Vamos todos a votar por un México libre

In Opinión

Sin duda, estas elecciones son las más importantes en nuestro país, quizá el acontecimiento político más trascendente desde el triunfo de la Revolución Mexicana en 1910 y el triunfo de Francisco Indalecio Madero, en las urnas bajo el sabio principio de Sufragio Efectivo y NO reelección. Desde entonces, la República ha pasado por acontecimientos convulsos y sorteando múltiples peligros. En todo ese siglo, los presidentes y los congresistas, con sus “subidas y bajadas y con todo lo demás” (frase tomada del juego campechano de la tin y bomba o timbomba, como usted prefiera) asumían, sin dudarlo ni cuestionarlo, que sus periodos tri o sexenales, eran las temporalidades signadas en la Constitución Política de todos los mexicanos, para desempeñarse honesta y dignamente en sus distintos cargos y responsabilidades. Esa temporalidad, ese contrato aceptado y respetado por todos los actores políticos, garantizaba, si la continuidad del régimen, pero también, la posibilidad del cambio en la forma y fondo de la política mexicana. Así que, no fue todo ni lineal ni igual, de sexenio a sexenio. Incluso, me atrevo a afirmar, falta estudiar esas largas décadas de priismo bajo otros enfoques teóricos que no sean los de la satanización y la culpabilización, ni tampoco, la postura cómoda de que el sistema fue igual más de 7 décadas. No tengo ni tiempo ni espacio para profundizar en este hilo de una compleja madeja histórica. Solo lo planteo. Quizá, resultado como soy, de una vida de estudio y de trabajo en vinculación directa con las instituciones públicas de este país, mi perspectiva de las cosas resulte romantizada por esta condición. Concluyo esta parte: el resultado de ese largo proceso político de gobierno, en términos generales y abstractos, es de un país que, hasta hoy, continúa siendo una República democrática, popular, representativa y federada, con un clima generalizado de libertad, pero en la cual sigue prevaleciendo la falta del cumplimiento revolucionario del objetivo sublime de toda democracia: La Justicia Social. El México de hoy, el del día de hoy, está bajo el grave peligro de desaparecer como hasta ahora lo conocemos, para transformarse en el país de un solo hombre. Ninguna dictadura, absolutamente ninguna dictadura, en cualquier periodo histórico y en cualquier país en donde se haya establecido, ha resuelto las necesidades de los habitantes, y digo habitantes porque en una autocracia la ciudadanía desaparece para dar lugar a la voluntad de un solo patriarca. Por lo tanto, el Riesgo País que contiene las elecciones del día de hoy, convierten a esta elección en la más grande numéricamente, pero, también, en más trascendental en términos de la conservación de todo tipo de libertades, individuales y sociales, de todos los derechos ciudadanos alcanzados, de todas las instituciones autónomas que supervisan y evalúan cotidianamente la calidad de nuestra democracia, y, por supuesto, pone en juego el Marco de derecho constitucional y traducido en leyes y reglamentos, a través de los cuales los mexicanos regimos nuestra conducta de todo tipo todos los días. Todo esto y más mucho más, está en riesgo en este día. Por ello, salgamos a votar todos. No nos abstengamos. No hagamos nulo nuestro voto. Votemos libremente, votemos considerando todo lo que está contenido en esa pequeña cruz con la que harás efectivo tu voto libre, universal y secreto. Pero piensa, reflexiona unos minutos cuál es tu motivo para votar y piensa que por esta ocasión, votar por una opción es votar por una democracia que tendremos la oportunidad de seguirla construyendo, y votar por dar satisfacción a un solo hombre, puede significar décadas de atraso, más pobreza y mecanismos caprichosos que te esclavizaran a ti y a los tuyos, a décadas sin libertad ni espacio para la protesta y el disentimiento. Tienes dos opciones. O votas a favor de tu libertad o votas a favor de tus cadenas. Conste, que ya muchas voces preclaras (no me incluyo en ese prestígialo grupo), te lo han advertido por diferentes medios: vota por los Aliados de la democracia y en contra del autoritarismo y la intolerancia, concentrados en un solo hombre que espera con ansias, un día muy cercano si lo permitimos, gritar desde los altos de Palacio Nacional: “El Estado soy yo”. Conste, están advertidos todos!!!! 

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