Tres cuartas partes del total, instructores del Icatcam, de acuerdo con nueva normatividad

In Opinión

Leonardo ZAPATA

Y que los instructores perezosos del ICATCAM, sabiéndose perdidos ante la inminencia de la entrada en vigor de las nuevas disposiciones académicas, decidieron hacer escándalo con verdaderas patadas de ahogado, en un vano intento de zafarse de lo inevitable.

En breve, el Periódico Oficial del Estado de Campeche publicará la nueva normatividad que regirá las actividades académicas, administrativas y de dirección del ICATCAM, con lo que los instructores deberán trabajar verdaderamente e impartir los cursos que registran con, por lo menos, 15 asistentes.

Forzosamente, de acuerdo con las nuevas directrices, deberán trabajar adecuadamente su capacitación, por lo que tendrán que dejar de simular y dedicarse realmente a su labor con temas que sean en verdad opciones viables para el autoempleo o para que los interesados se inserten adecuadamente al mercado laboral.

Es decir, deberán dejar de enseñar, con 30 horas semanales durante tres meses, cómo preparar gelatinas en sus diferentes variantes. Sí, leyó usted bien, imparten cursos de preparación de gelatinas con 120 horas mensuales, es decir, 360 al trimestre. ¡Prácticamente el mismo tiempo que lleva a un soldador especializado certificarse!

Y no es que denostemos la actividad de elaborar gelatinas, no. Pero es más que claro que no imparten las 30 horas a la semana, pero sí se embolsan por ello más de 16 mil pesos, libres de polvo y paja. De ahí que ahora se quejen de la supervisión que los delata en su fraudulenta actividad, pues en varios de los cursos que supuestamente dictan no cuentan con alumnos.

Menos, aún, podrán continuar capacitando a las mismas personas por cuatro trimestres en cursos que realmente no son complicados y que los instructores quieren manejar en periodos tan largos que son solo propios de una carrera profesional. Así es, los sufridos instructores cuentan con los mismos educandos por periodos incluso superiores al año, en temas de sencillez como bordado, elaboración de gelatinas, fabricación de pulseras, etc., cuyo aprendizaje, en términos normales, no requiere de más de tres meses.

No obstante, es gratificante saber que es una minoría la que se niega a acatar las nuevas disposiciones. Cerca de 230 capacitadores están de acuerdo con la modernización, y los inconformes tan sólo 90, la mayoría de ellos perezosos y simuladores que quieren seguir cobrando sin trabajar.

Y para seguir disfrutando de las prebendas obtenidas en el pasado, no han dudado en hacer escándalo, de politizar el asunto e incluso tratar de buscar apoyo del gobierno federal, cuyos representantes, una vez enterados a fondo de la situación, les han indicado a los malos instructores que su única opción es alinearse a las nuevas disposiciones. Creyeron, incluso, que manifestándose ante el presidente López Obrador se saldrían con la suya, pero lo único que obtuvieron fue una invitación a trabajar legalmente.

Ayer, ya en la desesperación, presentaron ante las autoridades del ICATCAM alrededor de 90 peticiones formales de información sobre el por qué les son modificados los tiempos de impartición de cursos y sus actividades laborales. Una cuartilla de pura paja, para decir eso, exclusivamente. Algún abogado vivales les ha de estar sacando dinero.

Pero, aconsejados por el leguleyo y algunos asesores trasnochados, trataron de hacer escándalos en Palacio de Gobierno y en las afueras de la Dirección General del ICATCAM, con fines mediáticos. Un autodenominado líder del movimiento, de nombre “ingeniero Noé Baltazar Tun Balán” -así dice llamarse- los incitaba a gritar consignas en contra del director del ICATCAM, aunque él, mañosamente, se separaba del grupo.

Es, éste, uno de los más interesados en que nada cambie al interior de la institución, debido a que la mayor parte de los cursos que imparte son inexistentes y en los pocos que dicta, los alumnos no rebasan los cuatro. En futuras entregas nos encargaremos de ilustrar a nuestros lectores sobre “el Inge”, como le gusta que le llamen.

La realidad es que casi el 75 por ciento de los instructores están de acuerdo con aplicar la nueva normatividad en los cursos que brindan al interior del ICATCAM, en tanto que sólo el resto representa a los inconformes, perezosos y malos servidores públicos que no se preocupan por elevar el nivel de la capacitación que imparten a los campechanos que confían en sus conocimientos para tratar de autoemplearse o conseguir un mejor trabajo y, por ende, elevar su nivel vida.

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