Y en medio de nosotros…

In Opinión

POR: Víctor Alberto Améndola Avilés

Preescolares y primarias las más necesitadas

Manuel Acuña es un poeta renombrado de origen mexicano. Nació en Saltillo, Coahuila en plena mitad del siglo XIX, en 1849. Tipo culto, viajaría a la capital del país donde se instruyó en medicina y matemáticas; francés y latín. Entraría posteriormente a estudiar medicina. En ese lapso llegaría a conocer a doña Rosario de la Peña y Llerena. Y ahí empezaría a forjarse su fama y su posterior paso a la inmortalidad… fama que por momentos crecería de forma exponencial. Y con el paso de los años, su vida entera adquiriría, el grado de leyenda urbana.

Se suicidó a los 24 años. Y antes de hacerlo, su mente y su pluma darían a luz “Nocturno a Rosario”. Sí, esa misma Rosario de la Peña que siendo casada, no le impidió enamorarse de ella.

Su Nocturno es un poema intenso, emotivo y extremadamente cursi en opinión de algunos. No obstante ello, es considerado una exquisita obra de arte literaria. Es un amor imposible, detalla con elegante exactitud el inmenso amor incondicional no correspondido. Todo estudiante debe haberlo leído, e incluso, habérselo dedicado al amor platónico de juventud de alguna hermosa dama. Pero también plantea la aceptación del rechazo y que al final uno debe despedirse de las cosas cuando uno entiende no las puede alcanzar:

“Adiós, por la vez última, amor de mis amores; 

La luz de mis tinieblas, 

la esencia de mis flores 

Mi lira de poeta, mi juventud, ¡adiós!”

Esa puede ser una primera enseñanza, una primera lección, un primer aprendizaje. El rechazo no significa el fin del camino: life must go on. La lucha inalcanzable de un amor verdadero, de una ilusión no alcanzada tiene otras analogías en la vida. Este poema  igual tiene otras características especiales. La prevalencia y la presencia en todo momento de un amor o un ser superior. En este caso, la madre. En Nocturno aparece en dos ocasiones. Esta es la primera:

“… 

y al fin de la jornada

las formas de mi MADRE

se pierden en la nada

y tú de nuevo vuelves

en mi alma a aparecer”. 

Es decir, la figura maternal como ente rector. Como un referente no sólo de origen sino también de inspiración.

Hoy nuestro estado concluye algo que empezó siendo una especie de lírica poética. Una que se vive cada 3 o 6 años. Y que es más parecida a las historias de Homero que a las de Acuña. Una narrativa completa que integra luchas, pasiones, batallas, sueños o amores no alcanzados. Traiciones, virtudes; hombres, mujeres y canallas. De uno y de otro lado Tirios, Aqueos o Troyanos. Pero todos Griegos. Y así fue lo que se vivió en Campeche.

Esta lucha por momentos poética desnudó lo mejor y lo peor de la naturaleza humana en Campeche. Hoy podemos leer y observar, por ejemplo, decenas o quizá cientos de comentarios de muchos que corren hoy de forma por demás grotesca a buscar refugio a la que siempre dijeron “apoyar”… no importa que apenas ayer la denostaban e insultaban. Sí, esos mismos que estuvieron amparados toda su vida a la sombra del PRI. Hoy con la derrota del viejo instituto, buscan como lacayos la nueva yunta que han de lamer.

Las convicciones pueden esperar, los agradecimientos están pagados con amnesia y olvido. Los compromisos morales e intelectuales ahora vemos que eran del tamaño de la nómina o del cheque. Lo que era poesía o prosa prodigiosa hoy es vulgar novela negra.

Concretemos: la lucha en la entidad fue de grupos que por décadas y generaciones han detentado el poder político y económico en el estado. El apellido Sansores data del siglo pasado. Los de Hurtado, González Curi, Ortega de principios de este. A ellos se sumaría el de Moreno Cárdenas. El cual fue arrullado y promovido por los últimos anteriores. Nada nuevo bajo el sol. Pero como en toda historia griega o cristiana, hay los traidores que sobresalen por encima de otros. ¿Cómo olvidar al purushismo sacrificando a Carlos Felipe? ¿Cómo olvidar al mismo “yo quiero a Campeche” tratar de tapar el paso en 2015 a quién a la postre sería candidato y gobernador? Hoy no hizo nada que no estuviera acostumbrado hacer. No obstante la hija ocupando un alto cargo de representación en la capital del país, careció de la mínima decencia para fijar una postura clara y abierta a favor de a quién en realidad respaldó. Y en lo máximo de su cinismo, acudió el último día a dar los parabienes al candidato de su partido. El purushismo no es más que una clara muestra de las indecencias que se dan en las arenas políticas. El Judas bíblico tiene su símil en nuestras tierras campechanas.

Pero al final esto viene a ratificar la idea que ha pasado un poco desapercibida. Es la lucha del viejo PRI reencarnado en color guinda Vs el nuevo PRI y sus aliados. El factor externo fue Eliseo Fernández. Y tan externo lo fue, que vino con todo el respaldo económico del capital yucateco. No seamos ingenuos. Está plenamente documentado que los pagos y facturas clasificadas por el H. Ayuntamiento, lo están por que quisieron evitar que se conociera algo que ya es del conocimiento general (en el ejercicio público, pocas cosas se pueden ocultar): el origen del financiamiento, capital yucateco; concretamente, los empresarios de Mauricio Vila quien aspira la candidatura presidencial y quien desde ahora financia sus cabezas de playa en los terrenos aledaños al lugar que gobierna. Eso explica también el cierre de filas de los otros combatientes; el del “PRI bueno” y el del “PRI malo”, sea cual sea uno o el otro: Campeche para los campechanos. No importa que sean las mismas familias, los mismos apellidos. Como las monarquías europeas, todos emparentados para no perder el poder ni el control. Por eso la votación del Congreso de días pasados; por eso las cortesías y los silencios de la dirección formal de los hoy derrotados. Los mensajes son eso: formas que terminan siendo fondo.

La lucha fue la Odisea y la Ilíada Homérica. Hubo héroes y villanos; traidores y leales. Muertos que no están muertos y heridos que hoy están replegados. Pero también fue la poesía hermosa de Acuña, esa que en su 2da mención a la madre, como origen de todo ente divino decía en su Nocturno:

¡Qué hermoso hubiera sido vivir bajo aquel techo! 

Los dos unidos, siempre, y amándonos los dos 

Tú, siempre enamorada; yo, siempre satisfecho 

Los dos una sola alma, los dos un sólo pecho 

Y, en medio de nosotros, mi madre como un Dios. 

Hoy, la poesía mexicana de siglo XIX, trae una historia a este hermoso pueblo de piratas y pescadores. Una de amor. Y después de la batalla, como decía Manuel Acuña:

“… 

En medio de nosotros, el PRI (Mor) como un dios”. 

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