Andanada Intelectual

In Opinión

<p>Quizá sea <strong>Octavio Paz</strong> el mayor intelectual de nuestro tiempo aunque haya partido en 1998, dos años antes de consumarse la primeras alternancia con el folklórico <strong>Vicente Fox</strong> a la cabeza del movimiento a favor del cambio que se quedó en exhorto. Un año y medio antes de su muerte, <strong>Paz</strong> debió ser trasladado a la Casa de Alvarado, en Coyoacán, tras un incendio que devastó su departamento y buena parte de su excepcional biblioteca. La decisión la tomó, desde luego, la administración de <strong>Ernesto Zedillo</strong> para honrar así al primer premio Nóbel de Literatura de nuestro país. Por ello, <strong>Paz</strong> no cesó en elogios para <strong>Zedillo</strong> y fue el primero en proponer que sólo la continuidad política sería garantía.</p><p>Es fama que, tras la masacre de Tlaltelolco, en 1968, cuando <strong>Paz</strong> ejercía de embajador en Nueva Delhi, renunció al cargo en protesta y se desalineó del gobierno de <strong>Gustavo Díaz Ordaz</strong> quien, en una célebre entrevista al fin de su mandato, se refirió al incidente puntualizando que los reproches de <strong>Paz</strong> no habían estado acompañados de la negativa a recibir los honorarios íntegros como embajador que devengaba. Es decir, se trató de un gesto por el que no dejó de recibir sueldo y dividendos en una contradicción severa sobre su postura oficial. <strong>Paz</strong>, desde luego, jamás agregó una sola palabra al respecto.</p><p>Y así no pocos intelectuales mexicanos quienes, a trueque de sus famas, optan por prebendas y manutenciones por parte del Estado y acaban por servir, asís sea con el refugio de una falsa independencia de criterio, al grupo enseñoreado del poder público. Por ejemplo, en los últimos días, el priísta <strong>Enrique Peña Nieto</strong> tropezó con una intolerable confusión: equivocó los títulos de sendas obras de <strong>Carlos Fuentes</strong> y <strong>Enrique Krauze</strong>, los nuevos santones de la vida intelectual mexicana a quienes nadie toca y todos escuchan pasmados como si, al verlos, asistieran al Sermón de la Montaña. Para ellos, y su soberbia exacerbada, el sólo hecho de que <strong>Peña</strong> trastabillara con el conocimiento de sus aportaciones indispensables -<em>"La Silla del µguila"</em> y <em>"La Presidencia Imperial"</em>- es motivo más que suficiente para subrayar la incapacidad, no sólo la opacidad del personaje, parta ejercer la Presidencia de la República.</p><p>Por principio de cuentas, el juicio visceral de sendos personajes -a quienes resultaría difícil responder sobre cuestiones relacionadas con la geopolítica nacional básicas, sin que ello signifique defender la torpe ignorancia de <strong>Peña</strong>-, olvida que un presidente, el panista <strong>Vicente Fox</strong>, no sabía siquiera pronunciar correctamente el nombre y apellido de <strong>Jorge Luis Borges</strong>, el argentino que se aburrió de ser él mismo según dijo, y admirable como emblema de la literatura latinoamericana.</p><p>Esto es: no siempre los buenos lectores han resultado mandatarios. De hecho, me temo que desde la gestión de <strong>José López Portillo</strong>, en la década de los ochenta del siglo pasado, no hemos tenido ningún representante de los "buenos lectores" con la banda tricolor cruzándole el pecho. Quizá por ello, para intentar llenar tal vacío, algunos precandidatos -y otros que quieren incorporarse a la Legislatura próxima, como <strong>Genaro García Luna</strong>-, se dieron a la tarea de escribir textos sobre las rodillas para hacerse notar… como intelectuales, incluido, claro, el multicitado "puntero" de la carrera sucesoria, <strong>Enrique Peña</strong>.</p><p>En fin, <strong>Fuentes</strong> vive en París y desde las tertulias intelectuales salpicadas con <em>café au lait</em> y <em>rosca brioche</em>, la perspectiva mexicana se aprecia de modo distinto. Incluso la represión en Guerrero contra los estudiantes desarmados y alevosamente maltratados, no parece gran cosa aun cuando sirva de pretexto para agolar la voz y extenderse en peroratas sobre la imparable descomposición de México. Fíjense, en esto sí doy la razón a <strong>Felipe Calderón</strong>: los mexicanos solemos hablar muy mal respecto de nosotros mismos sin valorar lo bueno que tenemos…y bque es mucho a pesar de los sobresaltos diarios y de la obcecada e interminable guerra entre las mafias.</p><p>Y <strong>Krauze<u><strong></u></strong> está en lo suyo: buscando hacer del presente, pasado, para mantenerse en la línea de los historiadores. Dicho esto sin soslayo de la admiración que me causan sendos escritores que dejaran profunda huella en nuestro país. Pero, en materia de política, por desgracia, admítanlo o no, sus opiniones siempre han estado sesgadas a sus intereses y a la rutina de quedar bien con cuantos les ofrecen comodidades, promocionan sus premios y enaltecen sus trabajos… aunque no los lean.