Covid 19. Mal de muchos, consuelo de… los que sufren

In Opinión

Vicente GALVÁN GUTIÉRREZ

En lo que va del año, mucho se ha hablado, escrito, pensado, temido y vivido, acerca del presente tema; no quisiera atiborrarlos a ustedes lectores, con estadísticas, números y desgracias propias de lo que se está sufriendo, trataré de abordarlo desde una óptica distinta y amena.

Si hemos de tocar sólo aspectos sensibles de lo que ha representado la pandemia, abriría con el número de contagiados y fallecidos; después señalaría la importante y desgraciada pérdida de empleos y contrataciones de personas que llevan el sustento a la familia; es decir, los que proveen de lo necesario para vivir y subsistir; hablaría de la micro y macro economía que, por propia inercia, va a la baja y ha orillado a la consecuente reducción del poder adquisitivo de quienes nos leen y por lo tanto, hay carencia de los satisfactores indispensables, necesarios y básicos para sobrellevar una estancia decorosa en esta vida que, si bien, no era la deseada, sí se ha venido deteriorando y acercándose cada vez más, a extremos propios de un indeseable estatus de riesgo y alarma. La población está a pocos grados de no soportar tantas privaciones.

Es penoso salir a las calles y observar un cadavérico espectáculo de personajes que caminan sin tener la certeza de saber a dónde va, se les ve temeroso, incierto de lo que el destino o el contagio les deparen. Cuando la muerte está cercana y se percibe, la población la intuye y particularmente se sobrecoge con tan sólo pensar que lo inesperado, está próximo, está por ahí.

Se han puesto, por necesaria moda, la agobiante relación cotidiana, derivada de una monótona estancia que te obliga a permanecer en unos espacios, en los que, en el mejor de los casos, es de 70 metros cuadrados, con personas que, si bien, son de tu familia, forman parte de un actual escenario que, unos meses atrás, no estaba cotidianamente contemplado.

No se puede concebir este escrito, sin señalar cifras que finalmente, nos ubican y posicionan en la desagradable realidad de saber, en dónde estamos parados. Curiosamente y con mucho, Estados Unidos abandera con la cifra 7.8 millones de contagios; seguido de la India, con 6.9 millones; Brasil, con 5 millones; Rusia, con 1.3 millones; Colombia, con 886 mil; España, con 884 mil; Argentina, con 856 mil; Perú, con 838 mil y finalmente México, con 804 mil contagiados.

Sin embargo, el indeseable dato, es el de los lamentables decesos, que son los siguientes: Estados Unidos, 218 mil; Brasil, 149 mil; India, 107 mil; y México 83 mil (al 10 de octubre), hablando solamente de quienes han pasado por un hospital y han tenido un reconocimiento médico; es decir, sin contabilizar a aquéllos que tristemente han fallecido en su casa, en la calle o en la total ignominia.

Desafortunadamente, no son estadísticas gratas, pero son las que tenemos que soportar, aguantar y sobrellevar. Los que han tenido esta experiencia, mis sinceras condolencias, los que aún sufren las secuelas, mi real conmiseración, pero los que cotidianamente tienen que vivir y ser copartícipes en esta colectiva enfermedad, son las personas con quienes debemos estar moralmente más cercanos y allegados a sus necesidades, sentimientos, pegados al corazón, conociendo e involucrándonos en sus carencias y requerimientos materiales y espirituales.

La inesperada cercanía con la familia, el actual modo de vida, exigido de la tecnología y formas de actuar, trabajar, decidir, estructurar, planear y tener presencia laboral remota, a través de los medios cibernéticos de comunicación, debemos considerar que es una normalidad que llegó para quedarse. ¿Cuándo terminará esta pandemia? No lo sabemos, de lo que sí hay certeza, es que habremos de continuar protegiéndonos, cuidándonos y siendo muy acuciosos de nuestro entorno, medio ambiente y convivencia.

A lo anterior, debemos añadir un término denominado Sindemia, que es una palabra proveniente de sinergia y pandemia, que es cuando 2 enfermedades o más interactúan de forma tal, que causan un daño mayor que la mera suma de ambas enfermedades; se dice que es la suma de 2 o más epidemias o brotes de enfermedades recurrentes o secuenciales en una sociedad, con interacciones biológicas.

Hago particular énfasis, en mi muy anhelado deseo, de que, esto sea pasajero y nos traslade a un modo de vida distinto, pero mejor; ojalá que el mal de muchos, no se convierta en consuelo de tontos y que realmente se dé aquello de que, de los males, el menos.

Gracias por leerme. Tengan excelentes días.

 

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