Jack "El desnudador"

In Opinión

<p>(EL UNIVERSAL).- El perro no era perro y, como a la burra, lo hicieron a palos. y huesos también. Esto lo dejo en claro, querido lector, pues quisiera asentar que no hay bestia más inteligente en el mundo que el perro y que aprende a billetazos, antes que a periodicazos.</p><p>No hablo, por supuesto, del laberinto en el que se encuentran perdidas las autoridades capitalinas con su puesta en escena del "Festival de Canes", como bautizó un célebre editor de revista al ¡Waf! faire. Sino por el cuento de un extorsionador serial que, como Jack "El destripador", hacía de las mujeres su presa. Este se llamaba también Jack. Jack "El desnudador", en su peor acepción "un perro" siempre dispuesto a clavar el diente.</p><p>Su historia es desde hace ya varios años una leyenda urbana. Un misterio que hasta hace dos semanas finalmente pude descifrar.</p><p>-¡Ahhh pero qué perro! Grité excitada con el relato de mi hermana Victoria que traía las noticias de su último golpe.</p><p>-Y qué perra la que finalmente lo puso en su lugar, remató mientras nos derretíamos en carcajadas satisfechas porque la justicia, aunque no la capitalina, sí le clavó las garras a este Can-nijo mayúsculo.</p><p>Pero le narro a detalle este cuento de la vida real. La protagonista es una mujer en sus 40, recatada, millonaria, hija de familia y al decir familia, agrego, una afiliada al mojigato y potentado Opus Dei. La llamaremos Julia. El antagonista es el mismísimo Jack ""l desnudador", en sus años mozos un verdadero cromo, tanto que durante la juventud sobrevivió como gigoló. Veinte años después, vive aún de las de las mujeres.</p><p>El plot arranca a medio divorcio de Julia. Tras casi 20 años de matrimonio, hijos de a montón (es del Opus) y la obra de la gravedad impresa en el cuerpo, su marido le explicó que ya no era viable seguir unidos. Nunca argumentó algo más allá del desgaste y el suegro ofendido decidió emprender una investigación. Del tamaño de la fechoría sería el tamaño del pleito. La hipótesis del suegro era más que obvia: la muerte de un amor, implica el nacimiento de otro.</p><p>Mandó a seguir al yerno en desgracia y omitió informarlo a Julia. Contrató a Jack, cuyas tarjetas de presentación dicen: Investigador Privado. Las distribuye sin recato en un gimnasio exclusivo de Santa Fe y es conocido ahí por todos, pues ese es su centro de operación y de relaciones públicas.</p><p>Simultáneamente y en un esfuerzo femenino por recuperar las caricias perdidas, Julia se dio a la tarea de la reconquista. Aunque ya separados, invitó al ex marido a cenar a la luz de las velas.</p><p>Huelga decir que, como siempre, la falta de comunicación intrafamiliar derivó en enredo. El investigador secreto encontró elementos para estipular que el yerno sostenía una relación romántica con otra. Otra igualita a Julia. Y ahí el detalle. El padre estalló en rabia al sostener la evidencia fotográfica de que su hija Julia y el yerno en desgracia salían las noches de viernes, se sostenían la mano y, puercos!, se tocaban ya entrados al calor de las copas.</p><p>Expulsó a gritos al investigador privado y decidió omitir el pago. Y aquí el problema: Jack "el desnudador" decidió cobrarse a la mala.</p><p>Aprovechó el fracaso de las cenitas de dos de Julia y el marido y se le apareció una media mañana en el gym con su artillería pesada. Le sacó la sonrisa Ak47, una ráfaga de halagos y la desarmó. Julia, como buena monja samaritana, se coció al primer piropo.</p><p>- Soy Jack, investigador privado, si requieres mis servicios, aquí mi tarjeta.</p><p>Y aquí un paréntesis: esa tarjeta la tienen muchas mujeres más que "El desnudador" acecha como presas potenciales.</p><p>Questo, quelotro y que te invito una cena.</p><p>Efectivamente, la velada fue inolvidable. Lo último que ella recuerda fue el par de sorbos que le dio a su bebida adulterada. Luego el despertar: desnuda, en las sábanas de "El desnudador" -valga la redundancia- y desgreñada. Se vistió como pudo y huyó despavorida. El pánico sobrevino cuando recibió la primer llamada:</p><p>- Julia, tengo imágenes de las cositas que hicimos anoche. No llegarán a ojos de tu padre ni de tu ex si pagas una módica cantidad.</p><p>La ya no tan virginal dama colgó y corrió con su mejor amiga. Ya en casa de "µmparo" (la llamaremos así por obvias razones) sobrevino la segunda llamada.</p><p>Esta vez contestó la otra mucho más determinada.</p><p>- Mira hijo de la chingada tanto mi papá como mi marido saben la gran puta que soy ¡Manda lo que se te dé la gana!</p><p>Puesto el asunto así, Jack entendió que no habría mucho que ganar con esta dama. Por ende, se dedicó a proseguir con sus tareas diarias. El gym, la tarjetita, la salida a comer o cenar con alguna cuarentona guapa y luego la llamada: "Tengo las fotografías de nuestros cuerpos desnudos. si no quieres que las vea tu marido, una lana". ¡¡Zas!! Pocas se resisten al chantaje de Jack "El desnudador", pues, de hecho, hay un cornudo de por medio que no se conmoverá con un "me drogó" y mucho menos con un "es que originalmente lo empecé a ver para espiarte a tí". Así es que, ni modo, ellas aflojan y ese perro feliz con su hueso.</p><p>Y volvemos a la astucia del perro: acción-reacción. Jack "El desnudador" pone la trampa, ellas, incautas y ávidas de seducción, caen. ¿Cómo romper el círculo?</p><p>Lo escribo con todo respeto: o se avisa a la pareja la "gran puta" que se es o se omite el cuerno que muy caro es. Yo, por mi parte, contribuyo con la alerta. Si un hombre se acerca a usted, querida fabulera, y desfunda una sonrisa metralla, ojo!, mucho ojo!, puede ser Jack "El desnudador".</p>

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