María del Rosario González Amaya

In Opinión

RODOLFO BERNÉS GÓMEZ

María del Rosario es su nombre, pero todas las personas que la conocen le llaman cariñosamente “Charito”, y antes de escribir algo más, déjenme presumirles “es mi consuegra”, madre de Roberto casado con mi primogénita a la que por nombre pusimos Adriana, quienes hace casi 14 años me volvieron abuelo.

Les puedo asegurar que esta señora es la suegra ideal que cualquier padre deseara para sus hijos. Desde luego es lamentable que mis nietos no tengan una abuela materna, pero estoy seguro que la mamá de mis hijos en el plano donde se encuentra, está feliz de que sus nietos tengan a la mejor abuela del mundo, Charito.

Charito es la segunda de los hijos del Dr. Luis González Francis y de la señora María Amaya Mena, a quien cariñosamente llamaban “mamá Nena”, personas muy queridas y reconocidas por su valía, por lo que ese halo de carisma que posee, como dicen en mi pueblo “no lo roba, lo hereda”.

Tiene tres hermanos: Gonzalo Luism, María Elena y Luis Manuel, familia muy unida y que no esperan ocasiones especiales para reunirse, siempre procurándose entre ellos.

Su niñez fue alegre, estudió su primaria en la escuela particular Miguel Hidalgo y posteriormente fue a estudiar al Colegio Teresiano en la ciudad de Mérida, donde estuvo internada por dos años.

Sus amigas más entrañables en su niñez eran Lulu González de Retana, Deyanira Abud, Bety de la Peña y Elsamira Pérez Ortiz entre otras.

De los trabajos realizados por Charito están el IMSS, la farmacia Palmira de la que su padre era socio, y la Clínica del Bosque en el área administrativa, casa con Jorge Ortega Zurita y tienen cinco hijos: Jorge Luis, Ricardo, Roberto, Adriana y Juan Pablo.

Mis dos nietos la adoran, es su “abi”, cuando las circunstancias lo permitían los llevaba a todas partes, mi hija le tiene mucha confianza, ah, y eso es que Adriana es una mujer especial por no decir delicada, a quien estoy seguro Charito quiere, ya que es una magnífica madre, quien ha sabido junto con Roberto educar bien a mis nietos, así como los ama Charito, les comento que literalmente se me cae la baba cuando los veo.

Charito lleva una vida intensa, podemos verla desayunando con sus amigas, compartiendo con su grupo de amistades, con sus amigos de cada uno de los grupos a los que pertenece que son muchos, entre ellos “las audaces” y yo diría que se le ve hasta en los velorios, su agenda está llena de compromisos, pero aún se da tiempo de apoyar a alguna de sus nueras cuando estas lo requieran con los hijos de estas (sus nietos).

Antes de la pandemia acostumbraba llevar a sus nietos de paseo, siempre presumiéndolos, ella tiene 10 nietos: de su hijo Jorge dos niñas; de Ricardo una niña; de Roberto mi yerno dos varones, este le decía a su mamá que por haberle dado el primer nieto varón iba a ser heredero de los centenarios, y se reían de la broma; de Adriana su hija cuatro, una muchachita por cierto muy guapa y muy alegre y tres varoncitos y de Juan Pablo el más pequeño de su hijos un bebé bellísimo que la tiene loca de alegría.

Charito es orgullosamente sanromanera, nace en una de esas casonas de la calle ocho donde se puede disfrutar de la brisa del mar y de esos paisajes maravillosos que regala la naturaleza a los que habitamos esta ciudad y principalmente los que tienen la fortuna de vivir frente al mar; es asidua a la playa, cuando hay oportunidad disfruta un baño de alberca con todos sus nietos, como una niña más.

Entra a trabajar al CENDI como directora, con el apoyo de su grupo de educadoras y su gran entusiasmo, este centro se distinguió por actividades y hermosos festivales que disfrutaron los niños y también sus padres, la demanda de ingresar a este centro era muy solicitado por su calidad educativa, este trabajo que amó mucho le ayudó a concluir su etapa laboral.

Por la cercanía a su hogar, es caminadora asidua en nuestro bello malecón, actividad que se ha vuelto costumbre caminando un buen número de kilómetros que la mantienen en forma y saludable.

Aunque no la veo de manera frecuente, sí ocasionalmente, cuando existe algún festejo en el lugar común que nos une, el hogar de nuestros hijos: Roberto y Adriana, donde generalmente jugamos lotería, ¡ella juega cuatro cartillas!, aunque a veces no encuentra las figuras a tiempo con el riesgo de “que se le pase”.

La verdad son momentos en que podemos disfrutar a nuestros nietos, de los que nos sentimos orgullosos, la cualidad más significativa de Adriana, mi hija, es el de ser una excelente madre, siempre al pendiente y cuidado de sus hijos, lo hereda de Adda Mirza su madre, que dedicó su tiempo y su vida al cuidado y educación de nuestros hijos, su formación de Educadora le permitió guiarlos y encaminarlos a que sean buenos estudiantes y con los valores que a ella la distinguían.

A Charito le encanta pasear, ha podido conocer algunos sitios del mundo, siempre acompañada de algún familiar y en ocasiones con algunas de sus amigas.

Charito posee muchas cualidades, es una persona positiva, alegre, desprendida, afable, cariñosa, inteligente y muy campechana, sabe gozar con los niños, ponerse a su altura, con un gran corazón, las personas que la conocen saben que no exagero.

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