Ráfaga de Libertad / El sancho soy yo

In Opinión

Isabela VILLANUEVA

Llega el ingeniero a la oficina más temprano que de costumbre y se encuentra con el velador que estaba despertando para irse a su casa.

– ¡Qué paso mi veladuerme, mucho trabajo! – le dice con una risa burlona

– Qué paso mi Inge; siempre estoy alerta a lo que pasa en esta empresa , siempre me entero de todo –respondió el velador

Los dos hombres se pusieron a platicar de los acontecimientos y chismes de la empresa y del personal que ahí laboraba, en eso ve que llega un carro y baja “la secre”.

– Vaya que ha prosperado el marido de Silvia y me da gusto – dice el ingeniero

– Mmmm, ¡ay Inge!, ese matrimonio está como el cuento, se lo voy a contar – responde el velador y se suelta con la historia.

“Llega el marido todas las tardes del trabajo y la mujer lo recibía con quejas y más quejas; que no había dinero para la luz, para el colegio de los hijos y siempre había pleito por eso. Pasa el tiempo y de repente se da cuenta que la mujer ya no se queja tanto y empieza a tener sospecha de que algo raro pasa en su casa.

“Cierta tarde llega temprano a su casa y escucha gemidos en su recamara y abre la puerta del cuarto despacio y sorprende a la mujer con otro en la cama; se pone furioso y se va a su escritorio donde tenía una pistola y mientras iba de regreso al cuarto para llenarlos de tiros a los dos, piensa “Desde que mi mujer me pone los cuerno se ha dejado de quejar por todo, no me pide para el pago de colegiaturas, ni para la luz, hasta cambiamos de carro; se regresa y deja la pistola en su escritorio y dice… A HUEVOS, EL SANCHO SOY YO”.

El ingeniero se tira la carcajada.

-¡Ay mi veladuerme! , sí me hiciste reír. ¿Y porque relacionas el cuento con Silvia, “la secre”? – dice el ingeniero.

-Pues como usted sabe ingeniero, tiene años que trabajo para esta empresa y uno se entera de todos los chismes que corren por los pasillos; hace ya un buen de tiempo Silvita entró a trabajar y la colocaron en el departamento  jurídico. Silvita en ese tiempo era una muchacha joven, simpaticona, y rápido el licenciado Julio Domínguez, le echó el ojo y que se enquerida con él y eso que ella tenía novio; el pobre novio tenía varios empleos y siempre andaba corto de dinero, ni bicicleta tenía; eso sí, bien puntualito a la hora de la salida para que no le fueran a robar a la palomita, sin saber el pobre iluso que el licenciado Julio le había comido el mandado. Lo que no aún no logro explicarme es a qué hora se veían para cuchiplanchar.

Y continuó con el chisme:

-Pues mi Inge, el caso es que la Silvita se casa con el novio, el licenciado Julio fue padrino y asistió a la boda con todo y familia; al año del matrimonio queda embarazada la Silvita y el papá es nada más y nada menos que el licenciado Julio; la escuincla es idéntica a él , que por cierto  le puso el nombre de “Juliana”; ¿puede usted creer tanto cinismo?, pero el marido de Silvita ni en cuenta, ama a esa niña como si fuera de él; como todos, al saber el licenciado Julio que tenía una hija termino la relación con Silvita, el no iba a divorciarse de su esposa, la del dinero es ella y le aseguro que si pide el divorcio lo dejaría en la calle la mujer así que no arriesgaría su patrimonio por la Silvita; movió sus influencia e hizo que la cambiaran a dirección y con mejor sueldo y ahí termino ese romance, con una hija y un mejor puesto.

– Pues gracias por tanta información mi veladuerme, pero debo irme a trabajar; ya sabes, checas hora de entrada, pero no hora de salida y el salario es el mismo- le dice el ingeniero.

– Cuídese mi Inge, si mañana viene temprano le sigo contando que ahí no ha terminado la historia.

El ingeniero se aleja riéndose, en el trayecto a su oficina pensó: “Creo debo ser más observador, hay cosas que pasan y yo ni por enterado, pero el veladuerme me contará todos los acontecimientos del día. Mañana vendré temprano, le invitare un cafecito para que afloje más la lengua”.

El ingeniero se dirigió a dirección para hacer un trámite y a lo lejos ve a Silvita, una mujer baja de estatura, morena, buenas tetas y nalgas; no era una belleza, pero tenía lo suyo; al estar observándola no escuchó que lo llamaban, movió la cabeza para concentrarse en lo que había ido a hacer, pues ya era hora de la salida y si no firmaban esos documentos tendría que esperarse hasta el día siguiente y eso lo atrasaba en su trabajo.

La curiosidad por saber más acerca de la vida de Silvita, “la secre”, fue tanta que el ingeniero  se levantó más temprano que de costumbre, pasó por una de esas tiendas que están abiertas las veinticuatro horas del día, pidió dos cafés para llevar y se apresuró a llegar rápido a la empresa antes de que el veladuerme se fuera.

