Hablemos de radicales

In Opinión

<p> Sostengo que el <strong>radicalismo</strong>, en cualquiera de los renglones de la existencia, reduce los espacios para la convivencia civilizada, trampea a la democracia y somete incluso a la libertad de conciencia a ciertos cartabones reñidos con la inteligencia que se desenvuelve a través del <strong>raciocinio</strong>. Nada peor, en estos tiempos cuando urge tanto la puesta de acuerdo sobre valores fundamentales, que encasillar el debate al sometimiento previo de la voluntad de la contraparte y a la impertinencia de no rectificar jamás aun cuando los argumentos hayan sido superados.</p> <p> El <strong>debate político </strong>se paralizó en 2006. La crispación a la que dio lugar la absurda "campaña negra", si bien exitosa porque logró manipular conciencias y modificar escenarios, situó a los mexicanos ante una alternativa facciosa, reducida por ende, en la que únicamente cuentan y deben ser ponderadas las opiniones afines al tiempo de descalificar, de manera por demás visceral, cuantas devengan de los contrarios. Con ello, claro, ni siquiera ha lugar a un <strong>ejercicio dialéctico sano </strong>porque, sencillamente, se considera que la única razón es la propia y ésta no puede variar por presiones ajenas. Se alivia así, con increíble fariseísmo, el tormento de las dudas cerrando la mente a cualquier expresión divergente. Y de esta manera se anula, por desgracia, la ruta hacia el entendimiento.</p> <p> Nuestra historia es pródiga en enfrentamientos radicales. De hecho, toda ella está cernida a los tremendos <strong>desencuentros entre liberales y conservadores </strong>que confluyeron hacia los episodios bélicos más sangrientos y también proveyeron de traiciones y hasta de invasiones tortuosas -con el enajenado de Miramar a la cabeza-, comprometiendo a la patria misma con tal de no ceder ante el bando adversario vencedor. Y de allí, todo lo demás hasta llegar al presente convulso en el que ni siquiera la emergencia evidente puede sacudir a las facciones para intentar dar cohesión a las acciones de gobierno salvando cuanto se pueda de la integridad y seguridad nacionales.</p> <p> Cómo podemos avanzar si ni siquiera al interior de los partidos políticos es factible alcanzar acuerdos? Curioso: mientras <strong>perviven los autoritarismos</strong>, reflejados en la discrecionalidad de las decisiones en la cúpula del poder, el agotamiento -no acotamiento- de la figura presidencial ha prohijado la indisciplina que acaso se inspira en la <strong>pulverización sectaria del ámbito político</strong>. En otras épocas se confluía hacia los acuerdos bajo la égida de una voluntad central, sin consensos; hoy, las divergencias son exaltadas por la soberbia de oportunistas y arribistas con talentos suficientes para dividir, jamás para unir. Los extremos se tocan: en cualquier caso, el agobio por la impotencia del colectivo nos limita.</p> <p> Resulta <strong>imposible razonar con quien no está dispuesto a hacerlo </strong>y sólo admite el diálogo si, de antemano, se cede ante él; y ello porque observa la rectificación como una claudicación que le infama. Los sofismas para justificar esta conducta, cada vez más extendida por efecto de la crispación política y el clamor de ciertas minorías que antes permanecían marginadas, son variopintas pero aterrizan en un mismo punto: la egolatría que reduce los intercambios de opinión al <strong>pronunciamiento sistemático de adulaciones</strong>. Por desgracia, nuestro sistema político encalló en el arrecife presidencialista, numen de mesianismos sin cuento, y lo devastó.</p> <p> No salimos de este punto. Al contrario, la <strong>experiencia de 2006</strong>, cuando lo faccioso se impuso hasta en los <strong>debates precariamente armados</strong>, estimuló a cuantos, en actitud incondicional respecto a uno de los bandos, no sólo desdeñaron sino incordiaron también a quienes no pensaban igual. Por desgracia, desde cada uno de los grupos en pugna las descalificaciones se acentuaron con la misma pauta.</p> <p> Las consecuencias de ello son hoy referentes obligados por cuanto a la <strong>exacerbación de los infundios </strong>y el desdén manifiesto a los criterios distintos, vistos como perversos por sus supuestos pecados de origen, esto es, como se expresa a cada rato, al servicio de intereses ajenos a los del país… como si México fuera reductible a una sola de las pandillas institucionales, sea el PAN, el PRD o el PRI el núcleo duro.</p> <p> Preocupa, en el horizonte actual, la <strong>pulverización sectaria</strong>. Sobre todo porque fluyen las intolerancias a la menor provocación y con ellas los argumentos de fondo se diluyen en un mar de prejuicios, lugares comunes, valores entendidos y cuanto suele ser recurso para evadir contenidos y discusiones. Lo mismo si se trata de <strong>forcejeos partidistas </strong>que de exaltaciones gremiales o movimientos en pro de comunidades otrora reprimidas y ahora estimuladas, protegidas y hasta blindadas en una profunda distorsión de la democracia.