Cuando la mirada tiene como único instrumento, el corazón. Un fulgurante rayo de luz que no se apaga, ni quiere

In Opinión

Corría el mes de noviembre de 1994, cuando por azares del destino, tuve que viajar a un norteño Estado de la República para acudir a una ceremonia luctuosa, en esa ocasión, tuve la oportunidad de conocer a un entrañable personaje, a quien voy a referirme hoy.

Propietario de una refaccionaria de partes automotrices, dirigía este bien ubicado y acreditado negocio, en el que se desenvolvía con soltura, esmero, entusiasmo y dedicación, atendía personalmente a sus clientes con interés y camaradería, cobraba el producto de las ventas, se encargaba de reabastecer y formalizar los pedidos de mercancía; colaboraban con él 2 o 3 empleados de planta; es decir, generaba empleos. En la refaccionaria, se apreciaba orden, limpieza, las piezas en perfecto acomodo, era administrada con cuidado y diligencia, puntual en sus horarios de entrada, la hora de comida, para el cierre del negocio, estando listo para el diario corte de caja. Hasta aquí pareciera un relato común, doméstico, cotidiano, pero lo destacable de estas líneas, es que la persona a quien describo, es invidente.

Habiendo tenido una enfermedad irreversible, ésta lo condujo a la completa ceguera, lo cual no lo ha amilanado ni se ha echado para atrás, por el contrario, aunque su formación fue sólo básica, emprendió una carrera más que profesional, habiéndose formado sólidamente, al elegir en la vida, materias sustantivas como son: emprendedor de negocios, amor al trabajo, honestidad, entrega, excelente comportamiento humano, relaciones públicas y contabilidad, matemáticas e ingeniería, empíricas. Esas cualidades, junto con las de su esposa y la empresa que crearon, les permitió acumular algunos bienes y satisfactores, con los que formaron una hermosa familia y un lindo hogar, en el que se respira armonía, tranquilidad y paz. Procrearon 6 hijos, que fueron formados profesionalmente, con grado de licenciatura concluida, siendo todos ellos, gente de bien y con un futuro estable y sustentable.

Poseedor de una excelente memoria, tiene en mente las voces de los amigos que lo saludan personalmente o por teléfono, ubicándolos inmediatamente, tiene como entretenimiento el béisbol, habiendo llegado a presidir el Club de Veteranos de su tierra, ha sido entrenador de ligas infantiles, manager. Actualmente, se distrae escuchando los partidos de su juego favorito, en la radio y en la televisión, de la Liga Mexicana del Pacífico y de las grandes ligas, siendo admirador de los Yanquis de Nueva York, cuando escucha un partido, sabe los nombres de quienes están jugando, los que van a entrar a batear, los que van a pichear, sabe qué jugada van a lanzar, en fin, a pesar de su limitación visual, es todo un conocedor y experimentado aficionado al rey de los deportes; hace algunos años, todavía sostenía partidas de dominó con sus compañeros, participando en la cuarteta como un jugador más.

Amante de los viajes, gustaba y le fascinaba salir a dar la vuelta a su casa de playa, a ciudades hermosas, salir a saludar a los contemporáneos, ir a lugares de distracción, comer algo sabroso y disfrutar de una buena Pacífico bien fría, acompañado de un buen comensal.

Amigo a cabalidad, excelente narrador, gusta de platicar y de charlar con quienes se le acercan para hacerle más grata la estancia y compañía, opina de política, gusta que le lean los periódicos, orienta a quienes le piden consejos, siempre sonriente, de buen humor, y revirando a las bromas que le profieren.

Por 61 años sostuvo un matrimonio, con una excelente y guapa compañera de toda la vida, quien en los últimos 30 años que ha padecido la ceguera, lo guio, lo condujo, lo ayudó a desplazarse por todas partes, eventos sociales, caminar seguro por la calle, en la casa, en todo lo que se requería, prestándole su vista y compartiéndole generosa y bondadosamente, sus ojos, para que pudieran ver ambos. Lamentablemente, el mes pasado falleció su esposa, suceso que considero, es como si, nuevamente, se hubiese quedado ciego.

La bien integrada y cariñosa familia, hijos, nietos y demás, lo acompañan y le ofrecen sus vidas para que su estancia, en la medida de lo posible, siga siendo placentera, luminosa y llena de dichas, a sus 88 años de existencia.

Resalto esta vida como un ejemplo a seguir, que nos inspire, nos aliente y nos invite a ser mejores, que nos haga más agradecidos con Dios, que siga siendo una guía y un interminable faro de luz que nos ilumine y acompañe por siempre, mis mejores deseos y bendiciones para que así sea.

Siempre será un placer estrecharlo, abrazarlo y mantenernos en comunión imperecedera.

19-de noviembre de 2020.

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