Desde el rincón

In Opinión

J. Efrussi

Dormir o no dormir, es la cuestión. Los del fondo confiesan que sufren de insomnios recurrentes y tenebrosas madrugadas. Cualquiera diría que el tribunal de sus conciencias los llama a juicio con frecuencia inusitada, pero no. A ellos, como al presidente, ese tribunal los ha exonerado. El presidente tiene el sueño pesado y no lo alteran ni los 100 mil muertos por Covid. Ayer declaró:“los conservadores, nuestros adversarios, desde el principio, quisieron utilizar la desgracia del pueblo de México por esta pandemia para culparnos”. Lo bueno es que sus conferencias son un registro al que podemos recurrir para recordar que fue él quien afirmó que “la pandemia le venía como anillo al dedo”. Y, en febrero, López-Gatell anunció que el nuevo virus era menos grave que el de la influenza. Para la cuatrote “es tiempo de zopilotes”. Para los mexicanos es tiempo de dolor y angustia.

A casi dos años de iniciado su mandato, el presidente ha hecho de sus mañaneras un instrumento que trasciende sus fines supuestamente informativos para convertirse en una herramienta de política y hasta de administración. Ya a nadie le queda duda que al presidente le gusta hablar y que confía en la efectividad de sus palabras: a diario insulta, miente, ordena, de frente a una nación inerme, que no puede cuestionar, contradecir o rebatir la andanada de aseveraciones que brotan del inestable ánimo tempranero que orienta la verborrea presidencial. El jefe del Ejecutivo inicia sus conferencias después de concluir una reunión con su gabinete de seguridad donde, seguramente, se entera de hechos aterradores: asesinatos, matanzas, secuestros, enfrentamientos entre criminales y de estos con las fuerzas de seguridad… información que le amargaría el desayuno, y la vida, a cualquiera de los del fondo, pero que el mandatario se tiene que tragar y salir a poner, no siempre, buena cara a los reporteros. En parte, quizá, esos reportes atroces expliquen los estados de ánimo presidencial. Quizás, las mañaneras sean un ejercicio de catarsis con que el jefe de Estado libera la frustración e impotencia, o la satisfacción, que le causan las novedades con que inicia el día. El caso es que, si bien, en sus conferencias el presidente expresa y ejercita su autoridad, también queda expuesto a la revisión minuciosa de sus temas, sus palabras y hasta de sus gestos. Especialistas de comunicación, sicólogos, historiadores, politólogos, economistas, modistos y los del fondo, están atentos en la búsqueda del meta mensaje, en la corroboración de los datos, en el estudio del lenguaje corporal. A este gobierno se le evaluará no por sus informes, sino por la palabrería presidencial. Por eso, los del fondo remueven piedras en busca de explicaciones a la verborrea que contamina a diario la vida del país.

