QUE LA INSPIRACIÓN Y LAS LETRAS DE LOS GRANDES ESCRITORES, CUBRAN NUESTROS PEQUEÑOS MOMENTOS DE GLORIA

In Opinión

Una muy entrañable amiga, originaria de Madrid, España y avecindada en Montreal, Canadá, me compartió una nota en la que se podía leer un homenaje que hizo el Gobierno Español a nuestro ilustre paisano Ramón Modesto López Velarde Berumen (junio de 1888-junio de 1921), llamado “El Poeta Nacional”, oriundo de Jerez de García Salinas, Zacatecas, al conmemorarse 100 años de su fallecimiento; El Instituto Cervantes de España, lo festejó el pasado lunes 5, en un evento que organizó junto con el Centro de Estudios Mexicanos UNAM-España, el Instituto de Cultura Zacatecano “Ramón López Velarde” y la Academia Mexicana de la Lengua. En Madrid, el Director General del citado Instituto, Alfonso Vázquez Sosa, depositó un legado “in memoriam” en la Caja de las Letras (caja número 1441); la Caja de las Letras, hace las funciones de una cápsula del tiempo, misma que se abrió ese día, para depositar un legado. 

El legado lo conforman, entre otras cosas, una edición original de la Revista México Moderno, con poesía velardiana y un ejemplar de manuscritos velardianos, su obra “La suave Patria, facsímil y estudios, una coedición conmemorativa del Instituto de Zacatecas de Cultura y la Academia Mexicana de la Lengua, además de unas arracadas de plata en filigrana que pertenecieron a su familia. En el acto estuvieron presentes Luis García Montero, Director del Instituto Cervantes; el Director de la Academia Mexicana de la Lengua, Gonzalo Celorio y Andrés Ordóñez, Diplomático y Director del Centro de Estudios Mexicanos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en España. López Velarde, escribió con motivo del primer centenario de la Independencia, el poema Suave Patria, que suele denominarse el poema nacional de México. Murió en plena juventud, dejando una obra breve pero extraordinariamente original, con él terminó el modernismo y comenzó la poesía mexicana contemporánea. 

A manera de reconocimiento, traigo en estas líneas unos pasajes de lo más destacado de su obra: “Yo que sólo canté de la exquisita partitura del íntimo decoro, alzo hoy la voz a la mitad del foro a la manera del tenor que imita la gutural modulación del bajo, para cortar a la epopeya un gajo… Diré con una épica sordina: la Patria es impecable y diamantina. Suave Patria: permite que te envuelva en la más honda música de selva con que me modelaste por entero al golpe cadencioso de las hachas, entre risas y gritos de muchachas y pájaros de oficio carpintero…tu superficie es el maíz, tus minas el palacio del Rey de Oros y tu cielo, las garzas en desliz y el relámpago verde de los loros. El Niño Dios te escrituró un establo y los veneros de petróleo el diablo”. Nótese que, desde entonces, ya se hacía alusión a lo devastador que representaba para la madre tierra, el contar con vetas de petróleo. 

Y, continúa… Suave Patria: tu casa todavía es tan grande, que el tren va por la vía como aguinaldo de juguetería. Y en el barullo de las estaciones, con tu mirada de mestiza, pones la inmensidad sobre los corazones. Suave Patria: en tu tórrido festín luces policromías de delfín y con tu pelo rubio se desposa el alma, equilibrista chuparrosa y a tus dos trenzas de tabaco, sabe ofrendar aguamiel toda mi briosa raza de bailadores de jarabe. Tu barro suena a plata y en tu puño su sonora miseria es alcancía y por las madrugadas del terruño, en calles como espejos, se vacía el santo olor de la panadería… Al triste y al feliz dices que sí, que en tu lengua de amor prueben de ti la picadura del ajonjolí. 

