Por la Gracia del Señor: 32 estados y 33 gobernadores

In Opinión

“Este mundo es la puerta cerrada.  Es una barrera. Y al mismo tiempo es el pasaje”. Simone Weil. 

Supongo que, al cerrarse, noche tras noche, la pesada puerta de Palacio Nacional, todo el contenido del hasta hace poco museo histórico, por artes de la metafísica de la soledad y el poder condensado de siglos, genera una atmósfera opresiva y cegadora capaz de enloquecer al más valiente de los héroes patrios que nos dieron vida como Nación. 

En célebre foto Casasola, en la que se puede distinguir nítidamente, como El Caudillo del Sur mira con absoluta desconfianza al Caudillo del Norte sentado, apoltronado, en la silla imperial de Palacio Nacional, mientras el norteño se ve,  se siente, disfruta el instante en el que se auto reconoce como la figura principal de ese daguerrotipo que lo eterniza, quizá  podamos comprender la razón del miedo reflejado en los acuosos ojos de Zapata: Quién ocupa esa silla, nunca jamás vuelve a ser el mismo. El poder enloquece por igual a quien intenta apropiárselo.  Quizá por eso el sureño le cedió el asiento al norteño, para simbolizar que los grupos del norte, desde entonces, podían sentirse los dueños del poder en México. Quizá. En el sur, la lucha continua hasta nuestros días. Las cañadas chiapanecas no nos dejarán mentir. 

En chapulinesco brinco,  hace dos años, el Preciso actual, decidió convertir a los Pinos en un museo más de la CDMX ( aún no se sabe con precisión de que tipo será), y trasladar su modesta residencia, sin arrogancia alguna y con pobreza franciscana, al suntuoso Palacio Nacional, enfrente del zócalo capitalino y compartiendo plaza con  el edificio de los poderes de la CDMX, la Catedral de México, y el poder civil representado por los comerciantes que habitan los elegantes portales que componen el cuadrado principal del Centro Histórico de la ciudad capital. 

Hasta ahí, acostumbrados los mexicanos a que cada seis años llega un nuevo maestrito con su librito, pues poca extrañeza causó, y más bien dio lugar a reportajes en los distintos medios de comunicación, incluso, en boletines de carácter turístico fue festejado el chistorete. Hoy día, es la sede de los dormitorios de la familia presidencial, supongo al menos tres habitaciones, pero sobre todo es la sede de las “mañaneras”. Preciso, para que no me vayan a señalar de vulgar y grosero. Por “mañanera” me refiero a esa especie de informe diálogo monólogo que todos los días pretende establecer el Preciso con algunos medios de comunicación, sobre todo, con aquellos que están de acuerdo en cuanta ocurrencia le venga en mente al representante de la llamada cuarta transformación (tampoco se sabe con precisión que significa o que debemos de entender por ese concepto).

Pues bien, digamos que todo iba instalándose en la dinámica de las nuevas formas y costumbres políticas, hasta que hace unos pocos días el mismo Preciso nos informa, solo para estar enterados (fiel seguidor del apotegma que reza “golpe dado ni dios lo quita”), de una nueva ocurrencia: La creación de una nueva unidad de trabajo dentro de la organización de la oficina presidencial. 

Se trata de ni nada más ni nada menos, que de la creación de la egregia figura burocrática de Gobernador del Palacio Nacional. O sea, no basta con la presencia consuetudinaria del señor Preciso en los corredores, pasillos, pasillos ocultos, oficinas, salas, comedores, dormitorios, auditorios y demás espacios contenidos en dicho Palacio, sino que, es necesario la creación,  según el dueño de la casa, de una nueva estructura político administrativa que, seguramente, vendrá llena de boato y canonjías reflejadas en los elevados sueldos que corresponden a esa importante figura, lujosas oficinas, puesto que estarán para ejecutar todas las ocurrencias presidenciables, elegantes salones para operar al más alto nivel las ejecutorias ordenadas, supongo también, confortables nuevas recámaras para el Gobernador , su familia y su infaltable séquito.

Sin duda, era lo que se necesitaba para salir adelante. Nuevas estructuras burocráticas que con seguridad consumirán millones de cansados pesos en aras de una mayor cantidad de trámites en el flujograma cuyo destino final es el Ejecutivo federal. Mas burocracia es igual a más trámites y más costos con cargo a los impuestos que el pueblo bueno y sabio paga al erario público. 

México país, tiene en su largo devenir histórico, treinta dos entidades federativas, 32 gobernadores electos, y, ahora, por obra y gracia del dedo elector, un Gobernador, cuya entidad federativa es el Palacio Nacional, y que no será electo sino designado por la santa decisión del gran Tlatoani. Con certeza veremos sesudas y farragosas explicaciones cargadas de ciencia política administrativa para justificar el nuevo traje del rey. 

El Acuerdo por el que se instruye la creación de una Unidad Administrativa a cargo del Gobernador de Palacio Nacional, a la letra dice, después de señalar toda la parafernalia de artículos constitucionales y de la ley orgánica de la administración pública federal, dice: Que Palacio Nacional inició su construcción en 1522, siendo desde dicho año un lugar de referencia donde han residido diversos gobernantes y poderes de la Unión en sus distintas etapas históricas de nuestra Nación, así como el lugar en donde se han tomado las decisiones que han marcado el rumbo de nuestra actual forma de gobierno ( dirían los periodistas “sic”).

Que el cargo de Gobernador de Palacio Nacional fue importante a mediados del siglo XIX, dado a que era la persona nombrada por el presidente de la República encargada de resguardar y mantener el recinto en buenas condiciones para el aprovechamiento del Ejecutivo Federal y de las demás áreas administrativas que requiriera la entonces administración pública. 

La justificación continúa, tan larga como butifarra española, pero hasta aquí se la dejo, porque lo demás es más de lo mismo, en el lenguaje abrumador que usan los escribanos del poder. 

En plena mortandad por la pandemia de covid, nuestro gobierno considera prioritario designar quién sabe cuantos miles de millones de pesos en la creación de más burocracia, en lugar de destinar esos recursos en adquirir vacunas y medicamentos para el abandonado sector salud que no se da abasto ni con la legendaria neomelubrina cura todo.

Pues ya lo saben , los interesados en ocupar este innovador carago de Gobernador de Palacio Nacional, favor de enviar sus solicitudes (recuerden que es suficiente con acreditar un 10 por ciento de conocimientos, y por supuesto, un 90 por ciento de lealtad y fidelidad al dueño de la bota), a Palacio Nacional a nombre, supongo, del todavía presidente de México.

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