De mucho, un poco…

In Opinión

Hernán ARANDA GONZÁLEZ

La pandemia y la línea de flotación

Dicen los entendidos que la vida pudo originarse en el mar, evolutivamente y a partir de microorganismos. De ahí surge la atracción por la salada inmensidad azul. Base de sustento, atractivo visual y de esparcimiento, pero principalmente, vía de comunicación abierta. Parte del progreso de la humanidad se ha fincado en la navegación de sus aguas.

De las naos fenicias Mazarrón con ocho metros de largo y capacidad de cargar tres toneladas utilizadas setecientos años antes del nacimiento de Cristo; pasando por las Knarr vikingas de los siglos VIII al X después del Nazareno, con catorce metros y veinticinco toneladas de arrastre; hasta el CSCL Globe chino de cuatrocientos metros de eslora que transporta ciento ochenta y seis mil toneladas de carga, existe evidencia de un enorme avance.

A pesar de todo el progreso, desde la más remota antigüedad hasta la fecha, si bien las embarcaciones han crecido exponencialmente e incrementado sus capacidades al infinito, ciertos principios básicos permanecen inalterables. Flotabilidad, estabilidad, solidez, impermeabilidad, propulsión, gobierno, espacio, autonomía, economía, siguen presentes desde la torre más alta o el pantoque más profundo hasta la línea de flotación.

Partimos de la idea de que “un barco o buque es un objeto flotante que en su estructura se muestra simétrico con respecto a un plano longitudinal-vertical- y que, dotado de unas cualidades dependientes en mayor o menor grado del fin a que se vaya a destinar, sirve para surcar las aguas”. Explicable en lenguaje llano: si se inclina, hace agua y se hunde.

Línea de flotación equivale a la intersección de los costados del buque con la superficie del agua. Esta línea separa en cada momento la parte sumergida del navío de la que emerge a la superficie. Es por ende la sección más sensible de la estructura, y en la que con mayor facilidad pueden suscitarse daños, de los más simples hasta los catastróficos.

Evoco la aparición del treinta y nueve al cuarenta y cinco de los temibles submarinos U-boote con la amada svástica del führer a sus costados. En la Batalla del Atlántico, sus bien entrenados torpederos apuntaban con especial tino a la popa de los barcos británicos, en el punto exacto de su línea de flotación. Con el impacto, se perdía la estabilidad, la impermeabilidad, la capacidad de mando y, por ende, sobrevenía el hundimiento.

Si la parte más sensible de una estructura recibe un impacto, externo o auto infligido, como consecuencia, podría darse una pérdida parcial o total del equilibrio y la verticalidad. Un golpe severo a la línea de flotación, implicaría un daño de lo más sencillo a lo más grave, de acuerdo a la resistencia del objeto impactado y la capacidad de reacción del conductor.

Pero bueno, al estilo de la columna y del columnista, no es esto en parte o en todo una investigación histórica de la navegación a través de los siglos. Menos aún se trata de un estudio de ingeniería naval y de los cambios evolutivos de los viajeros de los mares. Esta cuestión es, ni más ni menos, que de carácter político.

Así las cosas, empeñados en hacerse cada vez más fuertes, la 4T y su timonel, se han visto afectados por la pandemia y por la amenaza de una muy grave crisis económica. Su mejor escudo, la popularidad del presidente y, con todo y sus fetiches y ocurrencias, su bien ganada fama de honesto. Nadie hasta hoy ha podido acreditarle actos personales de corrupción.

La honestidad de Andrés Manuel López Obrador no ha sido del todo replicada por sus colaboradores. Mientras acusa a funcionarios anteriores que hicieron de las suyas, algunos de los propios hunden las manos en el fango hasta los codos, y echan por tierra su “vámonos respetando, no somos iguales, que no me confundan porque eso sí calienta”.

Para muestra, un botón, y de los más sensibles, la compra opaca y a precios desproporcionados de respiradores pulmonares de pésima manufactura. Criminal actitud y no sólo deshonesta que está siendo revertida después de ser defendida por el mismo titular del IMSS.

Pasada la contingencia que esperamos sea con bien, veremos si la premisa principal de campaña de no mentir, no robar sale a flote y sirve para dar un soplo de aire fresco a la labor del presidente y de su equipo, o como piensan algunos de su mismo partido: El saqueo habrá sido un disparo certero a la línea de flotación de la 4T.