</p> <p> Me resulta terrible que, en contra de la libertad de conciencia -y la de expresión que deriva de ésta hasta ser fundamental-, no falten quienes, al opinar distinto, pretendan marginar a cuantos difieran, al igual como lo hizo, en la pérdida década de los ochentas, aquel genízaro <strong>Ramón Mota </strong>cuando expresó contra la ciudadanía defeña inconforme:</p> <p> -Si no les gusta… ¡váyanse a otra parte!</p> <p> En la cúspide de la intransigencia podrían encontrarse los <strong>xenófobos, racistas, incondicionales </strong>de tal o cual partido, rencorosos frustrados, envidiosos de la gloria ajena, animalistas que colocan a los irracionales por encima y toda suerte de egoístas incapaces de conceder a los demás resquicio alguno.</p> <p> DEBATE</p> <p> Una cosa es que no se nieguen derechos a cuantos integran la comunidad lésbico-gay, en donde <strong>no es difícil encontrar a personajes valiosos y cultos </strong>entre otros superficiales, muchos, con sed de desquite social, y otra, muy distinta, llegar a la deformación de que sólo ésta concentra el talento, la capacidad operativa y los privilegios mediáticos y políticos.</p> <p> Además, por causa de una sólida estructura operativa que deviene de una compleja lucha contra la <strong>discriminación obtusa</strong>, cuantos festinan haber "salido del clóset" se creen con el derecho a avasallar a los heterosexuales, hasta donde puede establecerse una mayoría silente, con costumbres, actitudes y modas que infieren incluso en la formación y educación de los menores a quienes llegan los mensajes de manera recurrente. Basta asomarse a los <strong>platós televisivos</strong>, en donde los referentes son cada vez más descarados y abiertos, para corroborar que tales grupos han rebasado a los demás en materia de coberturas y espacios.</p> <p> Lo peor es que, por ejemplo, los padres de familia no están preparados para confrontar a sus hijos con los escenarios en donde dos seres del mismo sexo no escamotean escarceos amorosos y sobrellevan sus preferencias al extremo de la provocación incesante, desbordada diríamos, sin ningún tipo de traba. Recuerdo que, hace algunas décadas, cuando joven, debíamos incluso cuidarnos de besar a la novia en sitios públicos para no ser motivo de persecución policíaca; hoy, sin límites, los "homo" no miden sus expresiones. (No nos alarmemos pero, en este renglón, todavía en México no se alcanzan los niveles de µmsterdam, <strong>Barcelona </strong>o <strong>Londres</strong>, las urbes que presumen por acaparar el turismo "gay" hasta convertirse en sedes del mismo en desbordada competencia de libertinajes).</p> <p> Mientras ello ocurre, los <strong>heterosexuales refunfuñan </strong>y si hablan son expuestos, automáticamente, al desprecio público, fulminados por sostener "arcaicismos" -como si lo fuera el amor entre parejas de distinto sexo-, y violentados en su entorno. No se les permite ni sacar la cabeza porque enseguida, desde distintos frentes -incluso en las redacciones de medios que se dicen vanguardistas-, llueven las más atroces descalificaciones, las más soeces impugnaciones, incluso las injurias ramplonas.</p> <p> En estos términos, no hay debate posible, sólo exigencia de aceptar los argumentos de moda sobre cualquier intento de ejercer una libertad contraria a los mismos.</p> <p> LA ANECDOTA</p> <p> Fíjense a donde han llegado los criterios facciosos. El Cardenal <strong>Norberto Rivera Carrera </strong>-<p+>"2012: La Sucesión", Océano, 2010-, definió así sus interrelaciones con la derecha política en el ejercicio del poder:</p+></p> <p> <p+> <p> -Con los liberales -expresó el alto Prelado-, nos entendemos mejor. Los panistas de hoy, aunque nos sitúen cerca de ellos, prefieren que no se les identifiquen como católicos aunque lo son.</p> <p> Cuando los prejuicios se imponen, los radicalismos surgen de manera natural. Analicémoslo.</p> <p> E-Mail: <strong>[email protected]</strong></p> </p+></p>

You may also read!

Récord de obras públicas se reflejará en VI Informe: Seplan

Por correcta planeación presupuestal, pese a pandemia  Este 7 de agosto, el Gobernador de Campeche, Carlos Miguel Aysa González,

Read More...

No puede haber entrega/recepción; porque no hay gobernador (a) electo (a): Alfredo Cardeña

En su participación en el programa mañanero digital del periodista Roger Cornelio “Análisis de la información”, el Presidente del

Read More...

Acepta Eustaquio Portela error por nombrar “gobernadora constitucional” a Sansores

“Haber nombrado a Layda Sansores como gobernadora constitucional realmente fue un error, es decir, una equivocación de parte de

Read More...

Leave a reply:

Your email address will not be published.

Mobile Sliding Menu