Desde el rincón

In Opinión

J. Efrussi

¡Que se oiga bien, que se oiga fuerte y que se oiga hasta Palacio Nacional! Como abuelos y padres de familia, los del fondo aceptarán que sus hijos y nietos retornen a clases presenciales cuando haya sido inmunizada, al menos, la totalidad de las personas vulnerables en el estado y no solamente los profesores. ¡En Campeche rechazamos la demencial ocurrencia presidencial! Querida, querido lector, disculpe usted la indignación a tan tempranos días del año, pero habrase usted enterado que el mismo día en que nuestro gobernador anunció un repunte en los contagios de SARS-CoV-2, el presidente tuvo la iluminada idea de “llamar” a las autoridades a que “ya empecemos a abrir las escuelas” y,como fruta podrida, ofreció que nuestros maestros “podrían ser los primeros en ser vacunados”. ¡Ajá! ¿Y qué pasará con el personal de apoyo en los centros escolares, con las madres, los padres, los abuelos que tendrán que subirse a los camiones de transporte público para llevar a los niños a clases? ¿Esos no importa que se contagien? ¿Y los contagios que podrían llevar niños y jóvenes a los hogares y enfermar a sus familiares? No, hombre, si son unos genios.En serio que vivimos en el mundo de lo irracional, patético, preocupante, de locura.

Después de este exabrupto, retomemos la calma. El 2021 será un año complejo, en el que los ciudadanos estaremos más que pendientes del avance en la vacunación anti Covid-19 y los políticos ocupados en campañas electorales. El año empezó en lo más álgido de la pandemia y el trastabillante proceso de vacunación emprendido por el gobierno federal no podrá inmunizar a la mayoría de la población en estos 12 meses. Imaginen: para inyectar a 80 millones de personas en un año,tendrían que aplicarse 6.6 millones de dosis mensuales, 222 mil diarias, cifra que parece inalcanzable para un gobierno que no se ha distinguido por su eficiencia y eficacia y que, además, se opone a que particulares y otras instancias públicas participen en este proceso. La pandemia se prolongará y el miedo y la incertidumbre continuarán acompañándonos; la economía seguirá batallando y la crisis se extenderá expandiendo su ola de daños a las familias. En este entorno patético, en un año electoral y, sobre todo, de competencia por el congreso federal y 15 gubernaturas, ocurrirán efemérides que el gobierno intentará usar como distractores para disimular su incompetencia, disfrazar la debacle económica y sanitaria y, de ser posible, obtener algún provecho político. Las actividades para conmemorar La Conquista y celebrar La Independencia estarán impregnadas de un tufo reivindicatorio, de reclamos nuevos para agravios viejos, y serán paliativos que, cargados de nacionalismo y patrioterismo, podrán dar respiros a la cuatrote ante el seguramente creciente descontento social.Hay que resucitar fantasmas del pasado para disimular desgracias del presente. Y es que, para abril,excederán los 160 mil fallecimientos por Covid-19 y se habrán agudizado los problemas económicos del país. Las hipotecas, las tarjetas de crédito, las rentas, las colegiaturas, la mensualidad del coche, el gasto del día a día, serán para millones de familia motivos adicionales de angustia que desnudarán el torpe e insensible manejo de la pandemia. Cada vez es menor el margen de maniobra del gobierno ante el desastre, por lo que la manipulación política de las vacunas será un recurso para tratar de evitar la derrota en los próximos comicios. Recuerden: casi sin parafrasear, el presidente dijo a los maestros campechanos “vuelvan a las aulas y les vacunaremos”. ¿No suena a chantaje o condicionante? Claro, los docentes podrían hacer una contrapropuesta que a los del fondo les parece justa: vacuna para profesores y sus familiares hasta la tercera generación. En fin, el caso es que, si las vacunas se asignarán de acuerdo a los intereses del presidente, sin criterios técnicos o científicos, estamos fritos.Y es que, por lo pronto, el mecanismo anunciado para la primera etapa llama a sospecha: la vacunación no estará asociada a los centros de salud sino a los programas de bienestar. (Por no dejar, los del fondo me encargan incluir el siguiente apunte: en lo más oscuro de la noche neoliberal, México era ejemplo mundial en vacunación y Campeche es estado líder en esta materia. Acá hay experiencia de sobra para asesorar al gobierno federal). Confiamos en que los partidos políticos, las autoridades locales, la sociedad civil y los medios de comunicación denuncien oportunamente los intentos por contaminar de politiquería una estrategia nacional de vacunación que, por su trascendencia, debe apegarse estrictamente a criterios científicos e instrumentarse con absoluta transparencia. Porque, ¿cuál es el motivo por el que el presidente se niega a que participen los gobiernos estatales o las clínicas particulares en la estrategia de vacunación? Por lo pronto, las metas que ha anunciado el gobierno suenan más a demagogia que a cifras reales.

