Un poco de historia de Los Chenes

In Opinión

HERNÁN ARANDA GONZÁLEZ

Por el norte del territorio se accede a su cabecera a través de una carretera angosta y sinuosa, llena de paisajes de campos agrícolas y pueblos pintorescos con abundantes casitas de paredes caleadas y albarradas blancas. Así está en mis recuerdos, así lo contemplo desde la lejana niñez. El municipio de Hopelchén, sencillamente, bello e inolvidable.

El recorrido de ochenta kilómetros solíamos hacerlo en un autobús Chevrolet blanco y azul, limpio y cuidado, con el nombre de la línea: “Unión de Camioneros de Campeche, SCL” a los costados. A su operador lo conocíamos como “Nacho”, y “Repoco” al cobrador que muchas veces, a los estudiantes, nos cobraba menos o simplemente, se “olvidaba” de cobrarnos.

Otras ocasiones veníamos en el camión “híbrido” de mi padre: de redilas bajas, blanco, del 47 con partes del 52. En la parte alta del frente lucía el letrero de “El Lobo”. No sé qué, tal vez había algún tipo de fascinación de mi papá por ese animal de jauría, tan fuerte, tan luchador, tan gregario, tan protector de su familia.

Un pueblo muy cercano a la cabecera, Ich-Ek, siempre constituyó parada obligada, tanto del autobús como de los camiones de carga. Un pequeño negocio, mitad tienda de abarrotes mitad “fonda”, atraía a los viajeros por lo agradable del servicio, por el trato del propietario, y por el letrero que lucía arriba de la entrada: “Casa Duch, La Gota”.

Deleitoso el aroma de los huevos de patio freídos en manteca de cerdo, servidos en un plato de zinc acompañados de frijoles refritos o de la olla con epazote, chile “kut”, aromáticas tortillas hechas a mano y una humeante taza de café. Con un apetito voraz por lo temprano que dejábamos el hogar, agredían y siguen agrediendo las papilas gustativas con el recuerdo.

“Los Chenes”, es de los pueblos más antiguos de la entidad. Históricamente ubicado en el período anterior a la conquista. Depositario y guardián de numerosos vestigios de asentamientos mayas: Xlab-pac, Hochob, Santa Rosa Xtampak, Tacoh y Dzibilnocac entre otros, que lucen impresionantes a la vista de propios y extraños.

Su cabecera, la ciudad de Hopelchén, es centro geográfico y político de lo que alguna vez se conoció como el municipio “granero del estado”, por sus enormes cosechas del preciado maíz que, antes y ahora, constituyó y constituye el ingrediente básico e insustituible de la alimentación regional.

La primera mitad del siglo diecinueve, Cecilio Chí, Jacinto Paat, Florentino Poot y Francisco Caamal, encabezaron una lucha contra los descendientes de europeos, y contra mestizos y criollos. Extendida desde el hoy Quintana Roo, suroeste de Yucatán y oriente de Campeche, la Guerra de Castas tuvo en los Chenes sus más sangrientos y épicos acontecimientos.

En alguna de las historias anteriores hemos escrito que en el poblado oriental de Iturbide, numerosas edificaciones como “El Cuartel”, “El Cuyo” y “Los Reductos” que protegían la plaza, guardan recuerdos de la lucha fratricida librada entre los pobladores autóctonos, algunos de rasgos euro mestizos, y los mayas provenientes de “Pay Obispo”, hoy Chetumal.

Los pobladores de la cabecera, de Bolonchenticul -ahora Bolonchén de Rejón-, junto con Iturbide, Dzibalchén y otras poblaciones de la región, sufrieron el acoso incansable de los mayas levantados en armas apoyados por algunos grupos de mestizos. Años de fieros combates escribieron la historia hasta que el diálogo y la negociación le pusieron fin.

En tiempos de paz, la ciudad de Hopelchén adquirió rasgos característicos. Ciertos símbolos dieron imagen y personalidad al pueblo. Son muchos, y algunos son emblemas que distinguen y dan personalidad a la cabecera del municipio. Merece el esfuerzo destacar alguna vez los íconos cheneros.

Otra nueva del doctor 

Cimbró la información proporcionada la semana anterior por el presidente Joe Biden. Nadie hubiera creído que en un país como Estados Unidos con un nivel escolar muy alto y un sistema de salud de primer mundo, ochenta millones de ciudadanos se resisten a acudir a alguno de los cientos de miles de puestos de vacunación instalados por todo el territorio.

Paradójicamente, aquí la gente exige vacunas y hay más de quince millones sin aplicarse. Los que cuentan con los medios, se han sumado a una modalidad de turismo de salud en ruta al norte.

Extrañamente, en tanto regalamos miles de fármacos a otros países del Continente, los encargados del sector se molestan porque la Suprema Corte de Justicia de la Nación ampara a los niños que la requierena causa de enfermedades preexistentes o congénitas. O simplemente, porque sus padres quieren sentirlos más seguros en su regreso a las aulas.

Algunos mexicanos pensantes afirman que la negativa obedece a que la efectividad del fármaco no ha sido debidamente probada en menores. Las autoridades de salud y el propio presidente, por su parte, afirman que el niño que la recibe “priva” a un adulto de un legítimo derecho.

Con tantas vacunas rezagadas y un proceso de aplicación lamentablemente lento, este dicho es por lo menos un exceso. Sin contar que faltan al respeto tanto al juzgador como al abogado que tramita el amparo. De los padres y sus hijos, ni se diga.

La cereza del pastel, para variar, la colocó el casi olvidado doctor Hugo López-Gatell, quien la volvió a hacer en su afán de complacer al presidente. De los “niños golpistas” pasó a los “niños abusivos” que tratan de arrebatar sus derechos a personas de mayor riesgo frente al  Covid-19. Hay personas que mejor deberían quedarse calladas.

… Y ALGO MÁS

La estación del Tren Maya, capítulo cerrado

La discusión terminó, y lo hizo de un plumazo. El presidente vino a Campeche y aquí mismo colocó la última piedra -en el papel, por supuesto-, de la que sin duda será la decisión más trascendente en pro de la paz y la continuación sin tropiezos de la obra que a muchos no sólo nos llama la atención, también nos llena de entusiasmo casi infantil.

Las declaraciones de Rogelio Jiménez Pons, titular del Fondo Nacional de Promoción al Turismo y responsable de la obra fueron confirmadas y avaladas por el presidente. Andrés Manuel López Obrador terminó con la discusión. El desvío del enrielado y la construcción de la estación a un costado del periférico, va. Ya puede dormir tranquilo el colectivo Tres Barrios. Por poco escribo ¡Se los dije!

Unos afirman entusiasmados que el gobierno federal se ahorrará algo así como dos mil millones de pesos. Hay quienes, en cambio, lamentan que esa inversión deje de realizarse y en consecuencia, la ciudad se prive del derecho a modificar su economía y su fisonomía, amén de perderse una generosa derrama de dinero ahora escaso.

No hay prisa, la obra no fue planeada para el corto plazo. Además, se puede asegurar que el nuevo trazo y la región que indudablemente aumentará su precio y plusvalía, en unos años más, estará recibiendo tal cantidad de recursos para mejorarla que los dos millares de millones que ahora no se invertirán, tendrán un incremento exponencial en obras y mejoras ¡Al tiempo!

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