</strong></p><p>(Permítanme un rasgo de vanidad, que también tengo la mía, sin que ello sea ofensivo para los lectores. Cuando <strong>Fuentes</strong> publicó <em>"La Silla del µguila"</em>, <strong>Rogelio Carvajal Dávila</strong>, considerado el mejor editor mexicano y de quien tengo a orgullo ha sido quien más libros míos ha trabajado, me dijo muy serio: <em>"¡Ahora resulta que <strong>Fuentes<em> acaba por rendirte un homenaje a ti!"</strong></em>. Lo dijo porque el formato del libro señalado es muy semejante al de algunas de mis antiguas novelas, <em>"Presidente Interino"</em> y <em>"Alcobas de Palacio"</em>, entre otras, que abrieron el fuego de la crítica en los años setenta cuando nadie se animaba a cuestionar al presidente en ejercicio. Siempre me he sentido profundamente honrado por esta opinión y me niego, sencillamente, a considerarla excesiva. Con mis disculpas para cuantos se sientan enfadados).</em></p><p>El hecho es que los intelectuales, sin tomar el mínimo riesgo, siempre quieren alcanzar protagonismos a costa de los que están en la línea de fuego.</p><p>Debate</p><p>Así como los intelectuales desconocen, acaso porque están muy ocupados describiendo las costumbres de cada época, los intríngulis políticos, cada vez más sofisticados en el presente por la intervención de los expertos en marketing de importación y sobre todo sin el menor escrúpulo para tender trampas y traspiés, los órganos rectores de la contienda electoral parecen desconocer que aún ellos tienen sus propios límites, entre ellos no acotar, bajo pretexto alguno, la libertad de expresión.</p><p>Los amables lectores saben bien que suelo ser un crítico contumaz de Televisa y Televisión Azteca, sobre todo por el accionar mafioso de sendas empresas de comunicación masiva, y sin embargo debo reconocer que les sobra razón para considerar inadmisible el pretendido "monitoreo" del Instituto Federal Electoral sobre los contenidos políticos de sus series de opinión, aun cuando se pueda estar a favor o en contra de los mismos por cuanto a las expresiones sesgadas difundidas en esos espacios. No obstante, el principio básico de la libertad es el respeto a las opiniones de los demás, incluso cuando se cuestiona, como lo hemos hecho muchas veces, la seriedad y autenticidad de lo expresado; por lo general, y he aquí una limitante severa, ninguno de los participantes de "Tercer Grado", por ejemplo, van a darse a la tarea de oponerse a las líneas editoriales generales d Televisa supervisadas, al dedillo, por <strong>Leopoldo Gómez González Blanco</strong>.</p><p>Pero de allí a la pretensión del IFE de supervisar y, en su caso, sancionar, tales opiniones hay un abismo que pone en jaque, precisamente, a la libre expresión, un valor superior incluso a los derechos electorales porque es, precisamente, un contrapeso contra los signos de autoritarismo que aún perviven. Porque después considerarán que las críticas hacia cualquier candidato deben ser consideradas como espacios generados por sus adversarios para restarles fuerza y con ello pretender disfrazar la censura en todos sus circuitos. Nada sería, desde luego, más deleznable para la democracia todavía incipiente entre los mexicanos.</p><p>Lo que nos queda claro es el temor que producen, en estos tiempos de confusiones, las opiniones que no coinciden exactamente con el criterio superior. ¿Quién habla de que el presidencialismo autoritario ha cesado?</p><p>La Anécdota</p><p>Más de cincuenta mil víctimas y, sin embargo, la verdadera guerra no es la sostenida entre las mafias para ganar territorios y asegurar las "exportaciones" de drogas que, por cierto, no han disminuido en un solo gramo. En estos momentos, como sabemos, las andanadas principales tienden a anular a los adversarios del continuismo político para, con ello, asegurar el éxito y la expansión de los grandes corporativos estadounidenses e hispanos en franca competencia por apoderarse de nuestros recursos… como cuando los conquistadores se llevaron el oro y la plata de las "Indias".</p><p>De allí el operativo montado por degradar a los postulantes del PRI y el PRD mientras los panistas juegan al debate y acaparan candilejas, Ellos mismos saben que están entre la espada y la pare: el candidato del presidente marcha a la zaga en un partido caracterizado, desde hace muchas décadas, por su misoginia. Y una mujer, precisamente, marcha en cabeza. ¿Cómo lograr que las cosas salgan como pretende la casa presidencial? En esto radica la madre de las batallas proselitistas.</p><p>Mantengo bloquedos mis accesos a las redes sociales y a los correos cibernéticos. ¡AsÍ de duro les pegÙ "nuestro inframundo"!</p>

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