Círculo virtuoso y círculo vicioso

In Opinión

GERMÁN ANTONIO GÓMEZ DUARTE

La política fue, durante mucho tiempo, la práctica de la ignominia, del abuso, de la maldad, y de cuanta perversión compartida con el gobernante en turno se pudiera ejercer.
Como seres inmersos en una sociedad con vastas relaciones de cercanía, vecindad y consanguinidad, que se suman a lo pequeño de nuestras comunidades, todo se sabía y la mayoría de la información se ocultaba. Las ofensas contra el conglomerado social crecían; se sabía del tráfico de puestos para los hijos de los que ya estaban en el poder, se les daba el mejor lugar sin ningún merecimiento propio; los esfuerzos de tantos años de estudios de muchos ciudadanos valiosos se estrellaron contra el nepotismo y la ambición de los poderosos. El escenario para el grueso de la población era gris y sombrío.
Así supimos de amantes, hijos del segundo y tercer frente, vicios como el alcoholismo, la drogadicción, el tabaquismo, intercambios de parejas, preferencia por el mismo sexo, etc. todo “oculto” pero a sabiendas de la mayor parte de la sociedad. “Lo que se ve no se juzga” era su refrán favorito para ocultar su falta de honradez al presentarse ante el público votante al que le pedían confianza en sus personas y dichos. La política se corrompió en todos sus frentes; “el que no tranza no avanza”, era otra de sus frases con las que pretendían justificar su comportamiento aberrante de dilapidación y saqueo.
Muchos jóvenes brillantes dejaron el terruño, sus lazos afectivos sufrieron la lejanía, la soledad, el abandono. Nada les importó a los poderosos, su ambición estaba desbordada. Pero, mucho de este comportamiento se debió a la pasividad y apatía de la misma gente que cuando criticaban lo hacían con el afán de ser tomados en cuenta y los metieran en ese mundillo de desparpajada corrupción.
Se les fue perdiendo el respeto a los políticos, el pueblo los dejo solos y comenzó a buscar líderes que representaran sus anhelos de desarrollo y crecimiento en todos los sentidos.
Y así, hoy vemos a un gobernador campechano incansable, inaugurando obras, yendo a la capital del país a conseguir fondos para diversos proyectos sociales, sumándose a grandes proyectos de infraestructura que serían detonantes de la economía del ESSSSSSSSSSSSSSSSSSZAstado, escuchando a la gente, acercándose a los otros niveles de gobierno para sumar esfuerzos en beneficio de la población, etc.
A un gobierno eficiente se le reconoce su trabajo y se le respeta como gobierno y como personas.
Carlos Miguel Aysa está en la liza política dejando una impronta positiva, su propia impronta de trabajo tenaz, duro, de resultados para toda la población. Sus obras perdurarán a través de los años y la sociedad, toda, lo sabe.
Estos méritos han llevado a los campechanos de buena cepa, a los bien nacidos, a identificar con agrado tales esfuerzos y regresarle al gobierno la confianza, la fe. Pero todavía falta mucho tiempo por transcurrir para el término del sexenio y la masa, toda, necesita un final laborioso, de culminación de los esfuerzos transformados en obras de amplio beneficio social.
Los últimos estudios electorales revelan que los campechanos reconocen el trabajo realizado por el Gobernador Carlos Miguel Aysa González y sus colaboradores, como Pedro Armentía López, Srio. Gral. de Gobierno.
Sigamos observando, analizando y reconociendo el trabajo hecho, los resultados palpables.
Servidos.

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