Nada más miserable que lucrar con el dolor, los sufrimientos y los sentimientos de los pacientes y sus afligidos cercanos

In Opinión

Vicente GALVÁN GUTIÉRREZ

Nunca como ahora, en estos tiempos de pandemia, se han puesto de manifiesto actitudes y acciones que tienen que ver con la precaria salud de los ciudadanos y el gremio que debiera estar encargado de procurarla y preservarla. Siguiendo el lema de que a río revuelto, ganancia de pescadores, ha aparecido y se ha acentuado la ruindad en hospitales privados y galenos que los manejan, en detrimento de quienes, a falta de buenos servicios públicos (IMSS, ISSSTE, Institutos de Salud, etc.), tienen que recurrir a lugares donde se ofrecen mejores y más “certeros” cuidados, encaminados a protegerse de las enfermedades y evitar la muerte.

Se tiene conocimiento de ingresos de pacientes con Covid-19, a nosocomios que, sólo por aceptar al infectado, te piden un adelanto de $350,000.00 o más, mismos recursos que sirven para 3 días de hospedaje de lujo y, después, seguirle echando a un barril sin fondo que, como tal, no tiene llenadera; es obvio mencionar que si el sufrido o sus familiares no tienen la liquidez suficiente (como la inmensa mayoría), el mercenario y próspero negocio, sin escrúpulos ni vergüenza alguna, prácticamente te expulsan del lugar, sin importarles el estado de salud en que te encuentres, pues dejas de ser solvente para ellos. Al solicitar que te den de alta, te enfrentas a todo un viacrucis y calvario; para permitirte la salida, previamente te muestran para tu análisis y resignación, todo un mamotreto de 4 o 5 fojas que contiene toda una farmacia inventariada, medicamentos “aplicados”, que nadie te asegura que no sean muestras médicas que no deben tener costo, inyecciones de agua, pastillas que son una literal mentada, toallas y papel sanitario (para un mes), cremas, ungüentos, pomada de La Campana, jabones, jeringas, alcohol (en presentación médica), productos de asepsia, Maestro Limpio y hasta la sábana santa, en la cual fue envuelto tu cuerpo santísimo; después del escalofrío de haber leído toda esa lista, asimilarla y pagarla, con taquicardia incluida, puedes proceder a llevarte a casa al tratado, sano y salvo.

Y siguiendo con el tema, cuando tienes la necesidad de ver a un especialista, debes pagar una consulta que oscila entre los $1,700.00 y $2,000.00, sólo por un diagnóstico que les lleva realizarlo, unos pocos minutos; esta cita va ligada a una posterior, a los 5 días o una semana, por un importe similar, para confirmar lo detectado, obviamente teniendo que hacerse, estudios, análisis, radiografías, placas, tomografías, electrocardiogramas, pruebas para detectar si tienes Covid-19, receta con sendos medicamentos que cuestan una fortuna, todo ello, practicados y vendidos en lugares predestinados y sugeridos por el Facultativo.

Para quienes continúan teniendo el privilegio de contar, por su empleo, con un seguro de gastos médicos mayores o tener poder adquisitivo para pagarlo (sumas estratosféricas e inalcanzables), se enfrentan a otras peripecias, por ejemplo, la inmoralidad de que el sanatorio tenga acceso al monto al que asciende la cobertura de tu seguro, porque si esta es limitada, así eres tratado, ah pero si es de las que tienen varios dígitos, entonces el tratamiento se vuelve especial, tu enfermedad y cuidados son intensivos, meticulosos, pero duraderos, de tal forma que día a día vas viendo que, inmisericordemente, tu cobertura te la van agotando, hasta dejarte, como dice el rezo, sin cosa alguna. Mientras tienes saldo, estás a salvo, cuando se agota, también eres miserablemente un desahuciado que te retiran del lugar y aunque tu enfermedad persista, tú, ya no puedes permanecer ahí. Los inflados gastos que erogaste por separado, te son reembolsados, previa pelea y lucha por reconocerte lo menos posible y hacerse cargo de una bicoca, alegada de manera mezquina.

Volviendo al incauto ciudadano que, ha tenido toda una vida de trabajo, ahorrando para llevar una vejez digna, con la protección que pueda ofrecerte lo económico para sobrevivir cómodamente, cuando tiene el infortunio de enfermarse, es allí donde su existencia se ve miserablemente destrozada por una gavilla de “profesionistas” que, se convierten en Psicólogos, porque te analizan y estudian hasta detectar a quién pueden estafar, sin compasión, vergüenza y sin progenitora, se arman de valor para despojarte de tus bienes y los de tu familia, hasta dejar que vivas en la desgracia y en el abandono; se enriquecen abusando del dolor, el sufrimiento y los sentimientos de la gente que, tiene la fe de salvarse, entregando todo lo que tienen, con el anhelado afán de mejorarse en buena lid, sin menoscabos ni regateándoles a quienes creen, son sus salvadores y protectores.

Aquí hago una mención especial al Sistema de Salud de Canadá, mismo que es financiado por el gobierno, teniendo una cobertura de servicios universal que, propiamente, alcanza para todos los ciudadanos, siendo su principal beneficio, que es gratis, aquí se convierte el Estado, en pagador único; el paciente tiene la opción de escoger a su médico familiar, sus especialistas y el hospital donde desea ser atendido. Desde luego, esta es una llana comparación con un país civilizado, poderoso económicamente hablando, con un gran nivel de atención humanitaria y que procura la salud, llevándola a un logro ecuménico.

No debo omitir hablar de los médicos altruistas, generosos, que traen la mística del servicio al prójimo, como un estandarte puesto en el corazón y en el alma; estos son los que enarbolan la fe y la esperanza de quienes todavía podemos aseverar, son gente, de la que ya no hay. Hago particular mención a doctores que son familia muy cercana, a queridos amigos, a destacados conocidos que, son todos, unos personajes en su forma de actuar, guiados por sus sentimientos y su ascendencia que es mucha y es sólida, cómo olvidar los gestos fraternos y de bonhomía que tuvieron con mis padres o que han tenido con mis hermanos, con mis hijos y con toda mi familia, quienes hemos sido atendidos, varias veces, sin emolumento alguno y a quienes espero que Dios los conserve y nos los reproduzca, por el bien de la humanidad entera, Él los seguirá socorriendo, en virtud de que son ángeles de bondad, vestidos con uniforme inmaculado. Gracias por leerme.

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