De mucho, un poco…

In Opinión

Hernán ARANDA GONZÁLEZ

Qué hacer con Rosario

Para comenzar, nada que ver con rasgos de misoginia. Como muchos, no de ahora, no se puede ser en absoluto admirador, seguidor, ni medianamente simpatizante de la ex jefa de gobierno del antiguo Distrito Federal, y titular de un par de dependencias en el gobierno de Peña Nieto.

Tampoco se puede creer en la inocencia de la distinguida dama hasta el grado de exculparla de los cargos que le atribuyen. Por acción, por omisión, si no es que por silencio cómplice, pero no puede de ninguna manera ser ajena a lo que se maneja en su carpeta de investigación.

Tal vez su reiterada queja de que está siendo víctima de una conjura tiene que ver con un pasado político que conoce bien. Y aunque no son precisamente del dominio público, se comenta que sus acciones desleales al grupo al que una vez perteneció, y en especial a su antiguo amigo, jefe y protector, la alejan de la posibilidad de conmover a quienes hoy la juzgan.

De acuerdo con lo que muchos piensan, se trataría de un acto de represalia cuidadosamente instrumentado y meticulosamente llevado a cabo para devolver daño por daño a la otrora aliada y luego ariete para descarrilar el proyecto político de su benefactor. Por cierto que, casi lo logra, o lo logró durante un tiempo.

Algo se intuye y dijéramos que no pinta bien en el caso de la señora. Se explica en la respuesta puntual y en el mismo sentido de cada recurso interpuesto para ponerla en libertad. La intención de dejarla parcialmente libre para enfrentar el juicio desde la calle, ha fracasado sin remedio. La ex funcionaria continúa en prisión cual reo de alta peligrosidad.

Un detalle tan baladí como un error en el domicilio anotado en el tarjetón de trámite de la licencia de manejo, suponiendo que no hubiera sido manipulado como alega la defensa, la puso a buen recaudo en la prisión de Santa Martha Acatitla. Como si se tratara de frenar un inminente escape hacia otro país.

Descontado que si de lo anterior se tratara, la señora por confiada no se marchó hacia alguna nación con la que México no tenga nada que ver en cuestiones de extradición. Así dicen que sucedió con un jovenzuelo arrogante que ya casi no es mencionado a pesar de lo estratosférico de la cantidad de retorcidos billetes verdes que le atribuyen.

Aquí entre nos y desde la visión de alguien que sabe, poco, pero sabe, de derecho, la señora pudiera estar en la tranquilidad de su hogar, bajo proceso, pero en libertad. Sujeta a cualquier medida preventiva para garantizar su permanencia en territorio nacional. Con el uso de brazaletes electrónicos, implantes, chips, custodia permanente, hasta grilletes infamantes si se desea, pero en su casa y con su familia.

Alguien podría suponer que los juzgadores, en una interpretación muy personal de las leyes, le han negado la posibilidad de enfrentar el proceso desde afuera, porque quieren exhibirla como ejemplo viviente de que en este sexenio el combate a la corrupción es cosa seria. Pudiera ser, no se sabe.

Otro podría pensar que la intención es humillarla y doblegarla sometida al tormento sicológico que representa el encierro. En un mínimo espacio, sin vestidos de diseñador, sin los zapatos y bolsos de marca que lucía con altivez, sin sus elegantes peinados y lujosas manicuras, lavando sus uniformes de convicto. Sin derechos, como castigo a su deslealtad al líder.

Podría ser también, nadie podría asegurar lo contrario, que se trata de una estrategia bien planeada para presionarla a dar información que seguramente posee en torno a la llamada “Estafa Maestra”. Para que dé los nombres de quienes se quedaron con el abundante dinero sustraído de las arcas públicas que corrió como ríos en beneficio de unos cuantos.

Ciertamente que los miles de millones que se achacan a la señora, no se esconden fácilmente. Ni la alfombra y menos el colchón de la cama tienen espacio suficiente para resguardar tanto dinero. Toneladas de billetes, suponiendo que los trafiques hubieran sido en efectivo.

Mejor regresar los pasos y en cada operación, seguir la ruta del dinero desde las secretarías que lo erogaron. Podría llevarnos hasta alguno o muchos de los paraísos fiscales donde el billete aguarda ser retirado. Lo que sea necesario para dejar la saña sólo contra Rosario, ya ha recibido suficiente castigo. Redirijan las baterías, podría haber muchas sorpresas.

