Geopolítica del coronavirus

In Opinión

Emilio LARA

El mundo vive un momento crucial, no solo por el problema sanitario que representa el Covid-19, sino porque a raíz de esta pandemia, podemos intuir que grandes cambios se avecinan en el orden global con nuevas alianzas comerciales y políticas; seguramente, se establecerán las fronteras entre países para romper la inercia del libre tránsito que venía floreciendo y nuevas potencias extenderán la mano para hacerse de la hegemonía económica. Si bien, en este momento la crisis se encuentra focalizada hacia Europa, son los Estados Unidos y China las potencias que mueven sus piezas en el tablero internacional.

Desde que el Covid-19 comenzó a preocupar a especialistas, por migrar de los animales a los seres humanos, el mandatario estadounidense Donald Trump lanzó el adjetivo, en tono peyorativo, de “el virus chino” para tratar de alarmar sobre supuestos males provenientes de ese país asiático.

Wuhan fue el epicentro de este episodio amenazador de la salud mundial y ahí se acreditó la capacidad de desplegar, sobre la marcha, una estrategia de respuesta rápida, por ejemplo, el levantamiento de un hospital en tiempo récord de diez días para el control efectivo del virus.

Fueron las acciones con las que el milenario país buscó enderezar la confianza después del severo golpe a su economía; pero la cruzada no quedó ahí, pues mientras Trump consolidaba a su país como un socio agresivo y cerrado, China brindaba ayuda humanitaria y médica a Italia, y Cuba, con su eficiente aparato de brigadistas, hacía lo propio.

Adicionalmente, se libraba una batalla por crear la vacuna contra este virus, estimulada por lo lucrativo que puede resultar su aparición y comercialización en el mercado internacional. Esto nos recuerda, involuntariamente, la carrera espacial que tuvo lugar hace algunos años entre Estados Unidos y la URSS por llegar a la Luna. En respuesta, los chinos han sembrado ya una teoría “conspiracionista” a través de medios masivos, para adjudicar el origen de la pandemia a una acción premeditada e instalada por sus adversarios políticos, en concreto, por los Estados Unidos durante los Juegos Mundiales Militares que se celebraron en Wuhan del 18 al 27 de octubre.

Otro país, aprovechando su condición de gran potencia, que hizo gala propagandística del manejo del virus fue Rusia. Entonces, ¿cómo interpretar estas acciones? Considero que estos hechos pueden interpretarse como una serie de movimientos encaminados a influir en el futuro inmediato de las naciones en juego, teniendo como escenarios las sucesiones en turno, por ejemplo, el caso de Putin, quien busca la reelección con la consecuente permanencia en el poder. Este país también trabaja en la búsqueda de la vacuna contra el Covid-19, es protagonista en la guerra sobre el precio del petróleo y eso no es casualidad. Lo cierto es que el Covid-19 ha venido a mostrar una de las partes más vulnerables de los sistemas políticos en el mundo. En el caso de Estados Unidos, lo relativamente frágil de su sistema de salud pública, mismo en el que el actual presidente ha reducido la disponibilidad de recursos y el que según expertos de nuestro vecino país del norte, no se encuentra lo suficientemente preparado para una contingencia de esta naturaleza. Las medidas tomadas obedecen más al influjo de las elecciones intermedias que al rigor sanitario.

¿Qué pasará en Europa?  En esta región del planeta, si de algo puede presumir, es de ser el continente más avanzado en organismos supranacionales como la Unión Europea, bloque con poblaciones de alto ingreso y con envidiable estructura educativa y hospitalaria, además de un desarrollo industrial que garantiza a sus pueblos estabilidad y desarrollo. ¿Cuál sería su futuro? En lo particular, considero que una de las opciones sería reforzar sus fronteras sanitarias y seguir haciendo gala de buen entendimiento internacional para perfeccionar ese sistema. En cuanto a México, considero que el primer criterio para establecer medidas contra el Covid-19 debe ser de carácter sanitario y presupuestal; diseñado por expertos y con el fin de salvaguardar la salud de los mexicanos; en segundo término, la estrategia debe contar con una perspectiva mundial midiendo alcances, repercusiones y oportunidades. En lo particular, cada día veo a nuestro gobierno con menor identidad, algunos destellos de rojo y otros de neoliberal, con declaraciones despreocupadas que nada abonan a cuidar nuestra reputación internacional, sobre todo considerando el dolor que se vive en otras latitudes.

Son muchos autores los que opinan que el mundo transita hacia una “orientalización”, es decir, que países como China y Corea del Sur seguirán ganando influencia en el concierto internacional. Quizás valga la pena analizar qué están haciendo bien esos países en materia de salud, cómo enfrentan sus crisis como ahora la del coronavirus; evaluar sus resultados y aprovechar aquellas experiencias en función de los requerimientos de la población mexicana.

 

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