Y sigue la mata dando. La gran farsa: mientras el presidente quiere aparentar empatía (algo que desconoce) y anuncia que suspende su viaje de descanso a Palenque para estar pendiente del combate a la pandemia, el responsable de la estrategia nacional anti Covid-19, el doctor Hugo López-Gatell se va de vacaciones a una playa del pacífico, donde se exhibe sin pudor y sin cubrebocas. Sufrimos la desgracia de padecer un gobierno de brutal incompetencia e inconciencia. El personal de salud, médicos, enfermeras, terapistas, etc., en la lucha por salvar vidas; el ejército de la salud en el frente de batalla, sin descanso y hasta sin armas; y los generales se dan la gran vida, quizás ya vacunados. Después de más de 127 mil muertos y de millón y medio de infectados, muchos de ellos fruto de la negligencia del doctor Gatell, a éste se le ve sin cargo de conciencia, disfrutando la vida que la pandemia le ha negado a la mayoría de los mexicanos. ¡Quédese en casa!, predica el zar anti coronavirus. Estos nos gobiernan y, peor aún, estos tienen en sus manos nuestra salud. Incongruencia, falta de solidaridad, frivolidad, son algunas de las características que se suman al nuevo bronceado del insostenible López-Gatell: consumió su última gota de credibilidad y se ha convertido en un lastre más de este buque que, a la deriva, va enfilado al desastre.

Ocurrencias y absurdos:lunes, ofrecer asilo a Julián Assange; martes, pedir el regreso a clases presenciales en Campeche y Chiapas; miércoles, afirmar que no hay otro funcionario en el mundo como López-Gatell; jueves, decir que el presidente electo de EEUU, Joe Biden, “reconoció que estaba mejor la atención (a la pandemia) en México,que lo que ellos estaban haciendo”; viernes, los órganos autónomos “son tapaderas, organismos alcahuetes, que justifican todo, para eso se crearon… no sirven, no benefician al pueblo”. Y así…

¡Al diablo las instituciones! En una “genialidad” más, para apuntalar su gobierno autocrático y de lealtad a ciegas, y porque la otra noche se le ocurrió que así puede mantener la aceptación de sus bases –dicen los del fondo-, el presidente anunció que desaparecerá el Instituto Federal de Telecomunicaciones, la Comisión Federal de Competencia, el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales y el Sistema Nacional de Protección Integral de Niñas, Niñas y Adolescentes. Y seguirán el Banco de México, el INE y los que se acumulen, agregan los del fondo. Pero no era un peligro para México, decían. Entiéndase de una vez y, líderes políticos, dejen a un lado las mezquindades y seleccionen a sus mejores candidatos: si no se detiene a la autocracia,ni ustedes, o sea ni los partidos políticos, sobrevivirán a la devastación institucional.

Lo que presenciamos en USA este miércoles, hordas de fanáticos asaltando la sede del Congreso, es lo que habríamos visto en México si AMLO hubiera perdido la elección (“soltar al tigre” se dice por estos rumbos).Lo que presenciamos en USA este miércoles, hordas de fanáticos asaltando la sede del Congreso, es un anuncio de lo que podremos ver el 2024, cuando la cuatrote pierda la presidencia de la República. El desmantelamiento de las instituciones es paso previo para la destrucción de la vida democrática. Más vale ir previniendo escenarios.

La política doméstica se sigue moviendo: la alianza PRIANRD va; Eliseo suspendió su precampaña para ocuparse del desbarajuste municipal, pero será el candidato de MOCI; los morenos y laydistas, como Penélope, tejen y destejen sus conflictos infinitos.Los del fondo no hacen apuestas. El horizonte está cargado de nubarrones. Por cierto, la alianza PRIANRD se estrenó con una serie de desafortunadas imágenes: faltas de sobriedad si consideramos que lo que está en juego es el futuro del estado; escandalosas, como si se tratara de publicitar el carnaval; ausentes de empatía con el entorno de angustia, dolor e incertidumbre en el que se desarrollarán las campañas; pobreza de ideas en el eslogan “Con la alianza Campeche se levanta”, como si negaran los avances que ha obtenido el estado con los gobiernos del PRI… pero los del fondo no son mercadólogos, están viejos, desconocen las últimas tendencias en comunicación política y, claro, entre tanto infortunio quizás se dejan llevar por la emoción más que por la razón.

Que nadie se llame a sorpresa: el repunte en el número de contagios, informado con preocupación por el gobernador Carlos Miguel Aysa, es resultado de la irresponsable relajación en las medidas de prevención que todos atestiguamos este fin de año. Los del fondo lo dicen semana a semana: el virus está al acecho. La normalidad no es acostumbrarnos al horror, sino hacer de la prevención un hábito que pueda ayudarnos a evitar angustia, sufrimiento y muerte. Hagamos del cubrebocas parte de nuestra indumentaria; que el constante lavado de manos sea una rutina; que la sana distancia sea el referente para relacionarnos y evitemos las aglomeraciones. El semáforo epidemiológico en verde no es autorización para dejar de cuidarnos, sino para que refrendemos la responsabilidad individual y el compromiso colectivo con la salud de todos. ¡No bajemos la guardia!

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