Cuauhtémoc Joven abuelo: escúchame loarte, único héroe a la altura del arte. Suave Patria, tú vales por el río de las virtudes de tu mujerío, tus hijas atraviesan como hadas o destilando un invisible alcohol, vestidas con las redes de tu sol, cruzan como botellas alambradas, te amo no cual mito, sino por tu verdad de pan bendito. Inaccesible al deshonor, floreces. Como la sota moza, Patria mía, en piso de metal, vives al día, de milagros, como la lotería, tu imagen, el Palacio Nacional, con tu misma grandeza y con tu igual estatura de niño y de dedal. Patria, te doy de tu dicha la clave: sé siempre igual, fiel a tu espejo diario; cincuenta veces es igual el ave taladrada en el hilo del rosario, y es más feliz que tú, Patria suave. 

Ya que estamos escribiendo poesía, me permitiré recurrir brevemente a trabajos de tres personajes, maestros en la materia y que han trascendido enormemente: el madrileño, Lope de Vega Carpio (noviembre de 1562-agosto de l635); el sevillano, Antonio Machado Ruiz (julio de 1875-febrero de 1939) y el también sevillano, Gustavo Adolfo Claudio Domínguez Bastida “Gustavo Adolfo Bécquer” (febrero 1836-diciembre de 1870). 

De Lope de Vega, viene a la memoria aquello que señaló: “Oye atento y del arte no disputes que en la comedia se hablará de modo que, oyéndola, se pueda saber todo”. 

U otro poema que se lee: A mis soledades voy, de mis soledades vengo, porque para andar conmigo me bastan mis pensamientos. No sé qué tiene la aldea donde vivo y donde muero que, con venir de mí mismo, no puedo venir más lejos. Ni estoy bien ni mal conmigo; más dice mi entendimiento que un hombre que todo es alma está cautivo en su cuerpo… No me precio de entendido, de desdichado me precio; que los que no son dichosos, ¿cómo pueden ser discretos?… Dijeron que antiguamente se fue la verdad al cielo; tal la pusieron los hombres, que desde entonces no ha vuelto…. Virtud y filosofía peregrinan como ciegos; el uno se lleva al otro, llorando van y pidiendo….Dos polos tiene la tierra, universal movimiento, la mejor vida el favor, la mejor sangre el dinero… Oigo tañer las campanas y no me espanto, aunque puedo, que en lugar de tantas cruces haya tantos hombres muertos. Mirando estoy los sepulcros, cuyos mármoles eternos están diciendo sin lengua que no lo fueron sus dueños… Con esta envidia que digo y lo que paso en silencio, a mis soledades voy, de mis soledades vengo. 

Abordando a Antonio Machado, escribió: La Primavera Pasaba….”La primavera besaba suavemente la arboleda y el verde nuevo brotaba como una verde humareda. Las nubes iban pasando sobre el campo juvenil…Yo vi en las hojas temblando las frescas lluvias de abril. Bajo ese almendro florido, todo cargado de flor -recordé-, yo he maldecido mi juventud sin amor. Hoy en mitad de la vida, me he parado a meditar… ¡Juventud nunca vivida, quién te volviera a soñar!” 

Así también, cómo olvidar a Machado, cuando habla del camino que uno se labra en la vida, se plantea la vida como un lienzo en blanco, que uno tiene que ir tejiendo a medida que vive, dejando el pasado atrás: “Caminante, son tus huellas el camino y nada más, caminante, no hay camino, se hace camino al andar. Al andar se hace el camino y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar. Caminante no hay camino sino estelas en la mar”. 

Y finalmente de Gustavo Adolfo Bécquer, con sus inolvidables rimas: 

“Por una mirada, un mundo; por una sonrisa, un cielo; por un beso…yo no sé qué te diera por un beso”. 

“Volverán del amor en tus oídos las palabras ardientes a sonar; tu corazón de su profundo sueño tal vez despertará. Pero mudo y absorto y de rodillas como se adora a Dios ante su altar… Como yo te he querido…, desengáñate, ¡así…no te querrán! 

¿Qué es poesía?, dices mientras clavas en mi pupila tu pupila azul. Que, ¿qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?… ¡Poesía… eres tú! 

Hasta aquí el momento del romanticismo, anhelando que, los malos momentos, los días de encierro y la amenaza latente de un contagio, se hayan disipado un poco y que les haya echado a volar la imaginación, en estos ratos tan aciagos y llenos de incertidumbre; si lo logré, me doy por satisfecho. Gracias por leerme. 

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