De almas reprimidas

In Opinión

<p> Si nos atenemos a la cronología, hace ciento un años inició la Revolución con el martirio de los hermanos Serdán en Puebla -quienes recibieron tarde la notificación de retrasar el alzamiento-; los hechos, sin embargo, indican otra cosa: las condiciones que incendiaron al país perviven aún en la ominosa diferencia de clases y en los abismos entre poderosos con enormes recursos y una gran comunidad depauperada. Sugiero a los lectores, como cada año, leer la obra toral de <strong>Francisco Madero</strong>, <p+>"La Sucesión Presidencial en 1910", para asumir que éste era un visionario capaz de dibujar el perfil del país en la perspectiva de un siglo de adelanto.</p+></p> <p> <p+> <p> Una centuria, sin duda, con apretados episodios, los más cargados de barbarie bajo los siete candados de la impunidad, y una secuela disimulaciones y mitos geniales -hasta la pobreza fue catalogada como tal por el salinista <strong>Pedro Aspe Armella </strong>en plena eclosión supuestamente reordenadora-, que apenas modificaron el entorno de profundas injusticias que nos han obligado, una y otra vez, a anclar lastimosamente.</p> <p> Nadie, mucho menos en la línea festiva, manifiesta voluntad alguna para desentrañar la cuestión de fondo: ¿cómo es que una nación con tantos recursos y tantas riquezas, suficientes para ser erigida en potencia mundial, no tiene más destino que las cadenas de la deuda externa y el <strong>saqueo indiscriminado de los especuladores</strong>, mientras las mayorías pierden poder adquisitivo y se despeñan?</p> <p> Sobre el particular, en los días recientes, he sostenido conversaciones con algunos de los dirigentes connotados del país y, sobre todo, con académicos serios. Unos y otros señalan hacia un factor, frecuentemente citado en esta columna: la <strong>asfixia presidencialista </strong>por la cual, desde hace varias décadas, abortaron los liderazgos naturales a cambio de extender la disciplina como recurso fundamental para asegurar carreras, canonjías y comodidades.</p> <p> Con una voluntad central férrea e inamovible, que estrenaba nuevo rostro cada seis años sobre un sistema en <strong>apariencia anquilosado </strong>pero resistente al máximo nivel, cesaron las iniciativas propias y acaso igualmente los talentos, supeditados al mandante en turno, que no mandatario, visto acaso como una deidad, perentoria pero absoluta, esto es con patente de caducidad pero todopoderosa mientras duraba su ejercicio.</p> <p> Todo lo demás es consecuencia. La atrofia del modelo político y la complejidad de una transición con la que se prometía el cambio y desembocó en la traición aviesa hacia cuantos lo reclamaron y avalaron, obligó a las llamadas "nuevas generaciones" a buscar otros destinos, concretamente en el sector privado, con desdén manifiesto hacia el <strong>servicio público </strong>estigmatizado por la <strong>indiscutible infección de sus basamentos</strong> y, sobre todo, de sus dirigentes corruptos. Pese a ello, el corporativismo pervive y se sostiene como un de los pilares para asegurar la continuidad política y con ello extender garantías de estabilidad al poder económico.</p> <p> Pero eso no es todo. En los centros educativos superiores del país hace tiempo sonaron las alarmas ante una evidencia inocultable: los <strong>puestos directivos</strong>, en donde se toman las grandes decisiones, son <strong>exclusivos </strong>de los que exhiben <strong>postgrados cursados en las universidades anglosajonas </strong>o, peor aún, de los <strong>extranjeros que dominan el entorno financiero </strong>y aparecen, con sueldos en dólares o euros -las equivalencias en pesos son poco menos que secundarias-, en la medida en la que se mantiene la expansión de los grandes corporativos beneficiados por las ofertas mexicanas y, también, por su capacidad para convertir a la clase política en boga en sus mejores aliados por la vía de las sociedades y los amarres subterráneos.</p> <p> A esta tendencia la he calificado como la <strong>"reconquista"</strong>, una definición que, en estos días y en el contexto de las precelebraciones patrias, resulta francamente odiosa… aun cuando sea reflejo de la realidad. ¿<strong>Alguien se anima a debatir</strong>, en serio, sobre esta circunstancia tan dolorosa? Porque, de hecho, a través de la historia de nuestro país pocas veces han sido tantos los elementos de dependencia que maniatan las posibilidades de desarrollo y transformación.