– Buenos días “mi inge”, así me gusta puntualito y con el cafecito en mano, aquí para su servidor – dijo el velador riéndose.

– Saber los acontecimiento del día  y la vida de algunos personajes importantes de esta ilustre empresa cuesta -respondió el ingeniero –

– Para la próxima tráigase una “tortugas” cubanas no sea codo Inge.

Y continúa el chisme:

-Le decía que después de terminar el romance el licenciado Julio con Silvita, a ella la cambian de departamento con mejor puesto y mejor salario; la prosperidad se vio rápidamente en el hogar de Silvita, el marido la venía a buscar en un “volcho”, no era carro del año pero ya no andaban a patines, a la hijita la tenían en guardería, pero el marido de Silvita aún seguía siendo mil usos, no encontraba un trabajo fijo.

-La Silvita que se enquerida nuevamente; ahora con el jefe de dirección, el licenciado Beltrán. Al principio eran solo escapaditas pero después el licenciado Beltrán se enamoró de ella y para a completar el fruto de ese amor, que ella vuelve a quedar embarazada; el licenciado Beltrán se sentía feliz, pues en su matrimonio de años no había podido la esposa darle un hijo y para la buena suerte lo que da a luz es un varón, y le pone de nombre “Juan Ignacio”; Juan por el marido de Silvita e Ignacio por el licenciado Beltrán.

-Era tanta la felicidad del licenciado Beltrán, que le confiesa a su esposa que andaba con otra mujer y que tenía un hijo con ella, cosa que le costó el divorcio, eso sí, supuestamente la esposa del licenciado Beltrán jamás se enteró de quién era esa mujer. 

-El pobre licenciado Beltrán, se enamoró tan perdidamente de Silvita, que le pidió se divorciara del marido y se fueran a vivir juntos, que él aceptaría con gusto a Juliana la hija mayor de Silvita, que con él nada les faltaría, podrían tener una vida estable y con muchas comodidades; para sorpresa del licenciado Beltrán, Silvita no acepto tal ofrecimiento y ella fue quien terminó la relación, cosa que dejó devastado al pobre licenciado, sin mujer y sin hijo, pero no podía forzar a Silvita a vivir con él.

-Ahora el marido de Silvita llegaba a buscarla con dos hijos que no eran de él, pero los quería como si fueran suyos; el licenciado Beltrán para no seguir sufriendo renunció al trabajo y se fue a otra compañía donde tiene un mejor puesto; eso sí, antes de irse se aseguró que a Silvita le dieran un mejor salario, sigue siendo la secretaria de dirección, pero con un salario bien espléndido.

-Ahora cambiaron el “volcho” por un “jetta” y del año y el mil usos del marido por fin tiene un trabajo estable y como todos los días él puntual a la hora de la salida esperando a Silvita con sus dos hijos, ella se sube al carro y se va la familia feliz a seguir con su vida; por eso le decía mi Inge, que el mil usos está como el cuento; el sancho es él, él goza de los privilegios de los encantos de Silvita, tiene hecha la vida fácil, hasta los hijos se los hicieron , no hizo el mayor esfuerzo.

-Vaya historia que me has contado, me he quedado con la boca abierta, veladuerme- dijo el ingeniero.

– Como esas hay muchas mi inge, sólo que para que se las cuente nos llevaríamos muchos días – respondió el velador-

– Bueno, me retiro a mis deberes, ya vete a terminar de dormir a tu casa.

-Sale mi Inge, sólo tenga cuidado con esa curiosidad, no vaya a ser que usted le haga el tercer chamaco a la Silvita –respondió el velador riéndose a carcajadas y le grita “Mañana venga más temprano le tengo otro chisme y no se le olvide traer café y las tortugas cubanas”.

El ingeniero sólo hizo una ademán con la mano en señal de que se vaya a la fregada, eso sí, antes de entrar a la oficina, observó en la puerta de entrada que se estaciona un jetta rojo del año del cual bajó Silvita, “la secre”; se despidió de sus hijos y le dio un beso al marido.

“Tenía razón el veladuerme, con agua y jabón se lava cualquier chingadera”.

 

You may also read!

Alianza con Google acorta brecha digital; chromebooks para 32 mil

“Este es un gobierno que trabaja para construir los mejores proyectos para los campechanos, generar mayores oportunidades a los

Read More...

Ejercerá SCT Campeche durante 2018, $2,400 millones: Polanco

Será el próximo año cuando inicien las obras de los libramientos en Champotón y Carmen, así lo indicó el

Read More...

Realiza Injucam la Expo Educación 2017

En Hopelchén HOPELCHÉN.- Teniendo en cuenta que la educación ayuda a la capacidad intelectual, moral y efectiva de las

Read More...

Mobile Sliding Menu