El mal ejemplo en tiempos de pandemia

Una conferencia mañanera de mitad de semana mandó un mal mensaje, o más bien, una señal equivocada a la gente incrédula: el presidente, un hombre de sesenta y seis años, vestido de gris con una traje sencillo, abre el evento con un breve discurso y cede el uso de la palabra al doctor Jorge Alcocer, secretario de Salud, de setenta y cuatro.

El secretario señalado, al igual que los restantes colaboradores, para no desentonar con su jefe y seguir su ejemplo, no usan cubre bocas, ni mascarillas, ni guantes, ni siquiera hacen uso del gel antibacterial o del agua y el jabón para las manos. En algunos casos, tampoco guardan la que ha dado por llamarse “sana distancia”.

El micrófono que usó Andrés Manuel López Obrador, sin ser sometido a ninguna clase de proceso de sanitización, fue utilizado por el doctor Alcocer y por todos los funcionarios que hicieron uso de la palabra. Ubicado a menos de veinte centímetros de los labios de los oradores, sería una fuente directa de contagio en caso de que cualquiera de ellos fuese portador del malhadado virus que nos tiene en jaque.

La gente que se resiste a quedarse en casa, y peor aún, a guardar la distancia en los lugares de reunión, reciben directamente la señal de que no está pasando nada. Que el virus es un “cuento chino”; que tal vez se tenga ya la ansiada vacuna. O que el popular doctor López-Gatell tiene razón y la “fuerza moral” del primer mandatario, con sus frases de exorcismo, medallas y amuletos, es superior a cualquier amenaza o asechanza.

Lo malo es que el exhorto a abrazarse, a besarse y salir a comer a fondas y restaurantes, sigue calando el  ánimo de los torpes e imprudentes que hacen fiestas y acuden a mercados como si no existieran riesgos. Gente que no cree en el confinamiento ni en la distancia social, y sigue diciendo que los médicos solamente quieren internarlos para “robarles el líquido de sus rodillas”, principalmente el de la derecha porque es más caro ¡Benditas redes sociales!

… Y ALGO MÁS

¿Cómo para cuándo volveremos a la normalidad?

¿Cómo para cuándo -pregunta muy seria y formal la entrevistadora- terminará el problema con el Coronavirus? ¡Nunca!, responde entre preocupado y pensativo el entrevistado. Ambos tienen razón: la periodista, porque su pregunta resume la angustia de la sociedad. El científico, porque sabe que no se trata de una moda pasajera.

Cronológicamente, por la fecha de inicio del traslado comunitario de la carga viral, su expansión y el aumento de la ola de contagios, Campeche se encuentra con dos o tres semanas de atraso respecto de ciudades fronterizas como Tijuana; de alta concentración humana como la Ciudad de México; o de gran movilidad turística como Mérida y Cancún.

Consecuentemente, las tres ciudades sortean de diferente manera la etapa de “aplanamiento de la curva”, y del descenso paulatino de la ola de contagios; o están a punto de alcanzarlas. Aquí se vive el epicentro y la hora exacta de guardarse en casa y disminuir la movilidad social.

El gobierno federal propone regresar a una “nueva normalidad”. Ni más ni menos que recuperar paulatinamente el ritmo de vida a partir de un esquema que comprenderá el retorno a las actividades cotidianas de acuerdo con el grado de incidencia de la pandemia en las diferentes regiones. Pero eso sí, bajo la guía de las respectivas autoridades estatales.

Aquí, un pequeño ejército ejecuta programas de apoyo a empresarios, a trabajadores y a familias vulnerables. Detrás de las mascarillas, el gobernador Aysa González, su esposa Victoria Damas, Armentía, González, Castro, algunos diputados, funcionarios municipales, así como gente altruista, están en la tarea a nombre de todos los campechanos.

Si alguien piensa que en unas semanas estaremos viviendo de la misma manera que lo hacíamos el invierno pasado, déjeme decirle que no será así, y por lo que resta del año, y mientras no se encuentre una cura efectiva o una vacuna universal y esta permee hasta los estratos más lejanos de la sociedad, usted, yo y nuestras familias y amistades, seguiremos cuidándonos, y sobre todo, atendiendo las indicaciones de las autoridades locales.

 

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