CADA MAÑANERA ALGO NUEVO

Ni en esta columna ni en su autor existe antipatía hacia Andrés Manuel López Obrador. Él es, a contrapelo de sus malquerientes, el presidente de todos los mexicanos. Hay que reconocerle habilidad política, magistral manejo de la información y sentido de la oportunidad. Los errores de sus oponentes, como sea los convierte en puntos a su favor.

Su persistencia, mezcla de parsimonia, lo llevó hasta en tres ocasiones a la candidatura con los resultados que ya conocemos. Supo aprovechar el recurso de los medios no convencionales para encumbrarse a partir de emular aquella estrategia del rumor de que era “un peligro para México”. Con paciencia la revirtió contra sus rivales, y vaya que contó con material.

Sus conferencias mañaneras y sus redes incondicionales, difunden sus proclamas, desvían la atención de las carencias y las convierten en reclamos a sus adversarios a los que insiste en descalificar. Sus seguidores aplauden sus propuestas por irrealizables que parezcan. Primero fue la “rifa”, ahora, los “puentes” laborales han asomado a la variante agenda presidencial.

En el pasado, las incapacidades médicas y las ausencias injustificadas, prolongaban los períodos de asueto tras algún día feriado, en una versión no consentida pero tácitamente aceptada de los llamados “puentes”.

Por ellos surgió desde el mismo gobierno la iniciativa de los “fines de semana largos” que, bien organizados, se convirtieron en derrama económica para los prestadores de servicios de destinos de playa, de ciudad y de montaña que repuntaban sus ventas y compensaban los días malos. Y sin castigos, descuentos o represalias.

Ahora, el presidente se propone poner punto final a esta estrategia ya legislada e incorporada al calendario oficial. Naturalmente, cuenta con la simpatía de sus diputados y sus autoridades, aunque no con un sector muy amplio del comercio y los trabajadores. Quién vencerá, ya nos hemos anticipado a suponerlo.

… Y ALGO MÁS

Sufragio Efectivo

El rumor corrió como reguero de pólvora. Casual o manipulado con intención; sin embargo; no cayó mal entre quienes saben de política y entienden el rumbo de los nuevos tiempos. El nombre del gobernador Carlos Miguel Aysa González empezó a ser mencionado para participar la próxima contienda electoral.

Hábil como político y experto en temas de seguridad, alguna vez lo escribimos, ocupó el cargo de Secretario General de Gobierno con profesionalismo y absoluta lealtad. Discreto, serio, pero efectivo en la importante labor que tenía bajo su responsabilidad. Jamás actuó con protagonismos, y siempre guardó las formas para no opacar la figura del entonces jefe del ejecutivo, Alejandro Moreno Cárdenas.

Cumplido el mandato del Congreso, inauguró un nuevo estilo de gobernar: apartado de sus oficinas mientras le es posible y en permanente contacto con la gente. En sus giras de trabajo ofrece resultados. La gente ya no hace largas esperas, aguarda en su casa al gobernador y lo entrevista mientras se come un taco, inaugura una obra o recorre calles y caminos.

Su estilo de gobernar le ha atraído a Aysa muchas simpatías. No tiene preferencias. Sirve a los campechanos con dinero de los campechanos, sin fijarse en colores ni partidos. La recompensa ya se ha presentado y se le menciona como posible candidato, rumor al que él mismo salió al paso. “Yo soy un Constitucionalista y agradezco las muestras de afecto y simpatía, pero mi periodo termina en el 2021 y por ahora no me distraigo y estoy dedicado a trabajar”, dijo.

Aún es temprano y habría que analizar sin pasiones si en estricto derecho la propuesta representaría una reelección, pero antes, el Congreso lo nombró y el Congreso y la sociedad tienen la última palabra. Mientras tanto, hay que recalcar que si lo anterior se diera, no sería caso único, tampoco inédito: Víctor Cervera Pacheco fue gobernador de Yucatán durante una década, cuatro años como interino y sustituto, y seis más electo por los yucatecos. No falta mucho y ya veremos cómo se despeja este nuevo panorama.

 

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