Inseguridad, una visión iconoclasta

In Opinión

<p>Copio de Wikipedia: <em>"El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, creado en 1995, pertenece al sistema de Naciones Unidas y su función es contribuir a la mejora de la calidad de vida de las naciones"</em>. Para medir su impacto, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) publica un informe acerca del desarrollo humano, denominado Índice de Desarrollo Humano, cuyos resultados provienen de diversos indicadores sociales tales como disponibilidad de agua potable, nivel de alfabetización, esperanza de vida al nacer, nivel de vida (Producto Interno Bruto), etcétera.</p><p>A partir de esos indicadores se evalúan tres parámetros: vida larga y saludable; educación; y nivel de vida digna. Los países ricos que satisfacen, en mayor o menor medida, los parámetros previos tienen índices de desarrollo humano satisfactorios, siendo cierto lo inverso. En los últimos años Noruega, Islandia y Canadá han ocupado los primeros puestos; República Democrática del Congo, Zimbabue y Níger los últimos.</p><p>Aunque no hay duda de que la metodología utilizada por los investigadores para elaborar los índices de desarrollo humano es excelente, afloran varios cuestionamientos. México como ejemplo. Nuestra nación ocupó, en 2011, el lugar 57 del total de los 187 países evaluados. En enero de 2013, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico informó que durante el último periodo del gobierno de Felipe Calderón 1.3 millones de mexicanos cayeron en pobreza extrema; en 2013, 13 millones de connacionales viven con menos de 16 pesos al día, dato que, aunado a los 40 o más millones de mexicanos en condiciones de pobreza explica por qué en México la mortalidad infantil es tres veces mayor que en los países pertenecientes a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico. La miseria explica sin ambages la inseguridad que nos corroe.</p><p>Las cavilaciones previas y las siguientes nacen de la lectura del artículo "¿Por qué la (in)seguridad ciudadana en Latinoamérica?", de Heraldo Muñoz, director regional del PNUD para América Latina y Caribe (El País, 11/I/2013). "América Latina, escribe Muñoz, ha tenido un destacado desempeño económico en la última década, acompañado por una reducción significativa en los niveles de pobreza y, en algunos países, también en los niveles de desigualdad" y agrega: "Los latinoamericanos tenemos menos pobreza, menos desigualdad y democracias relativamente estables, pero mayores niveles de inseguridad. ¿Qué sucede?". La pregunta, ¿qué sucede? no encuentra respuesta en "los latinoamericanos tenemos menos pobreza", sino en los niveles reales de miseria y en los asfixiantes niveles de desigualdad, sellos distintivos de América Latina.</p><p>Una mirada es el documento y la información oficial de agencias como el PNUD; otra es la realidad de la pobreza. La respuesta a "¿qué sucede?", es obvia: no puede haber seguridad cuando más de la mitad de la población latinoamericana vive en situación de pobreza; no puede haber seguridad cuando en nuestro continente, en grados diferentes, no existe ni justicia ni libertad, metas fundamentales de la ética. Sólo los políticos menos letrados pueden hablar de libertad cuando decenas de millones en las naciones latinoamericanas sobreviven con menos de 16 pesos al día, como sucede con los 13 millones de mexicanos representantes de ese estrato. Y sólo políticos absolutamente iletrados pueden espetar que la justicia es un bien en las vidas de sus connacionales. Sin libertad y sin justicia, con miseria y con desigualdad, es erróneo y grosero pensar en seguridad.</p><p>Las metas e intenciones del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo son adecuadas. A la población víctima de la inseguridad y a quienes recurren y producen violencia como medio de vida o como única salida para sobrevivir no le sirven ni los documentos ni las palabras. De las promesas a la realidad el trecho es vasto. Romper la suma de los factores que conforman la realidad latinoamericana es la única solución para acceder a la justicia.</p><p>La pregunta atinada de Heraldo Muñoz, ¿qué sucede?, debe responderse confrontando y solucionado los sumandos: injusticia, pobreza, insalubridad, corrupción, impunidad, desconfianza, endeudamiento in útero y desigualdad extrema son algunos de los sumandos. A esos factores debe agregarse la pobre distribución del conocimiento. Poco se cavila en la pobre distribución del conocimiento y menos en lo que yo denomino la "trampa del conocimiento".</p><p>La "trampa del conocimiento" comprende los sumandos mencionados (y otros). Injusticia y falta de libertad son simientes fundamentales de la "trampa del conocimiento": mientras las clases adineradas sigan mejorando su calidad de vida gracias a los frutos del conocimiento -tecnología, medicamentos, aire limpio, alimentos sanos- y los pobres sigan empobreciéndose por no contar con bienes indispensables también fruto del conocimiento -vivienda digna, escuelas que funcionen, salud, proteínas en la dieta-, la inseguridad continuará siendo otro de los jinetes apocalípticos no de la América Latina profunda, sino la de las calles por donde todos andamos. (<strong>El Universal</strong>).</p><p>* Médico.</p>

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