Rosa María Lara Aguirre

In Opinión

Rosita nace en el barrio de San Román, en la Calle 12 marcada con el número 231, hija de Manuel Lara Rosado y la señora Aurora Aguirre Dávila, él de Champotón y ella de Saltillo, Coahuila, su padre trabajó en la Junta Local de Caminos y en el Registro Civil.

Don Manuel, padre de Rosita, tuvo una infancia muy difícil, a tal grado que siendo un pequeño de alrededor de 10 años salió de Champotón, pueblo que lo vio nacer, embarcándose en un cayuco que lo transportó a la ciudad de Campeche, ya que en esas épocas era el medio de transporte usado habitualmente.

Pasa muchas peripecias realizando muchos trabajos. Siendo muy joven ingresa a trabajar al Registro Civil y posteriormente a la Junta Local de Caminos y a base de mucho trabajo fue como pudo sacar adelante a sus cinco hijos.

La familia Lara Aguirre estaba conformada por don Manuel, doña Aurora y sus hijos: Rosa María, María del Rosario, José Manuel, Gustavo, y Héctor Jesús.

Por cierto, Héctor es amigo mío, juntos estudiamos la licenciatura en el Instituto Tecnológico de Campeche. He compartido con él muchas experiencias, pero nos hemos distanciado mucho pues él se fue a trabajar a Cancún con su hermano Manolo y de alguna manera la amistad fue menguando y el acercamiento se fue haciendo más intermitente, pero siempre lo recuerdo con cariño y me preocupa cuando tiene alguna situación de salud.

De niña Rosa María era muy traviesa, gustaba de hacer bromas fuertes a vecinos sin quererlo, tal vez enfundada en su histrionismo, por lo que estos se sorprendían de sus bromas tan imaginativas que creían en ellas, como se dice coloquialmente, “a pies juntillas”.

En ocasiones involucraba a sus hermanos, que se prestaban a sus bromas haciéndolos pasar por locos y perseguían hasta a los dulceros que por ahí transitaban.

Entre sus curiosidades, déjenme decirles que fue campeona nacional de natación, deporte que aún practica y gracias al que posee una excelente condición física que la mantiene sana y en forma.

En un tiempo le dio por jugar la ouija y la casa se llenaba de gente, pues decía que hablaba con los muertos y adivinaba el futuro y la manita de este artefacto siniestro y peligroso hasta patinaba por la rapidez con que se movía.

Su casa se tornaba en toda una romería hasta que el circo se le vino abajo, pues su fama traspasó la frontera de su casa, ya que, según recuerda, un día sonó el teléfono y resultó que al contestar don Manuel, su padre, del otro lado de la línea alguien preguntó “¿es ahí donde contactan con los espíritus?”, por lo que nuestra primera actriz recibió una buena regañada, que hasta los espíritus se cambiaron de casa.

En una ocasión sus papás compraron una cámara para filmar y ella siempre se las ingeniaba para salir en las filmaciones por lo que sus padres le llamaban la atención. Su teatralidad se expandía.

Tuvo muchos problemas de estudiante, en la secundaria sufría lo que hoy llamamos de bullying por ser muy delgada y alta y esto de verdad le afectaba a pesar de parecer una niña extrovertida.

Desde muy pequeña se reflejaba en ellas sus dotes actorales. Cursando la secundaria, su maestra de poesía se da cuenta de las cualidades de Rosa María y la invita a participar en el Cuarto Festival Nacional de Teatro, dándole un pequeño papel en una obra y, por su actuación magistral, las autoridades de Bellas Artes le otorgan una mención honorífica, teniendo escasos 14 años.

El teatro le dio a Rosa María la oportunidad de recuperar su autoestima, pues los conocedores de este Bello Arte reconocían su trabajo y los principales directores de teatro la llamaban constantemente, entregando así su vida al Teatro y me atrevo a pesar que el Teatro en Campeche, con la presencia de Rosa María, es un parteaguas, un antes y después de Rosa María Lara. 

Ama a sus tierras, ama al teatro, es su vida y deseaba se le diera mayor promoción en nuestro estado, que echara raíces ante este pueblo culto y necesitado del arte, por lo que trabajó incansablemente para ello.

Su lucha se vio recompensada y con su perseverancia tramitó y logró que se abriera la primera Casa de la Cultura en el sureste, así como la radio cultural, la cual, en ese entonces, sólo existía en el estado de Aguascalientes.

Luchó mucho para traer artistas a nuestro estado, incluso llegó a hospedarlos en su casa. Fue también directora de la Casa de la Cultura, cargo que para ella fue un honor ocupar.

Se casa con quien fuera el amor de su vida, Francisco Rullán Ferrara con quien procrearon dos hermosos hijos: Francisco y María José por los que hoy goza en plenitud la dicha de ser abuela, lamentando solamente no poder compartir estas alegrías con Francisco que hoy ya se encuentra en un mejor plano.

Los últimos años los ha dedicado a la dirección y formación de artistas, siendo todas las puestas en escena para fines benéficos. Ella es autora del libro “Campeche, el teatro y yo”, volúmenes uno y dos, que por demás está decirles que se encuentra agotado; otra de sus obras es “El amor en los tiempos del chicle”. Para la feria del libro presentará el tercer volumen de “Campeche, el teatro y yo” y en la primera semana de diciembre presentará su novela “Agua de coco”.

Ha ganado premios a nivel nacional e internacional y fue invitada en dos ocasiones para hacer televisión en la Ciudad de México, pero nunca aceptó por el amor a su tierra y a su teatro.

Entre sus obras podemos distinguir “Un hermoso domingo de septiembre” puesta en escena en 1969, donde conocí por primera vez a esta primera actriz. Desde luego yo era parte del sargazo que conformaba el elenco, obtuvo todos los premios a nivel nacional en el concurso del INJUVE, con la dirección y adaptación de Joaquín Lanz y música y letra de Manuel Lanz Cárdenas.

En el año 1958 se estrena “Invitación a la muerte”, obra en que participó Rosa María, presentándose en el Quinto Festival Regional del Grupo Juan Ruiz de Alarcón, donde alterna con Luis F. Zubieta, Ermilo Quero, Joaquín Lanz, Teresa Cámara, Martha Medina, Ermilo Sandoval, Miguel Ángel González y María del Rosario Lara; y “El landó de seis caballos”, con la dirección de Jorge Galván con las actuaciones de José de la Cruz Isaac, Martha Medina, Nelly Selem, Joaquín Lanz y desde luego Rosa María.

En el año 1959, se puso en escena “El baile”, como marco del tercer aniversario del Grupo Juan Ruiz de Alarcón de la Universidad de Campeche con la dirección de José de la Cruz Isaac y en 1960 las obras “¡Amo a una actriz!”, “La encantadora Familia Bliss” y el monólogo “Desde el fondo de mí”, en las que también la vimos trabajar.

En 1961, actúa en la obra “El príncipe durmiente”, dirigida por Jorge Galván; en febrero de 1962 con “Dos docenas de rosas color escarlata” de Jorge Ibargüengoitia; en marzo de 1963 “Las cosas simples” de Héctor Mendoza y dirigida por Enrique Escalante.

Y esta lista puede seguir y seguir y seguir, pues parece interminable. Rosa María orgullosamente campechana, reconocida nacional e internacionalmente, ganadora de premios, primera actriz, obtuvo las medallas “Guillermo González Galera” y “San Francisco de Campeche”, merecedora del premio Quetzalcóatl que le fue otorgado por la UNESCO.  ¡Enhorabuena!

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