La modernidad llegó tarde a Tabasco. La orografía que inspiró a Pellicer tenía atributos que superaban la belleza poética. Realmente, hasta los años 70 del siglo pasado, la mayoría de los tabasqueños vivían en un archipiélago, comunicados por ríos y arroyos, por brechas y caminos de a caballo, en guerra permanente con la naturaleza abrumadora, pródiga, pero extrema y amenazadora. En ese mundo de caseríos aislados y de incipientes centros urbanos, algo enlazaba a los tabasqueños de los ríos y de la costa, de la sierra y de los pantanos. Las ondas hertzianas daban unidad y cercanía a lo disperso y lejano, ponían en la misma sintonía a los que se enfilaban a la ordeña o a la pesca, a los que iban a la milpa o a la montaña. La radio fue el gran artilugio cultural que dio sentido de pertenencia y configuró la tabasqueñidad de esas comunidades montunas, de esos cristianos remontados que sobrevivían a la buena de Dios, incluso sin saber, en algunos casos, el territorio al que pertenecían.Hasta en la casa más remota había un aparato de batería que desde la madrugada recibía una programación que incluía entretenimiento y, por supuesto, informativos que daban cuenta de lo que sucedía en el mundo (con uno o dos días de atraso). Todavía a oscuras, entre el humo de los fogones que calentaban el café y las tortillas, la marimba y artistas locales propagaban el germen de la tabasqueñidad, y desconocidos locutores daban noticias de interés para cacaoteros, copreros, cañeros o ganaderos.“Amanecer de mi tierra cómo inspiras al amor”, cantaba Dora María cada mañana. Antes de las siete empezaba el clásico.”TELEREPORTAJE, con personajes de la vida real, con sus alegrías, con sus tristezas y a veces con sus grandes tragedias”, arrancaba don Jesús Sibilla Zurita, creador y conductor por décadas de este noticiero con el que los tabasqueños enfrentaron la soledad, vencieron la incomunicación física eimaginaron la realidad que escuchaban cada alborada. Entre las comunidades chontales, un joven delegado del INIatendía la radio, adquiría el hábito de madrugar, percibía cómo las noticias ocupaban el resto del día las pláticas en las milpas y los cacaotales, en los mercados públicos. Cada día, don Jesús Sibilla renovaba los temas de conversación, alarmaba y tranquilizaba, con su voz tan lejana como cercana, ere el eje que conducía “lo social”, los temas comunes, el diálogo y la reflexión que hace comunidad. ¿Hasta dónde las mañaneras emulan a aquel legendario locutor que marcaba la agenda diaria de todo un pueblo?

Don Enrique González Pedrero fue gobernador de Tabasco entre 1983 y 1987. Tuvo una larga carrera en el servicio público y fundó la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM, donde cursó su licenciatura el presidente (estudios que terminó de milagro, según confesó recientemente). Don Enrique es un destacado académico e intelectual con una amplia producción bibliográfica sobre temas de política y de administración pública. En sus años como gobernador, sus discursos –preparados o improvisados- eran verdaderas cátedras que transmitían conocimientos a sus auditorios. En esos tiempos, designó a su ex alumno López Obrador presidente del PRI estatal. En ocasiones, las mañaneras parecen querer imitar el estilo pedagógico de González Pedrero, pero terminan siendo copias fallidas, mediocres interpretaciones panfletarias de la historia. (Igual, algunos de sus programas de gobierno tienen el aroma de añoranza del González pedrerismo, aunque sin la carga de humanismo que distinguió la obra del último gran ideólogo priista.)

Las conferencias están calculadas para el lucimiento del presidente. El mandatario es cobijado por periodistas que lo ayudan a ir por los temas de su interés. Por eso, son absurdos los exabruptos, las pifias, las ofensas que se emiten desde el púlpito presidencial. Digamos que es el propio presidente quien boicotea a su principal instrumento de gobierno. A casi dos años de haber asumido el poder, pareciera que no le han salido caros los errores cometidos cada mañana, al menos eso se infiere de las encuestas que reflejan una popularidad presidencial aceptable. Algunos analistas afirman que el presidente tiene un “teflón” que lo ha hecho impermeable a las críticas y, también, a las consecuencias de sus desvaríos. Los del fondo creen que por estrategia los verdaderos adversarios de la cuatrote han dedicado estos dos años a afilar armas. El poder corrompe y desgasta y, en el caso de este gobierno, el proceso de deterioro ha sido más acelerado, tanto por las circunstancias adversas que enfrenta el mundo, como por la incompetencia que caracteriza a la mayoría de sus altos mandos.Aunque la pandemia nos ha confinado y distraído, todos comenzamos a sentir en serio sus efectos sanitarios, económicos y sociales, y en el marco del proceso electoral, los competidores políticos de la cuatrote encontrarán en las mañaneras un arsenal para dar la batalla por las 15 gubernaturas, las 300 curules del congreso federal y los miles de puestos locales de elección que estarán en disputa el próximo año. Dos dichos populares encajarán muy bien en lo que viene: “el pez por la boca muere” y “para que la cuña apriete tiene que ser de la misma madera”.

