Temporada de huracanes, tiempo de elecciones

In Opinión

Hernán ARANDA GONZÁLEZ

No con la misma asiduidad, pero casi con la misma intensidad que los fenómenos naturales y parecidas consecuencias, se presentan las agitadas campañas que desde hace unos cuantos años sacuden por atípicas a los antes pacíficos y confiados mexicanos.

Las intermedias que están en curso no podían ser la excepción, al contrario, tal como sucede con los huracanes tropicales, a cada evento cobran mayor intensidad y poder destructivo para arrebatar calma, sosiego y horas de sueño a los sufridos connacionales.

Como ocurre en la naturaleza, igual acontece en la sociedad. Después de tres meses de discursos, promesas, corridos, perreos, rapeos, desfiguros y la interrupción cada minuto del programa favorito, en apariencia y por breve tiempo regresó la calma.

Cantantes, deportistas, luchadores, artistas con menciones y mentadas, enriquecieron la ya de por sí abundante fauna que acompañó nuestra sufrida existencia durante noventa y dos días. Como todo en la vida, llegó a su fin.

Pero bien, si hubo un ganador, este fue sin duda el Instituto Nacional Electoral. El mismo INE que organizó y controló un ejército de millón y medio de mexicanos tan comunes y corrientes como usted y como yo, para recibir y contar nuestros sufragios.

Convocados desde las “mañaneras”, miles de descocados clamaron terminarlo y regresar el asunto a las manos de quienes no mienten ni traicionan. Igual, demoler organismos de la sociedad civil como “Mexicanos contra la corrupción y la impunidad”, y la prensa libre.

El INE al parecer no desaparecerá por ahora, porque sus cuentas favorecen en cierta medida a sus detractores. También, porque -igual por ahora- no será ultrajada nuestra Carta Magna. Los diputados morenistas y sus aliados no alcanzarán la insana mayoría calificada.

No contarán con los números necesarios para variar el rumbo trazado por los constituyentes de Querétaro. No alcanzarán la fuerza suficiente, al menos que un puñado de otra bancada, por doce monedas, coadyuve a operar la guillotina que cercene nuestras confiadas cabezas.

Lo que está dejando la elección

Un video de reciente mañanera ocupa, pero sobre todo, preocupa al autor de esta columna. Como sacada del cotidiano hacer, decir y beber de la pulquería de uno de los más bravos suburbios de la Capital, surge un original juego de palabras.

Un cliente asiduo, charlista inveterado y personaje principal del proceso comicial más grande y a la vez más violento, complejo y cuestionado que se tenga memoria, entra al juego de palabras con un individuo casi del montón de los clientes del día a día.

Como si se tratase de la escena central de una de aquellas viejas películas en blanco y negro protagonizadas por Negrete, Infante, Aguilar o Badú, entre tequilas, caguamas y canciones, practican el mexicano juego del albur en medio de Victorias y Pacíficos.

A la escena sólo faltaron los mariachis para musicalizar la oratoria con “ritiharto” contenido de frases de barrio capitalino. Lo raro, lo malo, que los albureros fueron el titular del ejecutivo federal y un rival en la búsqueda del cargo hace tiempo olvidado.

… Y ALGO MÁS

Las elecciones locales

Donde fallaron las cosas por torpeza, negligencia, ignorancia o mala intención, fue en las elecciones locales, especialmente las de Campeche con números cerrados y vaticinios acertados de muchos analistas que preveían una contienda apretada de principio a fin.

Desde su sede en la Ciudad de México, el titular del INE, Lorenzo Córdova, y el consejero Ciro Murayama advirtieron que no sería conveniente echar las campanas al vuelo, y mucho menos declararse ganador de la contienda sin conocer el resultado del conteo oficial de votos.

Declaraciones por doquier, aplausos y vivas corearon el triunfalismo de los candidatos y tomaron como oficiales los titubeantes números de los capturistas de la empresa encargada del conteo preliminar. Armaron un relajo de pronóstico reservado.

La titular del órgano electoral, asustada, amedrentada o qué se yo, dejó las cosas correr y desgranarse el número de victoriosos sin hacer uso del derecho y la obligación de advertir que no había cómputo, y que el famoso PREP es obra de un ente surgido de una licitación, y lo que diga y haga no cuenta necesariamente con su aval.

Lamentablemente hubo violencia, agresiones, ofensas, pleitos de vecinos y hasta de familias que ahondaron la ya existente división que desde hace unos años ha partido en dos a nuestra sociedad. La de aquí, de suyo pacífica y tranquila, no dejó de sorprenderse por la presencia de gente armada disparando a los votantes.

Algo que dejará esta elección es la certeza de que deben cambiarse los procedimientos y olvidar un poco los papeles impresos en los que se cometen errores por desconocimiento y hasta por mala fe. Ya es tiempo de entrar a la modernidad. Hay ciento quince millones de dispositivos electrónicos que corresponden a más del noventa por ciento de los mexicanos.

Es tiempo de hacer uso de ese recurso para crear una gran base de datos de potenciales electores, pero no para espiarlos con fines aviesos, sino para aprovecharlos en la ruta de un fácil y seguro conteo y cómputo. No más actitudes sospechosas, no más apagones, madruguetes ni “caídas del sistema”, como aquella que frustró el primer intento serio de democratización.

Al cerrar esta colaboración todo apunta a que la elección de Campeche pasará a tribunales. Los afectados estarían en su derecho de interponer los recursos que consideren pertinentes y que a su juicio resulten favorables a sus intereses. Las autoridades jurisdiccionales emitirían el veredicto final.

Lo importante ahora es que los contendientes y sus seguidores mantengan la calma, esa calma que los campechanos ansían después de tantas semanas agobiantes en las que abundaron los insultos y las descalificaciones, para concluir en un domingo agitado y hasta sangriento que rompió la apacibilidad del terruño.

Si algo hubiera que agregar es que quienes resulten triunfadores en cualquiera de las contiendas, tomen en cuenta que en cada dependencia estatal o municipal, hay docenas de trabajadores, gente honesta y comprometida con hogar y familia que necesitan de su trabajo para sostenerse. Que se respeten sus empleos es lo mínimo que puede pedirse.

Finalmente, no hay que olvidar que Campeche en ningún momento ha estado a la deriva, y que desde hace más de dos años tiene rumbo correcto y gobierno eficiente. Faltan tres meses para que se dé el relevo, y hasta la noche del próximo quince de septiembre, el gobernador del estado es por ley y por derecho Carlos Miguel Aysa González.

 

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