hermano cuando se enterara de quien la había preñado, con seguridad golpearía a Mateo.

– Merecido se lo tiene el Mateo, a ver si con eso escarmienta y deja de engañar a mocosas 

como tú -respondió la tía, quien la tomó de las manos.

– Hija, lo que llevas en el vientre es una vida, un ser indefenso, un regalo de Dios, debes alejar de tu mente eso de abortar, si lo haces jamás te lo perdonarás, es algo que siempre estará presente en ti y te perseguirá por siempre; debes enfrentar tus acciones. Tus papás, te regañarán, quizá te pegarán, hasta van a dejar de hablarte, pero ellos nunca permitirán que tires a tu chamaquito, ellos son creyentes y las burlas que te hagan en el pueblo, pues te las aguantas, si fuiste buena para abrir las piernas, sea buena para aguantar las habladurías.

Sin decir una sola palabra, Petra salió de la “casa grande”, pasó frente a Mateo y no lo miró para nada, iba con la mirada fija y sus pensamientos como remolino sin saber qué hacer; la tía tenía mucha razón, pero no deseaba a ese bebé, pues no había sido concebido con amor; como autómata siguió su camino, subió la loma y se quedó mirando el horizonte sin apreciar el espectáculo de todas las tardes, ahora debía tomar una decisión.

A lo lejos escuchó la voz de su mamá.

-¡Sabía que aquí te encontraría! Tiene días que andas pensativa, ven siéntate a mi lado y esperemos a que se oculte el sol, de niña también venía a este lugar, al ver cómo se escondía el sol tras las montañas, me hacía pensar que todos mis miedos igual desaparecían -le dijo su mamá.

Mientras se refugiaba en brazos de su madre y se quedaban viendo cómo el sol se ocultaba, Petra se soltó en llanto y le contó por lo que estaba pasando.

Tras oírla y darle un beso en la frente, la señora le dijo:

-Hija, yo te parí, te lleve nueve meses en mi vientre, durante el parto me hiciste sufrir mucho, pero todo eso valió la pena cuando te tuve en mis brazos, por todo eso te conozco bien y sabía que te pasaba algo, así que tranquila que de tu papá y hermano me encargo yo; esa criatura que llevas en el vientre es una bendición para nuestra casa, no eres la primera ni la última que puede criar a su hijo sola; vamos a casa, no bajes el rostro, que no es vergüenza salir preñada; es más vergonzoso abortar a un ser que no tiene culpa, ahora, llora, desahógate, grita pero solo hoy hija, que mañana es un nuevo día, una nueva oportunidad y un nuevo amanecer.

 

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