Política, política y más política

In Opinión

La carta abierta y patente de corso para Salinas Pliego, con la calificación de actividad esencial para las casas de empeño, es un gancho al hígado a los mexicanos. Es una forma de enviar a la boca del lobo a los ciudadanos sin distingo para tratar de hacer algo de la maltrecha economía para ser triturados y luego deglutidos por los voraces usureros y agiotistas que conforman esas Casas de Empeño. Ya Salinas Pliego lanzó su campaña de préstamos prendarios que no son otra cosa que dejar en prenda algo para que te den recursos con alto interés que nunca van a poder pagar porque no hay ingresos para el 90% de los mexicanos por lo que tenemos que calificar esto como una emboscada alevosa.

Usando a la Procuraduría Federal del Consumidor, en el Diario Oficial de la Federación (DOF) fue publicado el acuerdo en donde les dan la categoría de actividad esencial y esto quiere decir que pueden abrir sus puertas, esperar a que lleves tu herramienta, tu tele, tu radio o tu soguilla para que te den unos pesos y pagues intereses sobre interés para que cada minuto crezca la riqueza de los favorecidos dueños de las Casas de Empeño ante la ineficaz acción de gobierno, que ha dejado tirada a la inmensa mayoría en las fauces de los lobos usureros y agiotistas. Labores por cierto reñidas con la ley.

En el último año la economía del país venía en declive y, con la ayuda del coronavirus, sufrirá un retroceso del que no se tiene registro. El Bank of América pronostica que el segundo trimestre de este año, el PIB podría caer hasta 34 por ciento, un pozo profundo, profundo, del que nos puede llevar años salir.

Cada día son más los vecinos que pierden su trabajo, de por sí mal pagados, y otros que habían pedido préstamos para poner un negocito ahora no sacan ni para devolver la mensualidad del crédito. Y hay que pagar la luz, que sigue subiendo, el gas, la renta y el diario de la comida. El tema es serio.

En Campeche hemos tenido una economía lánguida que, anclada al petróleo, se había estancado desde hace varios años. Sin embargo, aunque parezca contradictorio, manteníamos un índice aceptable de movilidad social. El rápido crecimiento del sector servicios y del turismo, había propiciado el surgimiento de un gran número de microempresas, la creación de empleos formales y muchos más informales, con los que se compensaba la insuficiente actividad industrial. Además, el gobierno estatal impulsó un vigoroso programa de obras públicas que significó una importante derrama de recursos que estimuló el mercado interno local y el florecimiento comercial. Veníamos mejorando, incluso con algún trimestre de crecimiento del PIB, porque a lo anterior se estaba sumando la gradual reactivación de la actividad petrolera.

Pero, un día todo se detuvo y, un mes después, la angustia inunda cada vez a más hogares campechanos. Somos una economía pequeña y, seguramente, ante la parálisis federal, el gobierno estatal dará apoyos para paliar la zozobra de padres y madres de familia que han perdido la fuente de su sustento. Sin embargo, nuestra dependencia de los servicios y el turismo y los cambios a que nos obligará la prevalencia de la pandemia, hará que la normalidad tarde en llegar y la recuperación económica sea más lenta. Posiblemente es prematuro hablar de economía cuando la prioridad es, todavía, cuidar la salud y la vida. Pero los políticos tienen que comenzar a plantearse los escenarios, ayudar hoy a quienes más mal lo están pasando es una inversión que será redituable en los tiempos políticos por venir.

Una gran reingeniería social y económica tiene que diseñarse o ir trabajando al alimón, para que no nos ganen los tiempos. Ahí están personajes como Christian Castro Bello que seguramente va a hacer equipo con Ricardo Ocampo para ofrecerle a su jefe, el gobernador Carlos Miguel Aysa, un buen y generoso programa de reactivación económica para los campechanos con nuestra proverbial “no nos gusta nada”, pero que después de esta hecatombe, tenemos que dejar el “En Campeche no pasa nada”, porque ya pasó. No está demás revisar la historia y cómo se levantaron países y pueblos enteros  después de las guerras o de la bomba atómica. Porque esto es una guerra biológica que tomó desprevenido a nuestro entorno. No hay cómo describirla más que es una desgracia. Y lo que viene, es desafortunadamente muy difícil. Palabras o conceptos como resilencia, será un ungüento ante la realidad. Ya no volverá a ser lo mismo que antes y nos tenemos que rediseñar, física, mental, económica, moral, social, política y ambientalmente, entre otras cosas. Es otro mundo pero provocado por los malos.

Mobile Sliding Menu