Ana Luisa Perea, mujer que escribió la historia estadística de la LMB

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Hizo arte de los números en el béisbol, falleció a los 80 años de edad el pasado 17 de septiembre

El gran acervo de estadísticas de la Liga Mexicana de Béisbol (LMB) no existiría si no fuera por el valioso trabajo que realizó, de 1978 a 2003, la señora Ana Luisa Perea Talarico (Carlos A. Carrillo, 1939), quien falleció el pasado 17 de septiembre a los 80 años de edad.

La señora Perea nació el 23 de noviembre de 1939 en Carlos A. Carrillo, poblado del Ingenio San Cristóbal, Veracruz. Su trabajo fue artesanal y hasta artístico, pues no se contaba con las herramientas tecnológicas que hay en nuestros días.

Como compiladora de la Liga Mexicana de Béisbol, la señora Perea llegó a esperar el correo para tener las hojas de anotación de todas las plazas que conformaban el circuito.

Ana Luisa Perea marcó un antes y un después. No solamente ingresó a un medio que era prácticamente de puros hombres, sino que fue una experta y una especialista que dominó lo suyo como nadie.

“Terminaba el juego en la noche, en la oficina de la LMB llegaban por fax los boxscores. Por la mañana, la primera tarea era rescatarlos, verificar que fueran legibles, entender quiénes habían jugado, calcular las veces al bate, cuadrar el boxscore, hacer la comparativa; es como la contabilidad: que los ingresos y los egresos sean iguales”, compartió César Galaviz, actual Gerente de registro y control de jugadores, quien tuvo su primera incursión en la LMB en 1994 y en 2003 llegó para suplir a la señora Perea Telarico.

Galaviz Valenzuela aprendió de Perea Telarico el arte de leer el boxscore y cuadrarlo. “Una cosa es ser el anotador y otra es interpretar lo que el resto de los anotadores hacen, entender el trabajo, conocer los detalles y lo más complicado: compilar las estadísticas”. Esta labor la aprendió Perea de su esposo Antonio Silva Vidaurri y, posteriormente, de Raúl Mendoza.

Por su parte, José Luis Segovia, quien lleva 30 años de trabajo en las oficinas de la Liga y es el encargado de recursos materiales y servicios generales, la recuerda como una mujer sumamente trabajadora que rompió paradigmas.

“Veía su trabajo con los famosos numeritos que se entregaban en los estadios. Los hacía a mano y los pasaba a máquina de escribir y luego los imprimía, que era lo que se repartía a la prensa en los estadios”, narró Segovia.

Ahora suena lejana esa labor de curar los números, darles forma, acomodarlos. Hoy un software (en la LMB se trabaja con Baseball Advanced Media) ajusta los números, acomoda a los líderes, señala quiénes son los de mejor porcentaje por equipo.

Antes, esa labor titánica le correspondía a la señora Perea, quien durante los meses que duraba la temporada pasaba largas jornadas antes de volver a casa y recorrer el largo camino marcado desde el norte de la Ciudad de México, cerca del Toreo de Cuatro Caminos, hasta su casa ubicada en Cuemanco, al sur de la capital.

Un hecho que resume como era al trabajar fue la anécdota que nos compartió su amiga Yola Esquivel, esposa del célebre cronista Óscar “Rápido” Esquivel.

“Era muy trabajadora. Después de una fractura que tuvo en una pierna, el Lic. Pedro Treto Cisneros (ex presidente de la LMB) pagaba el taxi para que fueran por ella a Coapa y la llevaran hasta la colonia Periodista. Ida y vuelta, porque la necesitaban tanto y no querían que perdiera su trabajo por cómo era de valiosa”, subrayó doña Yola, a quien conoció en Mazatlán durante una Serie del Caribe.

Una situación es la labor del día a día, el ajetreo que hay durante la temporada; sin embargo, no puede pasarse por alto lo que sucedía al culminar la temporada: recopilar todos los datos para hacer el “Quién es Quién”, libro editado por la LMB que año con año cuenta con los números que dejó la campaña finalizada.

“Uno de los trabajos importantes de la señora Perea, además de la compilación, era precisamente sumarlo a lo acumulado en los años anteriores para editar y publicar el ‘Quién es Quién’. Ella lo hacía cuando comenzó a trabajar en las estadísticas y su única herramienta era un lápiz y la máquina de escribir”, narró César Galaviz.

Y añadió que “su trabajo era realmente increíble. Le tocaron 20 equipos, muchos dobles juegos los fines de semana. El trabajo era arduo y muy complicado y no entiendo, honestamente, sin la tecnología de hoy en día, lo complicado que era generarlo para brindárselos a los periodistas”.

Ana Luisa Perea marcó un antes y un después. No solamente ingresó a un medio que era prácticamente de puros hombres, sino que fue una experta y una especialista que dominó lo suyo como nadie. En México, su trabajo solo lo sabían hacer ella y quien fuese compilador en la Liga Mexicana del Pacífico.

“Se volvió una experta en matemáticas, estadísticas y todo lo que rodea estos datos. Tenía una personalidad exclusiva, en un ámbito limitado. Entender el béisbol es difícil porque hay tantas reglas y detalles que lo hacen complicado, incluso para expertos. Ella era una súper experta en ese ambiente lleno de especialistas”, recalcó quien hoy se encarga de la parte de estadísticas y control de jugadores en la LMB y le aprendió la forma meticulosa de ser y de hablar con los anotadores oficiales.

Una frase que César Galaviz recuerda de Ana Luisa Perea es la siguiente: “es importante que cuadres el juego, tiene que estar bien cuadrado”. Quien hoy recopila los datos que envían tanto anotadores como stringers de las 16 plazas de la LMB conoció el lado laboral de Perea, cargó con la responsabilidad de cumplir con la exigencia de un puesto como el que ocupó por un cuarto de siglo la señora Ana Luisa, quien es recordada como “amable y dulce, pero también exigente”. Eso orilló a César Galaviz a sentirse obligado a no cometer un error en su labor.

El lado amistoso le tocó más vivirlo a Yolita Esquivel, quien dejó de ver a su entrañable amiga hace aproximadamente cuatro años.

“La última vez que la vi fue hace como cuatro años. Empezó a perder la vista, imagínate que dolor después de trabajar tanto con sus ojos. Después fallaron las piernas y se empezó a enfermar y solo nos hablábamos por teléfono”, recordó nostálgica Esquivel y agregó que la señora Perea, tras jubilarse, frecuentó a las amistades que sembró en la Liga Mexicana de Béisbol.

La señora Ana Luisa Perea tuvo cuatro hijas: Leticia, Maricarmen, Lilia y Rosa, quienes seguramente estarán orgullosas del hito que fue su madre en el béisbol de nuestro país quien hizo de los números, las estadísticas y las matemáticas una verdadera obra de arte.

 

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