Algunos apuntes de la 4T

In Opinión

HERNÁN ARANDA GONZÁLEZ

Sirvan estas primeras líneas para dejar en claro que en mi escaso conocimiento de  la ciencia política, y sobre todo de la económica, no confío en que el camino que está siguiendo México sea el más acertado, y que en su ruta saldremos del atraso. Faltarían cosas para diferenciarnos de otras naciones que lo han intentado por la misma vía y viven en el total fracaso.

Cierto que millones de mexicanos en total indigencia cuentan ya con lo indispensable para alimentarse y para algunos bienes necesarios. No menos cierto es igual que los programas asistenciales no están alcanzando para todos, que los trámites para la entrega se alargan y complican, y cada vez más conciudadanos se suman a la línea de pobreza.

No obstante, algo muy sincero en esta colaboración es el deseo ferviente de estar equivocado, y que al final de esta administración que recorre la mitad, México esté acariciando los umbrales del primer mundo, aunque sin los modelos ejemplares de salud y educación de los países nórdicos como ofreciera el presidente en su toma de posesión.

Pero en fin, aquí nos tocó vivir y por tanto, otorgamos otro voto de confianza, y sobre todo de esperanza, en que la administración federal reencuentre la ruta del crecimiento a partir del próximo año como lo ha prometido el nuevo y optimista secretario de Hacienda, que ha ofrecido algo igual o mejor de lo que había antes de la pandemia.

Mientras, produce estupor la manera del primer mandatario de exhibir a sus “adversarios”, como si no contaran con peso para hacerle mella. Los atrae y los rechaza, mientras sus números no bajan y su aceptación sigue muy alta. Se da el lujo de jugar con los sentimientos hasta de sus cercanos, vendiéndoles esperanzas a cambio de lealtad infinita.

A partir del amanecer del nuevo año, podríamos empezar a ver qué tan ciertos resultan los pronósticos y ofrecimientos del presidente y su gabinete económico. Nos daremos cuenta del tamaño y duración  del embrujo con el que ha manejado a sus seguidores a ultranza, que en muchos casos llegan al fanatismo más abyecto y sin contradicciones.

En fin, con las seis gubernaturas que estarán en juego, se medirá que tanto ha crecido el poder de un solo hombre. Si MoReNa logra la mayor parte igual que el PRI omnímodo del siglo pasado, en los próximos “gritos” se vitoreará como algo común a la “Cuarta Transformación”, y a Andrés Manuel López Obrador junto a “los héroes que nos dieron patria”.

Layda es Gobernadora Constitucional

El plazo auto impuesto, “hasta después del 15” se ha cumplido. Es tiempo de repasar que el Tribunal Electoral Federal, desde su Sala Especializada, emitió resolución definitiva e inapelable. De manera unánime aprobó la decisión del Tribunal local, y de paso terminó con el suplicio de algunos y concretó las esperanzas de otros.

Como suele suceder, se dejaron venir los “se los dije”, “era seguro”, “no había de otra”, “se hizo justicia”, etcétera, etcétera y mil etcéteras, de parte de sesudos analistas, ahora expertos en teoría política y materia electoral. Aquellos que no exentos de razón pugnaban por el “hasta que el Tribunal lo decida”, ya son parte del anecdotario vecinal.

Poco recuerdan, o tal vez muchos, que en las últimas decisiones desde Jorge Carlos Hurtado, la Sala Superior siempre se decantó por apoyar la decisión del Tribunal Estatal, que si bien puede adolecer de fallas en tiempos y circunstancias, es respaldada por toda una cauda de acciones y procedimientos emanados del Instituto Estatal Electoral y supervisados por el INE.

Lo malo, la pasión desbordada entre analistas del acontecer cotidiano con tendencia hacia dos bandos. Lo peor, que la guerra sin sentido continúa a despecho de la sociedad. El insulto personal y familiar que no habla bien de nadie, pensamos, creemos y queremos que con estrategia política y diálogo debe terminar en un abrazo o en un apretón de manos.

… Y ALGO MÁS

Con el mayor respeto

Con respeto y sin otro interés que el bienestar y el progreso de mi amado Campeche, felicito a la Licenciada Layda Sansores San  Román. Si algo tengo que pedirle, también con mucho respeto, es que la justa alegría de quienes la ayudaron a llegar, no sea la tristeza de ninguno de los hogares de los miles de trabajadores que están temiendo por sus empleos”.

Con esta frase me atreví a felicitar en redes sociales a la ahora Gobernadora Constitucional. Nada más lejano a mi intención que tratar de obtener de su parte o de la de alguno de sus colaboradores, trato especial, acciones o atenciones preferentes. Bienvenida la administración que un número suficiente de ciudadanos en edad de votar decidió para su estado.

Si algo tuviera que pedir también, es que sus colaboradores, en especial los que provienen de otras latitudes y que si ánimo de ofender considero que no conocen la idiosincrasia de la gente pacífica de Campeche, entiendan que nos gusta vivir en paz, y aunque abundan los “chismosillos” y los que con el mayor placer doblan las espaldas hasta tocar el suelo con la frente, hay cientos, miles que conocen y practican el don preciado de la dignidad.

Lo anterior lo ejemplifica un suceso de hace una algunas décadas que da muestra tanto del talante del campechano como el de las gente de otras latitudes: Un grupo pequeño de conocidos miembros de nuestra pequeña sociedad, se encontraban a media mañana guareciéndose del sol en una de las esquinas frente al palacio de Gobierno, llevando a cabo la importante tarea de componer al mundo y a los que viajamos a bordo.

Estaban los amigos en plena charla cuando inopinadamente arribó un convoy de vehículos oficiales repleto de agentes vestidos de uniforme, para someter a los pacíficos ciudadanos y cargar con ellos para llevarlos a sus separos por sospechas de estar fraguando alguna especie de atentado en contra de las autoridades. Las bromas por poco no terminan.

Bienvenida señora gobernadora, a nombre propio y el de mi familia, estamos dispuestos a aportar el mayor y mejor de nuestros esfuerzos en aras de preservar este ambiente de trabajo, paz y respeto que caracteriza a la mayoría de los habitantes de esta tierra.

De paso, lo más importante, expresarle la seguridad de que donde quiera que se encuentren en su descanso eterno, sus Señores Padres, el licenciado Carlos Sansores Pérez y Doña Elsa San Román, estarán diciendo ¡Misión cumplida! Usted, gobernadora, los honrará con sus futuras acciones, no debe quedar lugar para la duda.

 

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