El regreso a México del General Cienfuegos les recuerda a los del fondo el resbalón que dio el presidente al darlo por culpable al enterarse de su detención y amenazar con despedir a quienes colaboraron con el ex secretario de Defensa Nacional y el acierto de Alejandro Moreno Cárdenas al expresar públicamente su confianza en la integridad del general y solicitar al gobierno federal hacerse cargo de los costos de su defensa. Así, gracias al caso del general Cienfuegos, nuestros soldados y marinos saben con quién cuenta y de quienes pueden esperar sólo hipocresía convenienciera.

Los del fondo afirman que, con los militares, el presidente está jugando a “venderle chiles a Herdez”. Con la asignación de tareas civiles (construir el aeropuerto, el tren maya, las sucursales del banco de bienestar, administrar los puertos, etc.) pretende cooptar o comprar la lealtad de los altos mandos castrenses, despreciando un hecho fundamental: soldados y marinos conforman verdaderas instituciones históricas del Estado mexicano. A pesar de sus lisonjas, el presidente sabe que sus dichos y hechos no tienen contenta a la tropa. y, por eso, encargó al general secretario el discurso conmemorativo de la Revolución Mexicana, en el que los militares le recordaron:”Es evidente que no anhelamos ningún poder, porque el poder supremo de nuestra nación se divide en Legislativo, Ejecutivo Judicial perfectamente definidos en nuestra Carta Magna”.Para los del fondo, la repatriación del general Cienfuegos puede explicarse como un apoyo político de Trump para contener la desaprobación lopezobradorista entre las filas del ejército. Institucionalidad mata grilla, y a estas alturas, las fuerzas armadas tienen más de un diagnóstico sobre la personalidad, la salud y el proyecto político de AMLO. Así que seguirán tolerándolo mientras no intente socavar las bases del Estado democrático y constitucional. Nuestros soldados podrán administrar las tiendas Diconsa, pero eso no significará complicidad con el gobierno. La cuatrote pasará al basurero de la historia y el ejército y la marina seguirán siendo las instituciones más respetadas y apreciadas de los mexicanos. El pueblo sabio confía en el pueblo uniformado.

La secretaria de la Función Pública, Eréndira Sandoval, esposa del misógino, prepotente y gandalla John Ackerman, insistió en que la pandemia “le vino como anillo al dedo a la cuatrote”. Un millón de contagiados y 100 mil muertos a causa del coronavirus, millones de nuevos pobresy de familias que viven la angustia, el miedo y la incertidumbre le cayeron como anillo al dedo a este gobierno. Que Dios los perdone por su insensibilidad y su desprecio a los demás, pero las y los ciudadanos tenemos que botarlos del poder que consiguieron a base engaños. La justicia, más temprano que tarde, les habrá de cobrar la negligencia y politiquería con que han manejado la pandemia.

El Outsourcing es una práctica mundial de subcontratación. Como en todo, hay empresas que son gandallas y abusan de sus empleados, no les dan las prestaciones sociales y hasta evaden al fisco. Pero, en general, la subcontratación es un esquema de competitividad y eficiencia económica que genera millones de empleos formales. Pues la cuatrote, fiel a su estilo, decidió eliminar este tipo de gestión laboral empresarial. Solo que, en el colmo de las contradicciones, la incoherencia o la locura, por ejemplo, el recién creado Banco del Bienestar opera con el 80% del personal contratado bajo la figura del Outsourcing. El mundo está loco, loco.

Informa el INE que 5 mil 530 difuntos votaron a favor de la consulta para enjuiciar a los expresidentes. Una prueba irrefutable de que hasta los muertos apoyan al presidente. Y ya quedó claro por qué no pierde ningúnreferendo.

Un apunte sobre el coronavirus: A pesar del subregistro que hay en las cifras oficiales, en Campeche parece que hemos llegado a nuestro tope mínimo de incidencia. Los contagios y la enfermedad continuarán acechando, pero si mantenemos los cuidados, la responsabilidad y el uso del cubrebocas, podremos evitar la segunda oleada que ya sufren otros estados y países. No estamos para fiestas. Que nadie se confíe ni bajemos la guardia. Aunque extrañemos el abrazo y el beso de nuestros seres queridos, mantengamos la sana distancia.

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