</p> <p> Lo que, de verdad, aterra es el <strong>desperdicio contumaz </strong>de nuestro mayor recurso, el <strong>humano</strong>, descalificado rutinariamente por cuantos estiman que nuestro pueblo sólo está destinado al vasallaje. Como pueblo conquistado, alegan, <strong>no hay espíritu triunfador entre nosotros</strong>. ¿Vamos a seguir atrapados por tal falacia? Interrogo a mis amables lectores y deduzco que han leído estas líneas con el gesto descompuesto.</p> <p> DEBATE</p> <p> Hace un tiempo, en su despacho del antiguo Palacio del Ayuntamiento en la ciudad de México, el jefe de gobierno, <strong>Marcelo Ebrard Casaubón</strong>, me lanzó una pregunta como si fuera una quemante bola de "strike":</p> <p> -¿Sabes tú cuál es el verdadero problema de México?</p> <p> -Hay tantos -respondí, un tanto evasivo, para que él se animara a definir.</p> <p> -Pero uno sobresale de los demás. ¿No te imaginas a qué me refiero? A la mediocridad, por supuesto.</p> <p> Explicó entonces que el <strong>sector público </strong>estaba poblado de <strong>improvisados, arribistas e incompetentes </strong>dispuestos a cubrir los cargos por eliminación. Esto es: a falta de postulantes capaces, en el mundo de los ciegos, cualquier tuerto es el rey.</p> <p> La secuencia comenzó, quizá, con la cancelación de los liderazgos naturales y concluyó con la marginación de los más capaces respecto a las tareas de gobierno. Son muy <strong>pocos los egresados con altas calificaciones </strong>que se plantean ingresar a la estructura gubernamental con <strong>propuestas vanguardistas </strong>y dispuestos a construir escenarios para el futuro. Los más, desde luego, prefieren labrar fortunas con la mayor rapidez y retirarse sin agobios para disfrutar de sus entornos.</p> <p> Una lúcida intelectual concluía al respecto:</p> <p> -Con este panorama es evidente que los muchachos son blancos muy vulnerables para los grupos delincuenciales: con el anzuelo del dinero fácil los "pescan" casi automáticamente.</p> <p> También esta guerra la estamos perdiendo. Y es de mayor calado que los enfrentamientos de las mafias con el ejército y los judiciales, cuyos cuadros están infiltrados y obviamente condicionados en buena medida. ¿Cómo suponer, en estos términos, que pueden cumplir con sus deberes primigenios? No por otra cosa el Episcopado, al término de su Conferencia, solicitó que los militares cesaran de mantener las calles bajo sus controles con los consiguientes abusos de autoridad. (Al respecto, los gobernadores norteños tienen una larga lista de excesos por parte de las patrullas castrenses contra una población en estado de indefensión. Y, para infortunio general, la Secretaría de la Defensa apenas reacciona).</p> <p> No son consecuencia de la mala fe ni del oportunismo, por tanto, los constantes llamados de la sociedad civil para intentar frenar los <strong>abusos constantes </strong>de quienes, dicen, combaten a las mafias… pero <strong>medran con ellas debajo del agua</strong>. Y esto, por supuesto, lo conoce el mandatario federal quien, pese a las evidencias, prefiere dejar las cosas como están para evitarse mayores presiones… endosándolas al colectivo, insisto.</p> <p> LA ANECDOTA</p> <p> Visito el <strong>Instituto Politécnico Nacional </strong>y me encuentro a una comunidad en plena labor creativa a un mes de que la Presidencia señale al nuevo director -o directora- de la misma. ¿No es momento para comenzar a exigir una plena autonomía en pro de esta institución emblemática?</p> <p> Precisamente, la actual directora del plantel, <strong>Yoloxóchitl Bustamante Diez</strong>, me confió:</p> <p> -Yo llamo al fenómeno actual el "genocidio mental". Porque se está minando, considerablemente, el capital humano con proyecciones lastimosas hacia el futuro inmediato.</p> <p> Basta analizar lo explicado en esta columna para entender el porqué de la severa preocupación. Abundaremos.</p> <p> E-mail: <strong>[email protected]</strong></p> </p+></p>

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