Desde el rincón

In Opinión

J. Efrussi

Los del fondo le han entrado al escándalo del Dr. Ackerman, ese maestro universitario, Director de un Centro de Estudios en la UNAM, feroz defensor de la 4T, periodista y columnista de tiempo completo, profesor de la escuela de cuadros y militante distinguido de Morena, miembro del Comité de Selección de Consejeros del INE y amoroso esposo de la secretaria de la Función Pública, Irma Sandoval, con quien ha procreado un pequeño patrimonio inmobiliario de seis casas que, según el chismoso de Loret de Mola, tienen un valor comercial de 60 millones de pesos, y que la importantísima funcionaria federal intentó esconder bajo la alfombra de su declaración patrimonial. ¡Qué cosas! Digo, hay funcionarios en la 4T con patrimonios que se cuentan en cientos o miles de millones de pesos, pero son de alcurnia burocrática como los conocidos Barttlet o doña Olguita, o de exitosa historia empresarial en los tiempos del neoliberalismo, como los señores Romo o Jiménez Espriú. El caso es que el envidioso de Loret argumenta que la familia Ackerman-Sandoval sólo habían tenido ingresos como profesores universitarios (y es de todos conocido que los profes están destinados a la penuria más que a la opulencia); así que el insidioso Loret sembró la duda (cual bomba en el sótano del edificio gubernamental) sobre el origen de tan precario patrimonio, duda que ha crecido conforme los involucrados se han querido hacer a los locos y, en lugar de explicar el origen de su fortunita, han concertado un contraataque de descalificaciones e injurias contra el cizañoso periodista. En este embrollo la opinión de los del fondo se ha dividido. Unos opinan que es problema del presidente tener o no funcionarios corruptos; otros creen que 60 millones de pesos no son pocos, pero tampoco tantos como para no juntarlos cuando se reactiven los sorteos del Melate o ganando la rifa del avión presidencial; y no falta quien especula que Ackerman es un agente infiltrado de la CIA (Agencia Central de Inteligencia del gobierno gringo) para conocer las entrañas del gobierno cuatroteista y actuar con oportunidad y contundencia en caso de que intente (la 4T) salirse del guacal norteamericano para meterse en el morral bolivariano. Los del fondo son gente sencilla y, a diferencia de los conservadores, no han pedido el degüello en público de los capitalistas de izquierda, o sea de Ackerman-Sandoval. Yo si pienso que el multichambista Ackerman es un moderno colonizador de esos a los que tanto detesta el prócer presidente. Yo sí creo que, si tanto le interesa hacer la revolución, que se regrese a su pueblo a organizar guerrillas y comités de base revolucionarios y que, de paso, se lleve al buen Epigmenio para que documente su batalla épica contra el capitalismo. El tal Ackerman, además de farsante, se me hace un fantoche oportunista que disfrazado de izquierdoso está aprovechando para cargar su cochinito y, de paso, hacerse de otras seis casitas para cuando acabe la malaventurada 4T. Digo, no tiene que robar para hacerse rico con seis chambas simultáneas, aunque no deja de generar sospechas su multichambismo, tan neoliberal como la mala costumbre conservadora del tráfico de influencias y el nepotismo (de lo que también se acusa a esta próspera pareja). Pero esta semana los del fondo le creen al presidente eso de que ya no hay corrupción.

CONTRAFACTUAL

Nomás para reivindicar sus derechos a la libre y soberana borrachera, los del fondo armaron la fiesta este sábado. Con las neveras rebosantes de cervezas y botellas de trago suficientes para amenizar una fiesta de quinceañera, los del fondo dieron rienda suelta a su vocación antisistema y subvirtieron el orden: ni Tomás Garrido y sus camisas rojas consiguieron evitar el consumo de alcohol porque se trata de una pretensión antinatura, autoritaria y que abre camino a la represión, dijeron. Desde sus respectivas guaridas, los del fondo agotaron el crédito del Zoom, siguieron por el Face y terminaron en el What. Aparte de despotricar contra las autoridades sanitarias y de discutir la información disponible sobre la pandemia, fue una tertulia más cercana al café que a la cantina. Lo que sí dijeron es que el PRI no tendrá candidato para gobernador, sino que apoyarán al que designe Morena: será el candidato de la mafia del poder, acotó alguno de los del fondo. Explicaron esta aseveración con el hecho de que el partido Verde en Campeche es un sector del PRI y que, a nivel nacional, los eternos niños verdes ya negociaron con Morena ir de la mano en el 2021. Por eso, remachó otro, el PRI no tiene aspirantes ni prisa por tenerlos: los que suenan ahora más bien buscarán sobrevivir con candidaturas menores. También dijeron que a tía Layda cada vez se le agota más el entusiasmo por venir a sufrir los calores y el polvo saharianos, y que ante la inevitable flaqueza presupuestal que se avecina, se le hace más rentable seguir gerenciando la alcaldía donde hasta su propio dinero (los obregones) puede tener. ¿Y si no es ella? Hay tres apuntados y que, sea cual sea, harán equipo: Renato, que es la carta del PT; Raúl, que sería la carta de tía Layda; y el Diputado Federal, que es su propia carta. Desde luego, quise conocer la fuente de tan desmedidas especulaciones y ellos las atribuyeron a su intuición política y yo a los efluvios del alcohol. Como sea, los del fondo sólo hacen eco a lo que se rumora en las avenidas digitales: parece que el PRI ya hubiera entregado la plaza, guarda un silencio de momia, diría ya saben quién, y sus militantes andan como ovejas desorientadas, sin pastor, a la deriva y presas fáciles de los lobos. Aunque coincido en algunas aseveraciones, creo que los del fondo se están radicalizando. No entienden, por ejemplo, que la pandemia ha cambiado, y seguirá cambiando, los escenarios de la vida social y, por supuesto, de la política. Parece que llevará tiempo para que vuelvan el apretón de mano, el abrazo y el beso como componentes parafernálicos del proselitismo y si los Testigos de Jehová compran bases de datos para recordarnos que “el fin del mundo se acerca ya”, los partidos y los aspirantes han de estar, imagino, diseñando los medios y los productos para vendernos una versión creíble del paraíso terrenal. Exacto, me apoyaron los del fondo: terrible tarea esa de definir el mensaje, su formato, el medio y el target. La política ha vuelto a los tiempos de la alquimia, viejos, de la alquimia digital.

 

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